"(...) una tesis parecida a la de Larry Summers, el que fuera secretario del Tesoro de los Estados Unidos: estamos en un periodo de ‘estancamiento secular’ y la 'histéresis' es lo que impide que exista en la economía global una recuperación verdadera. (...)
Crecimiento por debajo de otros periodos
similares, con correcciones permanentes a la baja de las estimaciones;
ídem con las cifras y las perspectivas de inflación, pese a los bajos
tipos de interés y a las políticas monetarias ultraexpansivas;
productividad lánguida que limita cualquier mejora salarial;
envejecimiento poblacional que condiciona oferta -innovación,
emprendimiento- y demanda -consumo-; ahorro muy superior a la inversión,
especialmente en el ámbito empresarial; niveles de deuda agregada
estratosféricos pese al desapalancamiento privado, algo que condicionará
la vida futura de muchas generaciones; y, last but not least, mayor
desigualdad, que pone en riesgo la cohesión social, fruto de las
ventajas ‘financieras’ que tienen los acreedores -que se benefician de
las burbujas propiciadas por los bajos tipos de interés- frente a los
deudores.
Es difícil, al calor de todo lo anterior, cuestionar que el ‘estancamiento secular’ está aquí. Y no solo en las naciones desarrolladas sino también en emergentes señeras. (...)
De todos los aspectos que hemos señalado con anterioridad como
definitorios del fenómeno, centrémonos en el más de moda en nuestros
días: la productividad que ha caído en la primera potencia del planeta por primera vez en los últimos 30 años.
Más allá de que en su cómputo se tenga
en cuenta o no el menor peso de las manufacturas sobre los servicios en
buena parte de las principales economías del mundo, lo cierto es que sin
ella y con un 'output gap' positivo, es decir, producción real por
debajo del potencial, es difícil lograr crecimientos de P.I.B. sostenidos en el tiempo.
Es
en este último punto donde entra en juego la 'histéresis' como
explicación a lo que está pasando con el 'output' laboral unitario.
Somos rehenes de un pasado artificial que condiciona el presente, como nos recuerda Martin Wolf.
Había una oferta creada por una demanda artificial y cuando esta
desaparece, estallido de la burbuja inmobiliaria y de crédito, no cabe
intentar alentarla artificialmente vía políticas fiscales o de tipos de
interés erráticas, sino que es necesario que se ajuste a la realidad.
Y eso es lo que está sucediendo.
Por tanto, el problema no está tanto en el denominador del cociente -empleabilidad- cuanto en el numerador -producción-.
En la medida en que, además, las tendencias poblacionales o el miedo
afectan al deseo de compra del sector privado, minorándolo, y el público
carece de resortes, el problema se hace más y más estructural. (...)" (S. McCoy, El Confidencial, 08/06/16)
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