"La socialdemocracia en Europa está inmersa en una profunda crisis. Pasó
de gobernar en la mayoría de países en la Unión Europea a estar en una
minoría muy pequeña.
Su crisis se refleja, no sólo en derrotas
electorales, sino también en descensos muy marcados de sus afiliados:
todos los mayores partidos socialdemócratas europeos han experimentado
un enorme descenso de los miembros en tales partidos.
Una de las
explicaciones que han dado los dirigentes de tales partidos de este
descenso (además de la supuesta falta de comunicación –argumento siempre
utilizado por tales dirigentes-) es el éxito de sus políticas. Se asume
que el gran bienestar que la socialdemocracia ha traído a Europa ha
transformado sus bases electorales -la clase trabajadora- en clases
medias, que se han ido haciendo más conservadoras.
Algunos de estos
dirigentes llegan incluso a postular que las clases trabajadoras están
desapareciendo, sustituidas por las clases medias, que se han convertido
en los sectores sociales a los cuales tales partidos orientan sus
ofertas electorales.
En realidad, muchos de estos partidos han
abandonado una narrativa que incluya el concepto de clase social en su
discurso, excepto en su referencia a las siempre presentes clases
medias, y dentro de una estructura social que se redefine, limitándose a
hablar de ricos, clase media y pobres, o clase alta, media y baja.
Este argumento ignora, sin embargo, varios hechos. Uno de ellos es que en la mayoría de países de la UE hay más personas que se definen como pertenecientes a la clase trabajadora que a la clase media, siendo en los países nórdicos escandinavos (que tienen el mayor nivel de riqueza de Europa) donde tales porcentajes son mayores.
A mayor cultura
socialdemócrata en un país (tal como ocurre en la mayoría de los países
escandinavos), mayor es la propensión de la población a definirse como
miembro de la clase trabajadora. Y, por el contrario, a mayor cultura
conservadora y/o liberal en un país, mayor es la percepción de que las
clases han perdido su valor definitorio, considerándose a la clase media
como la clase mayoritaria por antonomasia en aquel país.
El caso de
EEUU y del Sur de Europa son ejemplos de ello. Las causas del declive de
la socialdemocracia no pueden atribuirse, pues, a su éxito, o a cambios
de la estructura social de sus países. Hay que buscar las causas en
otras áreas y territorios de análisis, incluyendo los cambios muy
sustanciales que han seguido en su cultura política y en el desarrollo
de sus políticas públicas.
El éxito de la socialdemocracia en Europa fue su identificación con el
establecimiento del estado del bienestar (basado en la universalización
de los derechos sociales y laborales, financiado con unas políticas
fiscales progresistas), y un aumento de la capacidad adquisitiva de la
población, mediante un incremento de las rentas del trabajo como motor
de políticas expansivas de carácter keynesiano, que exigían un
intervencionismo público no sólo en gasto, sino también en la regulación
(y/o la nacionalización) de actividades claves para el quehacer
económico, a fin de garantizar la existencia y accesibilidad de recursos
básicos (tales como el crédito).
La época dorada del capitalismo (1900-1980) se basó en estas políticas,
que fueron y continúan siendo enormemente populares, no sólo entre las
bases tradicionales de tales partidos –la clase trabajadora-, sino en
otros sectores de las clases populares (incluyendo la clase media).
Esta
alianza de clases –clase trabajadora con clase media- fue central en el
desarrollo del estado del bienestar. Éste tenía que ser de elevada
calidad para responder a las expectativas de la clase media, lo que
requería una carga fiscal elevada mediante una fiscalidad progresiva,
cuyo objetivo era (además de conseguir fondos para el estado) la
corrección de las desigualdades sociales.
El declive de la
socialdemocracia se ha basado primordialmente en el distanciamiento y/o
renuncia de muchos partidos socialdemócratas de estas políticas. Es a
partir de los años setenta y ochenta, que gran número de tales partidos
fueron apartándose de tales políticas, adaptándose a los principios del
neoliberalismo, que se convirtió en la ideología dominante en la
construcción de la Unión Europea.
El argumento más utilizado por aquellos partidos políticos, en justificación de su abandono de las políticas socialdemócratas, fue que la globalización imposibilitaba el desarrollo de tales políticas. Anthony Giddens, entre otros, repitió esta argumentación en todos sus trabajos. Tal globalización –se nos decía- hacía imposible la continuación de aquellas políticas socialdemócratas.
El keynesianismo,
por ejemplo, era ya imposible. Los estados perdían poder frente a la
globalización y no podían seguirse políticas expansivas. Este argumento,
que encontró grandes cajas de resonancia en los medios próximos al
capital financiero y al mundo empresarial, ignoraba que los países donde
la tradición socialdemócrata estaba más desarrollada eran los países
escandinavos, países profundamente globalizados, pues al ser pequeños,
la suma de sus importaciones y exportaciones representaba el porcentaje
del PIB más alto de la UE. Los datos mostraban que un país podía estar
muy globalizado y, a la vez, continuar desarrollando políticas
socialdemócratas. (...)
