"Preocupación en el FMI: el crecimiento se ralentiza y la deuda del
planeta ha alcanzado máximos históricos (152 billones de dólares), el
225% del PIB mundial.
Este panorama tan preocupante tiene traducción
española: el capítulo 1 del Fiscal Monitor (con el título Deuda: úsese
sabiamente) del FMI destaca como el aumento de nuestra deuda privada
entre 2008 y 2015 sólo ha sido superado por Gran Bretaña; y, en lo
tocante a la pública, también ocupamos un lugar de dudoso privilegio por
su volumen respecto del PIB, sólo inferior al de Grecia, Italia, Japón,
Portugal, EE.UU. y Bélgica.
Esta endiablada posición es el reflejo de
un mecanismo bien conocido: la deuda pública aumenta sustancialmente
tras crisis financieras precedidas por booms de crédito. Es decir,
inevitable transmutación de endeudamiento privado en público por
rescates y/o hundimiento de los ingresos fiscales.
Y, a partir de ahí,
alzas de las primas de riesgo y reducción del margen de maniobra de los
gobiernos, tal como muestra el trabajo de Jordà, Schularick y Taylor
sobre las relaciones entre deuda soberana y crisis bancarias.
La
reflexión del FMI es más que oportuna. Y lo es en especial para España,
donde las tesis de Stiglitz (El euro: cómo la moneda común amenaza el
futuro de Europa) han encontrado terreno abonado. Coincidimos con él en
que el futuro de la moneda única es problemático, como tantas veces
hemos destacado desde esta columna.
Pero no con sus soluciones. Porque,
lastimosamente, el debate no es acerca de lo que sería deseable (la
unidad política europea) sino sobre lo que hoy es posible. Y si la
unidad política que demanda no se puede alcanzar ahora, Stiglitz
preconiza desmontar el euro.
Quizás, en algún momento, no quede otro
remedio. Pero ello generaría una catástrofe financiera que nos
empobrecería brutalmente. Porque estas propuestas hay que inscribirlas
en el contexto español donde, a pesar del desapalancamiento privado, la
deuda de los sectores no financieros (familias, empresas y sector
público) es hoy, con el 265% del PIB, más elevada que en el 2007 (232%).
Con
una Europa tambaleante y un endeudamiento interno y exterior
endiablado, ¿existe una tercera vía? Pues sí. Entonces, ¿qué habría que
hacer? Pues lo mismo que si no estuviéramos en el euro: aumentar la
productividad y poner en marcha, o acentuar, reformas que incrementen la
competitividad sin reducir salarios y mejoren el saldo exterior.
Y ello
porque esta es la única forma de elevar el bienestar. La posible
recuperación de la peseta o un euro débil sin Alemania, como sugiere
Stiglitz, no mejorarían nuestro futuro.
No tenemos escapatoria:
entre la Escila de un posible colapso del euro y la Caribdis de nuestro
endeudamiento (interno y externo) no queda más remedio que mantener
firme el rumbo: elevar el crecimiento de la productividad y reformarse.
Si el euro sobrevive, estaremos mejor posicionados en la Unión
Monetaria. Y si no puede subsistir, también" (Entre Escila y Caribdis, de Josep Oliver Alonso, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 14/10/16)
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