"(...) Y ahora el reto mayor –según el pensamiento neoliberal- es aprobar la
joya de la corona, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión
(el TTIP en sus siglas en inglés). Tal tratado se promueve como elemento
clave de la recuperación económica, pues facilitaría la recuperación de
las tasas de crecimiento económico que Europa solía tener, con la
consiguiente creación de empleo. (...)
El elemento central del TTIP (como lo ha sido en tratados anteriores,
como NAFTA –entre Canadá, EEUU y México-) es no solo la reducción de
aranceles (ya de por sí muy bajos) entre los dos continentes, sino
también la homogeneización a ambos lados del Atlántico Norte de las
regulaciones en las áreas de actividad económica, que incluyen
agricultura, seguridad alimentaria, productos manufacturados y técnicos,
servicios (incluyendo servicios financieros), protección de la
propiedad intelectual e intervenciones públicas (entre otras), que
afectan a la actividad económica privada de cada país. (...)
El secreto favorece a los lobbies, que
sí que saben lo que se está tramando, habiendo redactado gran parte de
los tratados. Los que no saben su contenido son los ciudadanos y sus
representantes de cada uno de los países.
Ello ha quedado claro a partir del
último 1º de mayo, cuando Greenpeace de Holanda publicó 248 páginas de
los documentos secretos que muestran que la realidad sobre tal tratado
es incluso peor que lo que los grupos escépticos habían señalado.
Greenpeace Netherlands hizo un gran servicio a las poblaciones a los dos
lados del Atlántico Norte al recibir y publicar tales papeles, que
contienen los elementos más importantes de los borradores de tal
tratado.
Lo que esas páginas muestran es el ataque frontal a las medidas
de protección del ciudadano que los gobiernos y los movimientos
sociales (desde las asociaciones ecologistas a los sindicatos) habían
ido consiguiendo a lo largo de estos años en los países de la UE. En
breves palabras, lo que estos papeles muestran es que:
1. Las reglas aprobadas para proteger el
medioambiente han desaparecido en tal tratado. Reglas tan sencillas (y a
la vez tan importantes) como el derecho de los países a proteger la
vida humana, la vida animal y la vida vegetal, han desaparecido.
El bien
conocido Principio de Precaución vigente en la legislación europea
permite a los Estados prohibir o limitar la distribución de productos o
la introducción de sustancias que pudieran causar daño a la salud humana
o a la vida animal y vegetal, incluso en el caso de que la comunidad
científica no haya dictaminado de una manera definitiva su efecto
nocivo.
Este principio es distinto (en realidad, opuesto) al vigente en
EEUU, donde el Estado no puede intervenir hasta que no se haya probado
definitivamente la nocividad de la sustancia o de los productos.
El TTIP
adopta el principio vigente en EEUU, desprotegiendo al ciudadano
consumidor, trabajador o residente en un territorio. Dejaría de ser
práctica común en la UE, entre otras cosas, que se escribiera el
etiquetado en los productos alimenticios, por ejemplo, notificando al
consumidor que se trata de productos transgénicos. Y así, un largo
etcétera.
2. Las reglas aprobadas para proteger a
la población frente al cambio climático (como la necesidad de mantener
un incremento de la temperatura por debajo de 1,5 grados, tal como se
aprobó en la Conferencia de París sobre el clima) no aparecen por
ninguna parte en el TTIP. Y sí, en cambio, aparecen normas para eliminar
las reglas que obstaculizan y/o frenan la importación de fuentes de
energía altamente productoras de CO2. (...)
3. El tratado debilita el papel de los
Estados para regular nuevas sustancias que puedan tener consecuencias
desconocidas pero preocupantes, como, por ejemplo, la introducción de
productos químicos que puedan afectar la producción hormonal en seres
vivos.
4. Da gran protagonismo al mundo
empresarial privado para que participe en la elaboración de cualquier
nueva norma o regla que se establezca, señalando (en los papeles que no
estaban destinados a conocerse) el rol que muchas empresas ya han tenido
en la elaboración de tales normas.
La persona que dirige el área de
comercio de la Comisión Europea ha respondido, cínica y
antidemocráticamente, a las protestas de asociaciones cívicas diciendo
que “la Comisión no recibe su mandato de la población europea” (ver el
artículo de Thomas Fazi “TTIP: We Were Right All Along”, Social Europe
Journal, 06.05.16).
5. Abre la puerta a un proceso
constantemente litigioso, en el que cualquier empresa que considere que
las regulaciones existentes en un país afectan negativamente sus
intereses, puede llevar al Estado en el que existen tales regulaciones a
los tribunales, controlados por agentes próximos al mundo empresarial,
que paga a tales agentes.
Frente a la enorme crítica sobre la
composición y financiación de estos tribunales, estas han variado algo,
pero no lo suficiente, porque el tribunal estará todavía sesgado a favor
de que las empresas inicien el litigio, pues a mayores litigios,
mayores los ingresos de tales tribunales. (...)
En resumidas cuentas, este tratado es un intento descarado de las
grandes transnacionales de controlar las economías y las sociedades.
Ello explica la enorme oposición que está generando tal tratado. El
porcentaje que se opone a él ha pasado de ser en Alemania del 25% en
2014 al 45% en 2015. Un tanto igual en otros países.
En Francia, el 54%
de la población vive en localidades que se han declarado “TTIP free”, es
decir, que no quieren que el TTIP se aplique en su territorio. Y el
gobierno francés ha señalado su oposición a tal tratado. Lo que es
lamentable es que en el Parlamento Europeo, donde los conservadores y
liberales tienen mayoría, la oposición al TTIP sea muy débil. Y lo que
es todavía peor es que los socialdemócratas, como síntoma de su
neoliberalización, apoyan también tal tratado. (...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 12 de mayo de 2016, en vnavarro.org, 12/05/16)
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