EL ORIGEN DEL SOCIOLIBERALISMO: LA ADMINISTRACIÓN CLINTON
(...) Su programa incluía las promesas de universalizar el acceso a la sanidad
en aquel país y desarrollar políticas expansivas de gasto público,
añadiendo medidas proteccionistas al tratado de libre comercio, NAFTA
(inicialmente propuesto por la Administración Bush padre) tales como
exigir el establecimiento de normas laborales y ambientales en los
países participantes en tal tratado: EEUU, Canadá y México.
Una vez ganadas las elecciones, el Presidente Clinton no cumplió ninguna de estas promesas. Convirtiéndose en el Presidente del Partido Demócrata más próximo al capital financiero que haya existido en EEUU (tal como ha indicado su Ministro de Trabajo Robert Reich), puso los intereses del capital financiero en el centro de sus políticas públicas, reduciendo el gasto público y favoreciendo al capital financiero, llegando a eliminar la Ley Glass Steagall (que, aprobada por el Presidente Roosevelt en 1933, había prohibido que los bancos comerciales pudieran también ser de inversión), abriendo así la puerta a la especulación y a la crisis financiera actual. (...)
Blair fue, incluso más allá que Thatcher en algunos temas, como la
desregulación de la banca. Fue Harold Brown, Ministro de Finanzas del
gobierno Blair, el que dio plena independencia al Banco de Inglaterra,
desregulando además el mercado financiero, convirtiéndose la City (el
centro financiero de Gran Bretaña) en el mayor centro de los hedge funds
en el mundo. En realidad, su escasísima regulación mereció el título de
“Wall Street Guantánamo” a la City, indicando con ello que se permitían
en la City prácticas irregulares no permitidas en Wall Street.
Estas
políticas favorecieron al capital financiero, que pasó a representar el
32% del PIB, crecimiento que tomó lugar a costa del sector industrial,
que pasó de representar el 20% del PIB al principio del New Labour
(1978), al 12% (2010) (ver mi artículo “El fracaso del nuevo laborismo y
del socioliberalismo” Sistema digital 21.05.10).
Esta reducción del
sector industrial causó una disminución del salario promedio,
disminución a la cual contribuyó la gran desregulación de los mercados
laborales, “uno de los mercados más desregulados existentes en el mundo
desarrollado”, tal como anunciaba el gobierno del Sr. Blair en su
promoción exterior.
Disminuyó también el intervencionismo del estado
bajo el argumento de que el estímulo keynesiano a base de estimular la
demanda doméstica era imposible de realizar, además de ser innecesario
(tal como afirmaba Anthony Giddens).
Estas políticas fueron muy impopulares entre sus bases electorales, lo que explica el gran descenso de su apoyo electoral. Pasó de obtener el 33% del total del electorado en 1997 a un 25% en 2001 y un 22% en 2005. Si Gran Bretaña hubiera tenido un sistema electoral proporcional, habría perdido la mayoría ya en la segunda convocatoria electoral desde que ganó la primera vez en 1997.
El sesgo electoral británico, que favorece
el bipartidismo, ocultó este descalabro de manera que, a pesar de este
declive tan marcado, el New Labour mantuvo la mayoría en el Parlamento
hasta la última elección, la de 2010. (...)
El otro partido socialdemócrata que viró hacia el neoliberalismo fue el
Partido socialdemócrata alemán, el cual, con su llamado programa 2010
antagonizó a su militancia y a sus bases electorales.
El programa 2010,
liderado por el canciller Schroeder, inició las políticas neoliberales
en Alemania (incluyendo las políticas de austeridad pública más
acentuadas hasta entonces), apoyando al capital financiero y al mundo
empresarial exportador, a costa del nivel de vida de la clase
trabajadora alemana.
Sus políticas, continuadas por el gobierno Merkel,
significaron una reducción de las rentas del trabajo, contribuyendo al
estancamiento de la economía alemana como consecuencia de la disminución
de la demanda doméstica, que tal reducción determinó (ver mi artículo
“El problema de la eurozona no está en la periferia, sino en el centro”
Sistema digital. 28.05.10).
Fue Oskar Lafontaine, entonces Ministro de
Economía del Gobierno Schroeder, y los sindicatos, los que propusieron
un aumento de la demanda interna, que hubiera estimulado la economía
alemana y, por lo tanto, la economía europea. Perdieron aquella batalla y
Oskar Lafontaine dimitió (y abandonó el Partido Socialdemócrata alemán,
acusando a la dirección de tal Partido de estar excesivamente próxima a
la banca y al mundo empresarial exportador) (...)
La influencia de la banca alemana configuró, en gran manera, la
arquitectura institucional europea, basada en un Pacto de Estabilidad,
que frenó el crecimiento del gasto público, y en un Banco Central
Europeo, que más que banco central era un lobby de la banca, que impuso
intereses elevados (ver el citado artículo “El problema de la eurozona
no está en la periferia, sino en el centro”).
