"(...) En su opinión, ¿qué ha llevado al auge de Donald Trump y acaso no es
sino uno más de aquellos personajes típicos de extrema derecha y
populistas que suelen emerger en el curso de la historia siempre que las
naciones se enfrentan a graves crisis económicas o a una decadencia
nacional?
En caso de que Estados Unidos se enfrente a una “decadencia nacional” en gran medida es autoinfligida.
En caso de que Estados Unidos se enfrente a una “decadencia nacional” en gran medida es autoinfligida.
Es cierto que es
probable que Estados Unidos no pudiera mantener el poder
extraordinariamente hegemónico del periodo inmediatamente posterior a la
Segunda Guerra Mundial, pero sigue siendo el país potencialmente más
rico del mundo, con unas ventajas y una seguridad incomparables, y en la
dimensión militar casi iguala a todo el resto del mundo, además de ser
mucho más avanzado en el ámbito tecnológico que cualquier rival.
Parece que el atractivo de Trump se basa ampliamente en ideas de pérdida y de miedo. El ataque neoliberal a las poblaciones del mundo, que casi siempre ha sido perjudicial para ellas y a menudo de manera muy grave, no ha dejado de afectar a Estados Unidos, aunque en cierto modo haya sido más resistente que otros países.
Parece que el atractivo de Trump se basa ampliamente en ideas de pérdida y de miedo. El ataque neoliberal a las poblaciones del mundo, que casi siempre ha sido perjudicial para ellas y a menudo de manera muy grave, no ha dejado de afectar a Estados Unidos, aunque en cierto modo haya sido más resistente que otros países.
La mayoría de la población ha
sufrido un estancamiento o un deterioro, mientras que se ha acumulado
una riqueza extraordinaria y ostentosa en muy pocos bolsillos. El
sistema democrático formal ha padecido las consecuencias habituales de
las políticas socioeconómicas neoliberales y se encamina hacia una
plutocracia.
No hace falta revisar los detalles sombríos, por ejemplo, el estancamiento de los salarios reales de los varones durante 40 años y el hecho de que desde la última quiebra financiera aproximadamente el 90 % de la riqueza creada haya ido a parar al 1 % de la población.
No hace falta revisar los detalles sombríos, por ejemplo, el estancamiento de los salarios reales de los varones durante 40 años y el hecho de que desde la última quiebra financiera aproximadamente el 90 % de la riqueza creada haya ido a parar al 1 % de la población.
O el hecho de que la mayoría de la población (las personas
con menos ingresos) se encuentre de hecho privada del derecho al voto
en el sentido de que sus representantes ignoran sus opiniones y
preferencias, y prestan atención a los superricos que les proporcionan
fondos y a los corredores de bolsa con poder.
O el hecho de que Estados
Unidos, con todas sus notables ventajas, se encuentre casi en los
últimos puestos de los 31 países desarrollados de la OECD [siglas en
inglés de Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos],
junto con Turquía, Grecia y México, en cuestiones como la desigualdad,
la escasez de beneficios sociales y el alto índice de pobreza.
Los partidarios de Trump (que al parecer son predominantemente personas de clase media-baja, de la clase trabajadora y con menor educación) reaccionan en parte a la idea, en gran medida exacta, de que simplemente se les han dejado por el camino. Resulta instructivo comparar la situación actual con la Gran Depresión.
Los partidarios de Trump (que al parecer son predominantemente personas de clase media-baja, de la clase trabajadora y con menor educación) reaccionan en parte a la idea, en gran medida exacta, de que simplemente se les han dejado por el camino. Resulta instructivo comparar la situación actual con la Gran Depresión.
Objetivamente las condiciones en
la década de 1930 eran mucho peores y, por supuesto, Estados Unidos era
entonces un país mucho más pobre. Sin embargo, subjetivamente las
condiciones eran entonces mucho mejores.
A pesar de que tanto el índice
de paro como el sufrimiento eran muy altos, entre la clase trabajadora
había un sentimiento de esperanza, la creencia de que de alguna manera
saldríamos de aquello juntos. Lo alentaban los éxitos del activismo
combativo obrero que solía actuar conjuntamente con activos partidos de
izquierda y con otras organizaciones.
Un gobierno bastante comprensivo
respondió con medidas constructivas, aunque siempre estaba limitado por
el enorme poder de los demócratas del Sur, que estaban dispuestos a
tolerar medidas del Estado de bienestar siempre y cuando se marginara a
la población negra a la que despreciaban.
Es importante destacar que
había la sensación de que el país se encaminaba hacia un futuro mejor.
Todo esto falta hoy en día, en particular debido al éxito que tuvieron
los duros ataques a la organización obrera que se iniciaron en cuanto
terminó la guerra.
Además, Trump obtiene un importante apoyo de nativistas* y racistas. Vale la pena recordar que, como demostraron de manera convincente los estudios comparativos de George Fredrickson, Estados Unidos es uno de los lugares donde el supremacismo blanco es más fuerte, más aún incluso que en Sudáfrica. Estados Unidos nunca ha superado en realidad la Guerra Civil y el horrendo legado de opresión de los afroestadounidenses durante 500 años.
Además, Trump obtiene un importante apoyo de nativistas* y racistas. Vale la pena recordar que, como demostraron de manera convincente los estudios comparativos de George Fredrickson, Estados Unidos es uno de los lugares donde el supremacismo blanco es más fuerte, más aún incluso que en Sudáfrica. Estados Unidos nunca ha superado en realidad la Guerra Civil y el horrendo legado de opresión de los afroestadounidenses durante 500 años.
