"(...) No sonríe. Chomsky está preocupado. Sabe que el sorprendente ascenso
de Donald Trump abrió heridas en un país tan complejo y contradictorio
como Estados Unidos.
—¿Cómo explica lo sucedido en los últimos meses en el campo político norteamericano?
—Trump es muy hábil a la hora de incitar el miedo. Si uno observa a
los que apoyan a Trump, son en su mayoría blancos de medios o bajos
ingresos, poco educados. Curiosamente, entre estos grupos las tasas de
mortalidad son altas.
Muchos sienten que no hay nada para ellos. Hasta
la irrupción de Trump en la escena política habían perdido toda
esperanza. Son personas que piensan que se les ha quitado todo. Creen
que les han arrebatado su país y que pronto los blancos serán minoría.
No hay nada como el movimiento de supremacía blanca en otros países.
Creen que el movimiento feminista les ha quitado su rol en las familias
patriarcales. De ahí creo que viene tanto fanatismo por las armas.
Tienen que tener armas para mostrar que son hombres reales. Además, el
aumento de la atomización de la sociedad que deja a las personas solas y
aisladas hace que se sientan impotentes frente a fuerzas que los
aplastan.
En ese clima no es difícil estimular miedos e incitar la
bronca y el odio hacia los inmigrantes, hacia otras minorías y hacia el
gobierno, como lo ha hecho el candidato republicano.
—¿A qué se debe esta actitud de muchos de los seguidores de Trump?
—Hay una diferencia entre lo que los ciudadanos reciben del gobierno y
lo que creen que reciben. Gran parte de lo que reciben no lo ven. En
estados como Mississippi hay actitudes anti-gobierno, pero viven en su
mayoría con subsidios. Estados como Nueva York y Massachusetts están
subsidiando a personas que viven en estados como Arkansas.
Allí el
gobierno es presentado como un ente que les roba. Se ha instalado muy
fuerte la idea del “hard working american” (el trabajador
estadounidense), víctima de un gobierno que no tiene clemencia.
Candidatos como Ted Cruz y Donald Trump han construido sus campañas
alrededor de esta figura. La gente termina cayendo en esas trampas.
—¿Qué le llamó la atención en las campañas presidenciales en términos de retórica o de lingüística?
—No tanto en retórica. Me sorprendió la irrelevancia de los hechos.
Ya no importan cuáles son ciertos y cuáles son falsos. La verdad es
irrelevante. Trump es un maestro en eso. Fue sorprendente ver cómo no
importaba cuán locas eran las cosas que decía.
Repitió una y otra vez
que los musulmanes festejaron los atentados contra las Torres Gemelas. O
que el gobierno mexicano organizaba criminales y violadores para
mandarlos a través de la frontera. Decía lo que se le antojaba y no
importaba.
Las cosas que la gente cree son muy extrañas. Los
evangelistas creen que Trump es uno de ellos. Hace unos años, una buena
parte de la comunidad afroamericana creía que Bill Clinton fue el primer
presidente negro. Y fue devastador para esa comunidad. (...)
—¿Qué temas le sorprendió que no se hayan tocado en los debates presidenciales o en la campaña en general?
—Durante las elecciones primarias me llamó la atención que no se
discutieran temas económicos. Sólo se hablaba de levantar muros o de
bombardear Medio Oriente. El que se destacaba era Bernie Sanders que sí
hablaba de temas serios. Eso forzó a Hillary Clinton a moverse hacia esa
dirección. Tampoco se discutió sobre el cambio climático.
—¿Por qué pasó eso?
—En las grandes democracias las decisiones están siendo tomadas por
una pequeña elite económica. Su interés no es salvar a la especie. Su
interés es la maximización de sus beneficios. Por eso los candidatos del
Partido Republicano, que es esencialmente el partido de los ricos y
privilegiados, negaron y niegan sistemáticamente el calentamiento
global. (...)
—Nadie lo quiere poner en palabras, pero de hecho el Partido Republicano
es la organización más peligrosa que ha existido en toda la historia
humana. Literalmente. Sus políticas conducirán a la destrucción de la
especie.
La población quiere que se haga algo contra el cambio climático pero su
voluntad no influye en las decisiones. Una iniciativa llamada Yale
Project on Climate Change Communication mostró que sólo uno de cada
cuatro estadounidenses no cree en el cambio climático a pesar del
consenso científico internacional. (...)
—El cambio climático es un problema urgente. Es el problema más
importante que ha enfrentado la especie humana. Si no lo resolvemos, no
habrá futuro para la humanidad. (...)
—¿Cuáles cree que serán las consecuencias de esta crisis en Europa?
—Desgraciadamente lo que ocurre ahora es una reminiscencia de lo que
sucedió en 1930. El ascenso de Trump recuerda al ascenso del fascismo en
Alemania. En Europa el centro colapsó. Los principales partidos
decayeron, y la izquierda y la derecha se hicieron más extremas. Todos
saben lo que pasó después.
—¿Y en el resto del mundo?
—Las desigualdades han aumentado en todos lados. Es uno de los
efectos del neoliberalismo. Pero han aumentado más en los países
anglosajones y en especial en Estados Unidos.
En 2014, la organización
internacional Oxfam calculó, en su reporte anual, que 90 individuos
tenían la mitad de la riqueza del mundo. En 2015, eran 62 individuos en
China, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos. Bernie Sanders fue el
único que lo hizo visible en su campaña.
—¿Cómo llegó el Partido Republicano a su situación actual?
—Hasta hace unas décadas era el partido del progreso y también el
partido anti-esclavitud. Todo cambió con el tiempo, pero en especial en
la década de 1960. El Movimiento por los Derechos Civiles tuvo un efecto
polarizador.
Los presidentes racistas –Nixon, Reagan, entre otros– se
dieron cuenta de que podían usar el antagonismo y el racismo en el Sur a
su favor. A muchos no les gusta hablar del tema, pero basta con mirar
la campaña de Reagan. Fue el último líder mundial que apoyó el apartheid
en Sudáfrica. (...)
—¿Qué rol juega la religión en la política estadounidense?
—La gran base del Partido Republicano son evangelistas y
fundamentalistas cristianos. Ese es un aspecto muy llamativo y curioso
de Estados Unidos: es una sociedad extremadamente religiosa. No hay nada
parecido entre otros países desarrollados.
No se encuentran otras
sociedades en las que un tercio de la población piense que el mundo fue
creado hace algunos miles de años. Dos tercios de la población están
esperando la “Segunda Venida” del Mesías. Es un fenómeno único de
Estados Unidos y ha sido movilizado por el Partido Republicano porque
necesita una base. (...)
—Más allá de eso, ¿en qué sí es optimista?
—No se puede negar que hubo cambios significativos en las últimas
generaciones. En ciertos aspectos, Estados Unidos es un país más libre.
Cuando llegué al MIT en 1955 estaba dominado por hombres blancos,
obedientes, que hacían sus tareas. Ahora es totalmente diferente. Y
ocurre en todo el país.
Lamentablemente no hay activismo. La campaña de
Bernie Sanders fue interesante por esa razón: despertó ese activismo
dormido en cierto sector de la sociedad estadounidense. Estaba ahí. Sólo
había que espabilarlo."
(ENTREVISTA EXCLUSIVA A NOAM CHOMSKY EN EL MIT, Por Federico Kukso, Le Monde Diplomatique, en Emil Sader, 11/11/16)
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