"(...) Bancos, empresas transnacionales, grupos de empresas e individuos
propietarios de voluminosos patrimonios son quienes usufructúan,
mediante variados mecanismos, los paraísos fiscales. (...)
estos territorios se utilizan corrientemente para tres tipos de
práctica: la elusión, la evasión impositiva y el lavado de dinero. La
elusión es una práctica considerada legal mediante la cual las empresas
diversifican los territorios donde pagan impuestos buscando minimizar la
carga con respecto a lo que pagarían en un único territorio.
Por el
contrario, la evasión es una práctica ilegal que consiste en no
registrar ganancias que formalmente deberían ser gravadas con algún tipo
de impuesto. El lavado de dinero es una operación destinada a lograr
que los fondos y activos provenientes de actividades ilícitas aparezcan
como resultado de actividades lícitas.
En la actualidad, una de
las principales actividades de los bancos consiste en la constitución de
fondos de inversión colectiva. Dentro de esos fondos los llamados hedge
funds –o fondos de cobertura- son instrumentos de inversión financiera
con escasa regulación, elevados apalancamiento, exposición al riesgo y
rentabilidad.
Estos fondos de los cuales el Long Term Capital Management
(LTCM) y el mecanismo mediante el cual el financista Soros apostó
contra la libra esterlina en 1992 –y la hundió- , son ejemplos
resonantes, se constituyen en su mayoría en paraísos fiscales. Su
territorio de establecimiento suele ser distinto del de gestión.
Para
dar una idea, según datos de 2010, el 60% del total de hedge funds se
encontraba establecido en paraísos fiscales –el 27% en Delaware-
mientras que el 80% operaba en territorio norteamericano y el 20%
restante lo hacía mayormente en territorio londinense.
Los bancos
gestores de estas operaciones pueden crear sucursales y filiales en los
“paraísos” en un instante y casi sin requerimientos, a fin de evitar
regulaciones estatales. Pero las quiebras o pérdidas recaen sobre la
casa matriz y por lo tanto repercuten sobre el país de origen.
Esto es
lo que sucedió con las hipotecas subprime en 2008, lo que muestra que
los “paraísos” jugaron un rol muy importante en el desarrollo de la
crisis. Posteriormente gran parte de las pérdidas bancarias fueron
asumidas por los Estados con lo cual la banca… siempre gana.
Por
su parte, las empresas transnacionales fragmentan sus actividades para
maximizar el beneficio. Suelen así tener sus fábricas en un país, sus
oficinas en otro, su servicio de tele asistencia en otro y su sede en un
paraíso fiscal (como es bien conocido en Argentina el caso del grupo
Techint cuya sede está radicada en Luxemburgo). Esta diversificación les
permite combinar la mano de obra más barata con los impuestos y costos
medioambientales más bajos o los requisitos legales menores.
En los
“paraísos” también se pueden constituir empresas enteras o Holdings
-entidades creadas para ser propietarias de un grupo de empresas- en
instantes y casi sin exigencias, manteniendo el secreto bancario que
permite la no revelación del verdadero propietario así como la exención
de dividendos e intereses cobrados.
Además también se puede obtener
financiación mucho más barata, se realizan auto préstamos, compras y
ventas entre distintas sociedades de una misma firma, entre otras
múltiples transacciones que desvirtúan completamente los balances.
La
empresa Enron, por ejemplo, conocida por sus escándalos contables,
utilizó una red de casi 900 sociedades en paraísos fiscales. Las
empresas suelen también manipular los precios exportando figuradamente,
por ejemplo, a muy bajo precio –y por tanto con baja ganancia y baja
tributación- desde una filial a su sede en un “paraíso”. Exportando
luego realmente al precio efectivo desde el “paraíso” al lugar de
destino pagando muy baja tributación precisamente porque la operación se
realiza desde el “paraíso”.
También las empresas transnacionales suelen
echar mano al mecanismo de las “banderas de conveniencia” que implica
registrar distintos barcos en diferentes paraísos fiscales cada uno como
una empresa en sí misma, con el objeto de reducir riesgos.
Por
último, los patrimonios de las personas con activos líquidos superiores
al millón de dólares suelen colocarse en manos de los bancos que cuentan
con secciones especializadas para gestionar -o sea revalorizar- grandes
fortunas y utilizan los paraísos fiscales como forma preferente.
A
través de fideicomisos (personas que detentan la propiedad de algo sólo
virtualmente) esquivan regulaciones fiscales de sus propios países e
incluso las leyes sobre herencia y sucesiones.
La banca privada asesora a
esas grandes fortunas creando unos complejos entramados de empresas y
entidades que ocultan la propiedad, evitando así las posibles
inspecciones fiscales (resulta casi una ironía la pretensión del
presidente argentino Mauricio Macri de evadir responsabilidades
arguyendo que sólo integraba el directorio de una empresa en Bahamas…).
A
la vez, el dinero sucio proveniente de la corrupción o de cualquier
otro tipo de delito en los “paraísos” se fragmenta y se va introduciendo
en muchas cuentas corrientes bancarias. En una segunda fase el dinero
se dispersa en los mercados financieros para que en una tercera fase de
reciclado, se utilice después en la compra de viviendas, creación de
empresas o inversiones productivas.
Vale la pena retener sólo un
dato resultante de todas estas encantadoras operatorias. Como señala
Vigueras en Los paraísos fiscales, para el año 2005, Tax Justice Network
calculaba en alrededor de 11.5 billones de dólares el valor de los
activos depositados en estos enclaves. El equivalente a un tercio del
PBI mundial en aquel año. (...)" (Paula bach, Rebelión, 18/04/16)
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