"(...) Como señalamos en otra oportunidad –y en parte, a diferencia de 2008- los factores que se entremezclan y amenazan con un nuevo estallido y/o una nueva recesión resultan múltiples y bastante inasibles.
Formulados un tanto caóticamente: la cuestión china, el riesgo de Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea), la caída del precio de las materias primas y en particular las cuestiones petrolera y bancaria,
la reversión del flujo de capitales hacia el centro, la aguda crisis de
Brasil, los problemas de deuda en los llamados “emergentes” que se
agudizan con la inversión de la ruta de los capitales y los primeros
síntomas de contracción de las ganancias
en Estados Unidos, son algunos de los más destacados.
Todos ellos
amenazan con magnificarse y traducirse en un eventual nuevo 2008 si
efectivamente la Fed retomara su programa de incremento progresivo de
tasas de principios de año.
Pero pase lo que pase en la
coyuntura económica internacional –si hay algo que pueda llamarse así-
en gran parte las cartas ya están echadas si se piensa en el más largo
plazo. China no volverá a crecer a las ya afamadas “tasas chinas” y ello
quita sustento “real” a las políticas monetarias expansivas (los capitales retornan a “casa”)
poniendo de manifiesto su costado “ineficaz”.
Y esta contradicción se
hace presente en el corto plazo de un modo múltiple: por un lado las
políticas de dinero barato devienen una amenaza potencial mayor para la
economía norteamericana, por el otro aparecen como una de las mayores
preocupaciones si una nueva recaída se produjera y finalmente –lo que
más preocupa al “ahora” de los organismos internacionales- que el
remedio -su incremento- podría resultar mucho peor –¡“Dios” sabe
cuánto!- que la enfermedad. (...)
Lo dijimos
pero vale la pena insistir. Llama la atención que tras tantos años de
bajo crecimiento de la inversión y la productividad en el “centro”,
recién ahora, los organismos internacionales se muestren tan preocupados
por el carácter “insuficiente” o “ineficaz” de las políticas monetarias
expansivas para estimular la economía real.
(...) para Stiglitz, el verdadero problema reside en que las empresas
pequeñas y medianas –las que necesitan crédito de los bancos- no pueden
tomar préstamos a la misma tasa de interés de los bonos del tesoro.
Remarca que por más negativas que sean las tasas, existe una gran brecha
–spread- entre la tasa de interés que fijan los bancos y la tasa de los
bonos del tesoro. Por lo que concluye que los bancos no desempeñan
ningún papel en el modelo económico que los formuladores de política
monetaria vienen implementando.
En definitiva, y siempre según Stiglitz,
mientras la capacidad de las políticas monetarias para restaurar una
economía en declive son limitadas, confiar en el “modelo equivocado”
evita que los bancos centrales contribuyan en la medida de sus
posibilidades, pudiendo incluso causar un empeoramiento de la situación.
Sin pretender desarrollar aquí una polémica con Stiglitz es
preciso remarcar que su fundamentación contiene como mínimo tres puntos
extremadamente débiles.
El primero es una simple contradicción en los
términos: suponiendo que las pequeñas y medianas empresas tuvieran
efectivamente acceso al crédito barato ¿dónde invertirían si –como bien
señala- las corporaciones que manejan todas las palancas de la economía
tienen capacidad instalada excedente? (...)
Dicho de otro modo, mientras existan sectores de la economía o alguna
economía que ostente niveles de crecimiento real capaz de absorber al
menos parte de las masas de capital que no encuentran lugar para su
valorización productiva.
Ese rol durante los últimos años, lo cumplieron
–aún de manera parcial- China, los “emergentes”, las materias primas y en particular el sector “shale” gasífero y petrolero en Estados Unidos.
Son las limitaciones que todos estos sectores unánimemente están
presentando, las que ponen nerviosa a una gama muy amplia de actores.
Gama que tuvo poco que decir en tanto el esquema funcionaba, incluso con
muy bajo crecimiento de la inversión, la productividad y la economía en
los países centrales. (...)
La intención de la Reserva Federal norteamericana de abandonar las
políticas monetarias expansivas arrastra un doble objetivo. Por un lado y
primordialmente busca enfriar un mercado bursátil que ha estado
acusando cada vez más el impacto de la reversión del flujo de capitales.
Por el otro, persigue recuperar la herramienta de la política monetaria
en caso de desencadenarse una crisis aguda. (...)
Supongamos que Estados Unidos adopta una política decidida hacia la
suba de tasas. Probablemente el interés de los bonos se incremente y
amainen las cotizaciones en el mercado de valores. Sin embargo y en
paralelo, el petróleo retomaría el rumbo descendente
junto con el resto de las commodities, la presión sobre los
“emergentes” se incrementaría y en China la salida de capitales
presionaría por una devaluación del yuan. Y esto sin hablar de los
efectos sobre la economía mundial.
Es en este entramado complejo que los
organismos internacionales confluyen en su cruzada para exigir que se
mantengan las tasas y resulta muy probable que la Fed consume las
expectativas. El objetivo: una estabilización temporaria en la que el
precio del petróleo prosiga una recuperación leve –allende la falta de
acuerdos en la OPEP- y los precios del resto de las materias primas se
estabilicen –sin descartar incluso algún incremento suave.
Si
efectivamente Estados Unidos mantiene las tasas sin cambios durante todo
el año, la reversión del flujo de capitales podría detenerse e incluso
mostrar un retorno –moderado y senil, de más está decirlo- hacia el
mundo “emergente”. En este contexto sería altamente probable que China
tras sus pasos hacia la internacionalización del yuan –y manteniendo un crecimiento estable de alrededor del 6,9%- evite nuevas devaluaciones de su moneda.
De cumplirse este escenario no puede descartarse algún nivel de
estabilización de corto plazo. Pero el problema central es que no hay
estabilización posible de largo plazo sin nuevas fuentes “reales” para
la acumulación de capital. Y es este asunto de carácter estratégico el
que, sean cuales fueran los escenarios coyunturales, mantiene latente la
probabilidad de una nueva recesión mundial. " (Paula Bach ,, La Izquierda Diario, en Rebelión, 28/04/16)
No hay comentarios:
Publicar un comentario