"(...) Si
leemos los muchos elogios de su genialidad política y estratégica,
podríamos pensar que Angela Merkel ha presidido su país excepcionalmente
y que la perspectiva de que pierda por fin su control del poder
supondría un grave retroceso para el continente. Pero son tonterías.
A
Merkel se le ha dado muy bien acceder y conservar el poder. Como
manipuladora de la política nacional e internacional, actualmente en el
mundo no tiene igual, pero medida según su historia real, ha sido una
catástrofe.
La economía alemana se ha convertido en un peligro para el resto del
mundo y ha exportado deflación a sus vecinos. Ha vacilado en torno al
euro, hasta el punto de infligirle daños irreparables.
Su enfoque
confuso sobre la UE también la ha dejado al borde del colapso y los
británicos se dirigen a la puerta de salida. Cuando por fin se marche,
Alemania obtendrá lo que de verdad necesita: un líder con visión para
abordar de verdad algunos de los problemas a los que se enfrenta. (...)
Olvídense de todos
los elogios porque la realidad es que Merkel ha conseguido muy poco. Se
han cometido tres grandes errores.
Los tres grandes errores
Primero, la economía. Es verdad que sobre la superficie parece fuerte.
El crecimiento ha sido respetable y se han creado muchos puestos de
trabajo. Recientemente hemos sabido que el desempleo ha caído nada menos
que hasta el 6,3%, una cifra histórica para el periodo
post-unificación.
Pero si miramos debajo de la alfombra, la historia no
es tan bonita. Alemania ha contenido los salarios en el euro y amasado
un gigantesco excedente comercial que parece descontrolarse.
Este año se
acercará al 9% del PIB. Y eso no enriquece al alemán de a pie y
desinfla la demanda en el resto del mundo. Alemania siempre ha sido una
gran exportadora (fabrica cosas estupendas) pero solía importar en igual
cantidad. En los últimos quince años eso ha cambiado. Y Merkel sigue
sin reconocer que hay un problema ni mucho menos actuar.
Segundo, ha vacilado mientras la moneda única tropezaba con una crisis
tras otra. Cuando Grecia, Portugal e Irlanda se hundían en 2010 y 2011,
debería haber sido obvio para cualquiera que había un fallo importante
en la construcción de la moneda única. No pasa nada por eludir temas
para ganar tiempo hasta dar con una solución permanente pero si eso es
todo lo que se puede ofrecer, no basta.
Cinco años después, la economía
griega sigue encogiéndose y Portugal se dirige hacia otra crisis.
Hubiera sido mucho mejor ayudar a los países periféricos a salir del
euro en vez de tropezar con una crisis tras otra. Los centrales podrían
haber sobrevivido. Ahora es improbable que la moneda sobreviva hasta la
próxima década.
Por último, su liderazgo de la UE ha sido abismal. El declive de Francia
significa que Alemania es la potencia dominante en la Unión, pero
¿dónde están las reformas o la inyección de competitividad que el
continente precisa? (...)
Si
California abandonase Estados Unidos, supondría, por decirlo
suavemente, un golpe para su prestigio. Lo mismo ocurrirá si Gran
Bretaña (que va camino de ser la economía más grande de Europa en las
dos próximas décadas) se marcha de la UE.
Los mercados se mostrarán nerviosos sin duda, a medida que el agarre del
poder de Merkel se debilite progresivamente en los próximos doce meses,
pero no deberían estarlo. Sin la obsesión de Merkel por soluciones a
corto plazo, el continente podrá trabajar en la solución de algunos de
sus problemas. Ya está tardando. " (Matthew Lynn, El Economista, en Jaque al neoliberalismo, 07/12/15)
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