"A lo largo de las tres últimas décadas uno de los aspectos económicos
más relevantes en la mayoría de las economías occidentales han sido los
distintos acuerdos de reducción de impuestos concentrados especialmente
en las grandes empresas.
Ello demuestra lo poco que les preocupaba, y
preocupa, a los gobernantes de turno el déficit público, siempre que
determinados grupos de presión consiguieran sus correspondientes regalos fiscales.
Mientras que la exigencia hacia distintos gastos, desde
infraestructuras hasta educación, pasando por sanidad o dependencia, va
en aumento; la laxitud que caracteriza los regalos fiscales a las
grandes corporaciones crea agujeros en el presupuesto sin que los
políticos de turno se preocupen por ello lo más mínimo.
A la vez que los beneficios a familias y trabajadores están sujetos
siempre a determinadas condicionalidades, las grandes empresas en
absoluto tienen que pasar por aros semejantes.
Es muy llamativo, por
ejemplo, como en los Estados Unidos, Reino Unido o España los conservadores muestran una falta de preocupación por el déficit cuando sus donantes y amigos se llevan el botín. En el caso español echen una ojeada al rescate bancario, a la quiebra de las autopistas, al déficit tarifario… (...)
Pero, ¿cuál es la radiografía fiscal de las empresas patrias? Las
grandes corporaciones presentan un tipo efectivo de gravamen sobre su
resultado contable indecentemente bajo, por obra y gracia de privilegios
fiscales y deducciones ineficientes, aderezado además con condimentos
adicionales.
Por un lado, operan en paraísos fiscales. Por otro,
realizan ajustes de consolidación sin ninguna motivación económica.
Finalmente, reducen su resultado contable para el cálculo de la base
imponible del impuesto compensando pérdidas de ejercicios anteriores.
Ésta situación se produce cuando la Inspección de los Tributos sólo
puede comprobar la legalidad de las pérdidas de los últimos 10
ejercicios mientras que las empresas pueden compensar las generadas en
los últimos 18 años y, a partir de 2011, sin límite temporal alguno. En
definitiva, ¡un despiporre! (...)
El tipo efectivo de gravamen de los grandes grupos empresariales españoles ha sido en 2014 del 7,4% de su resultado contable.
En 2013 lo fue del 6,3%. Por el contrario, el resto de las sociedades,
es decir, las pequeñas y medianas empresas de este país han soportado un
tipo efectivo de gravamen del 13,8% de su resultado contable.
Además,
la recaudación del Impuesto sobre Sociedades en 2014 ha sido un 58%
inferior a la obtenida en el ejercicio 2007. Finalmente, 32 de los 35
grupos del IBEX operan en paraísos fiscales con 540 filiales. (...)
En este escenario, es más necesario que nunca eliminar los privilegios y la mayoría de las deducciones fiscales, manteniendo sólo aquellos beneficios tributarios directamente relacionados con la productividad y creación de empleo.
Por eso es necesario introducir un impuesto mínimo para las grandes empresas, apoyando e impulsando el proyecto de Directiva Accis para la determinación de la base imponible consolidada de los grupos multinacionales y su reparto entre los países donde operan.
Hay que recuperar ya, y con carácter de mínimos, la capacidad
recaudatoria de un tributo que se ha visto afectada por las maniobras de
los grupos multinacionales encaminadas a situar artificialmente sus
beneficios en países de baja tributación, utilizando los llamados
precios de transferencia y, con más frecuencia de la que sería deseable,
por operaciones entre las sociedades del grupo empresarial realizadas
con fines de ahorro fiscal. (...)
Las multinacionales deben pagar sus impuestos en los países donde
obtienen los beneficios, siendo necesarias además una serie de
actuaciones inspectoras y modificaciones legales que impidan la
planificación fiscal agresiva en las operaciones interiores de los
grupos empresariales.
Para evitar estas maniobras, siguiendo las
propuestas del economista Gabriel Zucman, autor de esa joya titulada La Riqueza Oculta de las Naciones, es
necesario que los impuestos se establezcan sobre las ventas, los gastos
de personal o las inversiones en inmovilizado material. De esta forma no se jugarían con los intangibles y los precios de transferencia. (...)
Si realmente consiguiéramos neutralizar en nuestro país a los buscadores de rentas
-rentistas del suelo y aquellos muñidores de la ingeniería impositiva
de las grandes corporaciones-, como sociedad democrática y de derecho
habríamos dado un paso hacia adelante.
En ese caso, se podrían bajar los impuestos al factor trabajo,
reducir de manera ostensible el impuesto que se ceba sobre los más
débiles, el IVA, y también los impuestos al factor capital. Lo que ya no
es de recibo es un sistema impositivo tan injusto e ineficiente como el
nuestro." (Juan Laborda, Vox Populi, 05/12/15)
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