15.6.16

“Bruselas quiere que seamos lumpen y vivamos en chabolas, y yo digo que no”

"(...) La familia Tyrakis es el reflejo de una sociedad griega aplastada por una lista larga de políticas austericidas, ¿se trata de una esta foto perfecta de lo que vive Grecia?

Ana R. Cañil: Son como nosotros. Son nueve hijos de una señora, Penélope, trabajadora y luchadora, que fue tipógrafa y superviviente de la ocupación nazi, casada con un hombre ortodoxo. Tuvo el mérito de que, a pesar de pasarlo fatal para sacar adelante a sus hijos, lo consiguió.

 Una señora de 85 años totalmente consciente de las políticas de recortes que han impuesto a su país, de quién es Merkel, de lo que es Bruselas, y de lo que están haciendo con su familia.

Sus hijos son muy trabajadores. Algunos tienen dos empleos, viven en casas como las nuestras, gente moderna que poco a poco han ido viendo como todo les ha ido desapareciendo. A unos les han recortado el sueldo hasta un 40%, otros han perdido parte de sus empleos o incluso les han echado del único que tenían. 

No tienen dinero para pagar la hipoteca y no pueden darla en dación en pago porque allí no se permite. Sin embargo, la dignidad no se la quitan. Como dice uno de los hermanos: Bruselas quiere que seamos lumpen y vivamos en chabolas, y yo digo que no. Todos se ayudan gracias a la red Tyrakis que han formado entre los nueve hermanos.

La familia Tyrakis es el típico ejemplo de una familia griega, ¿este libro podría haberse publicado en Finlandia y titularse ‘Los Pérez’ y sería el claro reflejo de una familia española?

Joaquín Estefanía: Sí, pero con la particularidad de que a todos los problemas económicos se les ha juntado la crisis de refugiados. Junto a los griegos desfilan todos los días durante un año un millón de inmigrantes, es como si de repente en España hubieran llegado cinco millones de habitantes. 

A pesar de la intensidad de la depresión griega, que se podría comparar con la de los años 30, se han instalado en su país unas personas mucho más pobres y desarraigas que ellos. Y, aun así, son tremendamente solidarios. 

No ha habido una confrontación fuerte, desde que empezaron a entrar masivamente, entre griegos y refugiados, excepto los conflictos protagonizados por Amanecer Dorado.

¿Qué opina la familia Tyrakis del acuerdo firmado entre la Unión Europea y Turquía?

J.E.: El acuerdo de la vergüenza se pueden comparar con lo que pasó a finales de la Guerra Civil española, cuando muchos españoles emigraron a Francia y el primer ministro aprueba un decreto para echar a los extranjeros indeseables. (...)

¿Ha fracasado la ilusión de solidaridad de la ciudadanía europea?

J.E.: Existe el egoísmo europeo de creernos una de las zonas más desarrolladas y presumir de nuestro modelo social y de libertades, pero se está demostrando que hace aguas por todas partes. En las campañas electorales la palabra refugiado no ha aparecido por ninguna parte.  (...)

  En el libro, Manolis Tyrakis dice que “todos hasta el mismo tiene culpa de la crisis”.
J.E.: El sentimiento de culpabilidad y la necesidad de expresarnos la tenemos todos. Manolis se refiere a los abusos de la sociedad griega, a la gente que no paga impuestos, que se mete sin pagar en el metro porque no hay puertas abatibles, prejubilaciones con 50 años y restaurantes que te dan la cuenta sin IVA. 

Manolis es nuestro amigo, él lo dice por honestidad. La mitad de los Tyrakis se sienten mal cuando su madre se enfada porque piensa en sus nietos y en sus hijos que están pagando y van a pagar algo que ellos no han hecho. A diferencia de lo que dice Bruselas, ellos no han vivido por encima de sus posibilidades.

La dureza de la crisis económica y la entrada masiva de refugiados han propiciado que partidos extremistas como Amanecer Dorado hayan cobrado importancia, ¿qué supondría su ascenso al poder?

J.E.: La sociedad sigue en recesión, el paro y la pobreza son caldo de cultivo para los partidos extremistas. Pero además, Amanecer Dorado tiene una peculiaridad, es un brazo armado y violento. Acudieron al Pireo y pegaron a los refugiados y a los periodistas que informaban. Allí hay refugiados de segunda que deambulan por las calles, porque no tiene servicios y no saben qué hacer. 

Cuando ocupan una calle, los comerciantes dejar de vender. Entones se genera el caldo de cultivo. Un óptico nos contó que si el siguiente jueves no habían desaparecido de 'su' calle, llamarían a Amanecer Dorado para que los expulsara. Cuando los inmigrantes comienzan a invadir las calles principales, los echan hacia las adyacentes para que no espanten a los turistas. (...)

Pero, a pesar de la situación de crisis a la que se enfrentan los griegos, la familia Tyrakis sigue siendo positiva y mirando el futuro con optimismo.

J.E.: A pesar de todo lo que ha pasado, la compasión y la solidaridad es muy superior al racismo.

A.R.C.: Los Tyrakis son cretenses. Grecia siempre ha sido un pueblo de paso y han sido invadidos constantemente. Les queda la esperanza de que saldrán adelante. Se palpa el escepticismo y el desprecio con el que miran hacia Europa. 

Ellos opinan que si Europa no les quiere pues que allá ellos, serán lo que quieran ser, pero ellos son las cuna de la democracia y eso lo llevan en los genes, es el ADN del Partenón. Se lo toman con sentido del humor, un humor negro que los Tyrakis tienen muy acentuado."             

 (Entrevista a Ana R. Cañil y Joaquín Estefanía, autores del libro 'Los Tyrakis', que cuenta la historia de una saga familiar griega al borde de la pobreza por la crisis, que conviven y se ríen de sus propias miserias, Martina Marco, eldiario.es, 06/04/16)

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