Existe también un largo
historial de alusiones a la pureza anglosajona amenazada por oleadas de
emigrantes (y por la libertad para los negros y, de hecho, para las
mujeres, lo cual no es algo baladí entre los sectores patriarcales). Los
partidarios de Trump, que son mayoritariamente blancos, pueden ver que
está desapareciendo ante sus ojos su imagen una sociedad dirigida por
blancos (y para muchos, por varones blancos).
También vale la pena
recordar que aunque Estados Unidos es un país inusualmente seguro y
fiable, también es posiblemente el más asustado del mundo, otra
característica de su cultura que tiene una larga historia.
Factores como estos se mezclan en una peligrosa amalgama. Repasando simplemente los últimos años, en un libro de hace más de una década yo citaba al eminente académico de la historia alemana Fritz Stern, que escribió en el periódico de la clase dominante Foreign Affairs sobre “la decadencia en Alemania que iba desde la decencia hasta la barbarie nazi”.
Factores como estos se mezclan en una peligrosa amalgama. Repasando simplemente los últimos años, en un libro de hace más de una década yo citaba al eminente académico de la historia alemana Fritz Stern, que escribió en el periódico de la clase dominante Foreign Affairs sobre “la decadencia en Alemania que iba desde la decencia hasta la barbarie nazi”.
Y Fritz Stern añadía enfáticamente: “Hoy me preocupa el futuro
inmediato de Estados Unidos, el país que acogió a los refugiados de
habla alemana en la década de 1930”, incluido él mismo.
Con unas
repercusiones para el aquí y ahora que no podrían pasar desapercibidas a
ningún lector atento, Stern revisaba el demoníaco llamamiento de Hitler
a su “misión divina” como “salvador de Alemania” en una
“transfiguración pseudorreligiosa de la política” adaptada a las “formas
cristianas tradicionales” que rigen a un gobierno dedicado a los
“principios básicos” de la nación, con “el Cristianismo como la base de
nuestra moralidad nacional y la familia como la base de la vida
nacional”.
Además, la hostilidad de Hitler hacia el “Estado laico
liberal”, que compartía una gran parte del clero protestante, impulsó
“un proceso histórico en el que el resentimiento hacia un mundo laico
desencantado encontró su liberación en la extasiada huida de la
sinrazón”.
Las resonancias contemporáneas son indudables.
Desde entonces no han faltado razones “para preocuparse por el futuro de Estados Unidos”. Podemos recordar, por ejemplo, el elocuente y conmovedor manifiesto que dejó Joseph Stack cuando se suicidó al estrellar su avioneta contra una oficina del Servicio de Impuestos Internos [el servicio de impuestos del gobierno federal estadounidense].
Las resonancias contemporáneas son indudables.
Desde entonces no han faltado razones “para preocuparse por el futuro de Estados Unidos”. Podemos recordar, por ejemplo, el elocuente y conmovedor manifiesto que dejó Joseph Stack cuando se suicidó al estrellar su avioneta contra una oficina del Servicio de Impuestos Internos [el servicio de impuestos del gobierno federal estadounidense].
En el manifiesto relataba su amarga historia de trabajador que hacía
todo respetando las normas y había sido aplastado por la corrupción y la
brutalidad del sistema corporativo y de las autoridades estatales.
Hablaba por muchas personas como él. En general se ignoró o ridiculizó
su manifiesto, pero se debería haber tomado muy en serio, junto con
otros muchos indicios claros de lo que estaba ocurriendo. (...)
La juventud estadounidense parece estar cautivada por el mensaje de Bernie Sanders. ¿Le sorprende lo bien que aguanta?
Me sorprende. No preví el éxito de su campaña. No obstante, hay que tener en cuenta que sus propuestas políticas no habrían sorprendido al presidente Eisenhower y que sintonizan bastante con lo que durante mucho tiempo han sido los sentimientos populares.
Me sorprende. No preví el éxito de su campaña. No obstante, hay que tener en cuenta que sus propuestas políticas no habrían sorprendido al presidente Eisenhower y que sintonizan bastante con lo que durante mucho tiempo han sido los sentimientos populares.
Por ejemplo, a ctualmente
alrededor de un 60 % de la población apoya su muy denostada defensa de
un sistema nacional de seguridad social como suele haber en sociedades
similares, lo cual es una cifra muy elevada teniendo en cuenta que es
objeto de una constante condena y que pocas personas se expresan en su
defensa.
Y este apoyo popular se remonta muy atrás. En los últimos años
de la presidencia de Reagan aproximadamente el 70 % de la población
pensaba que la Constitución debería garantizar la salud pública y el 40%
pensaba que ya lo garantizaba, lo que significa que es una aspiración
tan obvia que debería estar en ese documento sagrado. (...)
Se puede decir lo mismo acerca de sus propuestas de aumentar los
impuestos de los ricos, la educación superior gratuita y otras partes de
su programa respecto a Estados Unidos, la mayoría de las cuales son
reflejos de compromisos del New Deal y son similares a opciones
políticas de los periodos de mayor crecimiento en el periodo posterior a
la Segunda Guerra Mundial. (...)" (Entrevista a Noam Chomsky, Jaque al neoliberalismo, 23/03/16, en Cuba Debate)
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