“El PSOE tardará mucho en volver a ser útil”. Lo decía esta mañana Iñaki Gabilondo
(...) hoy el editorial de El País llama a Sánchez “insensato sin
escrúpulos”. No estamos sólo ante la crisis de un partido, sino ante lo
que Alberto Garzón definía con acierto ayer como motín oligárquico; un
intento de golpe en el interior del PSOE para entregar el Gobierno al
PP. (...)
El bloqueo de nuestro país tiene que ver más bien con las tensiones
que se están produciendo en el Partido Socialista entre los partidarios
de la restauración del sistema de partidos anterior a las elecciones del
20D, y los partidarios del reacomodo del PSOE a la nueva situación. Lo
que se dirime en este partido es básicamente su papel y su estrategia en
un contexto histórico nuevo.
Los partidarios del “reacomodo”,
con Felipe González y Susana Díaz a la cabeza, cuentan con el apoyo
entusiasta de Juan Luís Cebrián y el grupo de comunicación del que es
propietario. A mi entender son el sector del PSOE con el proyecto
político más claro y una orientación estratégica más armada y precisa.
Son partidarios de entregar el Gobierno al Partido Popular y reconocen
sin ambages estar más cerca de este partido que de nosotros. Para ellos,
el PP es uno de los pilares políticos de España, su histórico
competidor en el sistema del turno, mientras que Podemos y sus aliados
representan un peligro frente al que hay que conjurarse incluso con sus
viejos rivales del turnismo.
Este sector cuenta con el apoyo de las
élites económicas de nuestro país y de los poderes extranjeros, pero no
cuenta con la simpatía ni de los votantes ni de las bases socialistas.
Los
partidarios de la “restauración” están representados por Sánchez y su
equipo. No cuentan con apoyos mediáticos ni de sectores oligárquicos y
además carecen de proyecto político. Ni se han atrevido a intentar
diseñar un proyecto de reformas y de gobierno con nosotros (...)
Les aterra, con buen criterio, entregar el gobierno al PP por las
consecuencias electorales que tendría para su partido y querrían volver a
un sistema bipartidista que nos dejara a nosotros ocupando una modesta
posición en la izquierda del tablero político, mayor que la que tuvieron
en su momento el PCE e IU pero lejos de la paridad actual.
Desde enero
su objetivo es bien subalternizarnos (al pedirnos que facilitáramos sin
participar su gobierno con Ciudadanos) o repetir las elecciones con la
esperanza de que el hastío y el aburrimiento de la gente nos hiciera
retroceder. Mientras mantenga su no al PP, este sector cuenta con más
simpatías entre la militancia y los votantes socialistas.
Los
últimos acontecimientos han hecho que estos dos sectores pasen de la
guerra fría a la guerra abierta. Del resultado de la misma no sólo
depende lo que Gabilondo llama “utilidad” del PSOE, pronosticando una
paulatina pérdida de relevancia histórica de este partido, sino nada
menos que el resultado de la transición política que vive nuestro país. (...)
La crisis económica, como en otros países de Europa, hizo saltar por
los aires la auto-percepción de clases medias de inmensos sectores
populares en España. Y el siglo XX ha dado sobradas lecciones de lo que
pasa cuando se tocan las expectativas de las clases medias.
Los
desahucios, las estafas permanentes, el paro, la precarización de las
condiciones de vida, la emigración de los jóvenes, fueron el caldo de
cultivo del movimiento que lo cambió todo: el 15-M. Los hijos e hijas de
las nuevas clases medias bajaron a las plazas y señalaron a las élites
políticas y económicas. Solo había que ponerles nombre. Nosotros
decidimos llamarles casta.
Aquello no fue una venganza de los
perdedores políticos de la Transición, una izquierda que durante más de
30 años bastante hizo con resistir. Aquello era el inicio de una crisis
de régimen que introducía los ingredientes para una nueva gramática
política llamada a cambiar muchas cosas en España.
Podemos fue quizá la
expresión electoral más elaborada (pero no la única) de aquella nueva
gramática. Pero sería absurdo desvincular aquel movimiento de las
tradiciones democráticas y regeneradoras de nuestro país. Por las venas
del 15-M corría la sangre del movimiento obrero, de los movimientos
liberales del XIX, de la lucha de las mujeres, de las luchas contra la
dictadura.
Sólo así se explica que fuera precisamente el PSOE el partido
más afectado por el 15-M y que Podemos haya sido capaz de atraer a un
nuevo espacio, no sin dificultades, a todos los sectores que levantaron
las banderas de la resistencia en el pasado. Pero ni los símbolos, ni el
lenguaje, ni las formas, habrían de ser los mismos. (...)
Hace exactamente un año, las encuestas preveían nuestro hundimiento
al tiempo que “el Podemos de derechas” que pidió el dueño del Banco
Sabadell despuntaba en las encuestas. Pero llegó la remontada y el
resultado de las elecciones del 20D cambió, a mi juicio para siempre, el
sistema de partidos en España.
A partir de entonces la tensión
en el PSOE provocó la situación que ahora vemos en toda su crudeza. Es
innegable el valor demostrado por Pedro Sánchez enfrentándose a las
fuerzas del régimen en su partido, pero quizá hubiera tenido más sentido
proyectar también ese valor hacia los poderes establecidos fuera del
partido.
De haber sido así hoy podríamos estar gobernando juntos y quizá
nuestro Gobierno, con todas las dificultades, hubiera podido
implementar políticas redistributivas, regeneradoras, avanzar soluciones
democráticas a la tensión plurinacional y ser un ejemplo para otros
países europeos.
No sé qué ocurrirá finalmente en el PSOE. Temo
que lo que se dirime allí no dependerá sólo de interpretaciones
jurídicas y estatutarias; hablamos de la crisis más importante desde el
fin de la Guerra Civil en el partido más importante del ultimo siglo en
españa. Quien pensaba que podía haber normalidad política sin que el
PSOE se decidiera por el PP o por nosotros se equivocaba. (...)
Nadie duda en España de que nosotros jamás iremos de la mano del
Partido Popular. En tiempos de incertidumbres y de golpes oligárquicos,
Unidos Podemos debe ser el referente de seguridad de los que quieren una
sociedad mejor frente a las élites." (Pablo Iglesias, Público, 29/09/16)
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