"(...) Los datos que vamos conociendo -parálisis ciclo inversiones productivas;
desaceleración del comercio mundial; inefectividad política monetaria;
burbujas de activos de riesgo y posterior estallido,…- nos aproximan a
una de nuestras previsiones: la Segunda Fase de la Gran Recesión.
Se trata de un escenario no contemplado por el mercado, debido a que no
incorpora dinámicas de deuda, dinero y mercados en sus análisis.
Frente a las políticas implementadas había alternativas de política económica. Cuando se entra en una recesión de balances
es necesaria una reestructuración ordenada de la deuda y de quien la
concedió, el sistema bancario, a costa de gerencia y acreedores. Se
trata de una condición necesaria para la reactivación, pero no
suficiente.
Debería completarse mediante un control de capitales, y una
política fiscal expansiva centrada en gasto social y en un vasto
programa de infraestructuras públicas a escala mundial. Éste último no
supondría ningún aumento de deuda pública. Se podría financiar vía
bancos centrales, lo que además ahuyentaría el riesgo de deflación.
Por “infraestructuras”, nos referimos especialmente el conjunto de
los servicios públicos esenciales como la educación, el acceso a la
asistencia médica y a los servicios esenciales (agua, electricidad,
telecomunicación) y programas científicos emblemáticos (medicina,
espacial, energía).
Se trataría de garantizar de manera eficaz y
sostenible el crecimiento mundial utilizando mejor los desequilibrios
actuales en materia de recursos financieros: los países que gozan de
excedentes considerables encuentran de esta forma un medio útil y seguro
para reciclarlos. Obviamente implicaría un reequilibrio en el tablero geopolítico global en favor de los países BRICS. (...)" (Juan Laborda, Vox Populi, 02/09/2015)
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