La mayoría de partidos
socialdemócratas en la UE contribuyeron a la construcción de este marco
neoliberal, que resultó en un gran descenso de las rentas del trabajo en
la mayoría de países de la UE, causa del enorme problema de demanda
existente en la UE.
Las personas nombradas a propuesta de los partidos
socialdemócratas (y ellos mismos simpatizantes y/o miembros del Partido
Socialista Español) en la Comisión Europea, fueron el Sr. Pedro Solbes y
el Sr. Joaquín Almunia, que se convirtieron en los guardianes de la
ortodoxia neoliberal a través de la Comisión Económica y de Asuntos
Monetarios. (...)
La socialdemocracia española siguió políticas de clara tradición
socialdemócrata en el periodo 1982-1993, facilitadas por la presión
popular y por los partidos a su izquierda. La agitación social a finales
de la década de los años ochenta jugó también un papel clave en la
expansión del gasto público social por habitante, corrigiendo, en parte,
el enorme déficit de gasto público social entre España y el promedio de
la UE-15. España había sido, en 1982, cuando comenzó el periodo
socialdemócrata, el país con un estado del bienestar menos desarrollado
de la UE.
Ahora bien, en 1993 (cuando el déficit de gasto público social había ya sido reducido a la mitad) hubo un cambio político muy importante, con consecuencias en las políticas públicas, tanto económicas como sociales.
El PSOE perdió la mayoría en Las Cortes y se alió con la derecha
catalana, CIU, desarrollando políticas neoliberales (que supuso un
espectacular descenso del gasto público social por habitante), políticas
que fueron continuadas por el gobierno Aznar hasta 2004.
La alianza del
PSOE con CIU inauguró una estrategia que incluía la marginación de las
izquierdas, tanto dentro del PSOE como fuera, lo cual creó una reacción
entre sus bases, de protesta en contra de la dirección, que llevó a la
elección del candidato a la Presidencia por parte del PSOE, de Josep
Borrell, que era de clara orientación keynesiana y que creó enormes
resistencias tanto dentro como fuera del aparato del partido.
Tal
resistencia llevó a su dimisión y sustitución y más tarde a la derrota
del PSOE, configurándose posteriormente tres sensibilidades distintas
dentro del PSOE. Una, la del aparato de partido, que apoyó al candidato
conservador, José Bono; otra de sensibilidad keynesiana liderada por
Matilde Fernández; y otra que en teoría era la de compromiso por José
Luis Rodríguez Zapatero, y que ganó debido al apoyo de la izquierda.
José Luis Rodríguez Zapatero ganó y, con la excepción de Cristina
Narbona, excluyó completamente a la izquierda de su gobierno, nombrando a
Solbes (que había iniciado las políticas neoliberales en 1993 y había
sido el guardián de la ortodoxia liberal en la Comisión Europea) y a un
equipo ultraliberal dirigido por David Taguas (procedente de la Banca y
que había propuesto, antes de integrarse en La Moncloa, la total
privatización de la Seguridad Social, tal como había hecho el General
Pinochet en Chile) (ver “La Seguridad Social es viable. Réplica a David
Taguas” en mi blog www.vnavarro.org 24.02.10), como director de su
equipo económico. Estos nombramientos tenían como objetivo tranquilizar a
la Banca (que es el poder fáctico más importante en España), nombrando
como gobernador del Banco de España a otro ultraliberal, Miguel
Fernández Ordóñez.
La dimensión socialdemócrata del PSOE apareció
claramente en las áreas sociales, que estuvieron limitadas, sin embargo,
en sus iniciativas (algunas de claro corte socialdemócrata, como la Ley
de Dependencia) por una austeridad de gasto público.
El Sr. Solbes
había manifestado que la política durante el periodo 2004-2008 de la
cual él estaba más orgulloso fue la de no haber aumentado el gasto
público, dicho y hecho en el país de la UE que tiene un gasto público
(incluyendo el social) más bajo de la UE-15. Su alianza en 2004 con
partidos a su izquierda, IU-ICV-EA, ERC y BNG, forzó, sin embargo, una
mayor sensibilidad social, que se tradujo en una reducción del enorme
déficit de gasto público social que España tiene con la UE-15.
En su segundo mandato, iniciado en 2008, el gobierno Zapatero viró a la derecha, buscando el apoyo de la derecha nacionalista catalana, siempre afín al equipo económico del gobierno, que continuó siendo neoliberal.
Tal equipo ha desarrollado una respuesta a la crisis actual que reduce
sustancialmente los derechos laborales y sociales en el país, causa de
una protesta que ha llevado a la convocatoria de una huelga general. De
continuar estas políticas, la socialdemocracia española sufrirá un
declive electoral profundo, tal como ha ocurrido a la mayoría de
partidos socioliberales en la UE."
(El blog del Profesor Navarro presenta de nuevo su articulo “La
crisis de la socialdemocracia en Europa”, que se publicó en la revista
digital SISTEMA el 18 de junio de 2010, en www.vnavarro.org, 28/09/16)
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