Houria Bouteldja / Portavoz del Partido de los Indígenas de la República
"(...) La izquierda, en general, es paternalista con respecto a los suburbios en Francia.
¿En qué sentido?
Son muy de dar lecciones. Son ellos quienes orientan la luchas, los
que dicen sí hay que ir. Y cada vez más en los suburbios esto no es
posible, no funciona.
¿Desde cuándo?
Ha sido progresivo desde los años ochenta. Ha habido diferentes
momentos de descolgamiento. La izquierda francesa, de manera general,
llegó con una lectura muy paternalista y moralizante del racismo
mientras que las víctimas tenían unas preocupaciones muy concretas. Por
ejemplo, los crímenes policiales.
No era la idea de hay que estar todos
juntos. Eran luchas muy concretas. Antes de ir todos juntos, hay que
luchar primero contra los crímenes policiales. Con la izquierda, ha
habido siempre un desajuste. La fecha del gran divorcio fue 2005. Cuando
hubo los disturbios, se dio también un pensamiento político decolonial
que comenzó a articular políticamente lo que pasaba.
¿Cuál es este enfoque decolonial?
Consiste, ya de entrada, en decir que hay un campo político blanco y
que no podemos confiar más en la izquierda. Es decir que la izquierda
también es colonial. No tenemos amigos políticos naturales cuando somos
del tercer mundo. Debemos organizarnos primero nosotros mismos, dirigir
nuestra propia política, imponer nuestra agenda, nuestra lucha.
Y cuando
existamos políticamente, cuando tengamos la capacidad de crear
relaciones de fuerza, en ese momento buscaremos aliarnos. Nuestros
aliados serán aquellos que vendrán a luchar con nosotros.
Vivimos una crisis de la socialdemocracia, ¿la negación de la cuestión poscolonial forma parte de esta crisis?
Sí, por supuesto. Porque la cuestión poscolonial, la cuestión de los
barrios, la relegación social, el racismo, plantea preguntas
fundamentales como la relación con el Estado-Nación. Este es un
dispositivo del imperialismo.
Las migraciones, desde siempre, han
contestado al Estado, como se ve en los crímenes policiales. La
institución policial es uno de los pilares del Estado-nación. Los
indígenas desde siempre contestan a la policía.
¿De qué manera?
Mediante la lucha. Los barrios son las primeras víctimas de la
policía. Además, en los barrios siempre ha habido una sensibilidad
antiimperialista mucho más fuerte que en la izquierda. Todo el mundo es
naturalmente antiimperialista, venimos todos del tercer mundo, mientras
que los blancos tienen que reflexionar antes de ser antiimperialistas,
puesto que no son víctimas directas.
Todo esto significa que llevamos a
cabo las luchas más fuertes contra la socialdemocracia. De hecho, si la
izquierda hubiera sabido estar al lado de los indígenas en la lucha,
sería mucho más resistente y fuerte contra los abusos del capitalismo
hoy en día en Francia, por ejemplo.
Ahora quieren luchar contra la ley
El-Khomri [la reforma laboral] y se encuentran sin los barrios
populares. Somos todos más débiles, y el Estado es más fuerte contra
nosotros. Hay una crisis evidente de la socialdemocracia y está bien que
la haya, simplemente habría llegado más rápido si hubiéramos luchado
todos juntos.
Y seguramente habríamos pensado más en alternativas, en
Estados sociales más fuertes, en un reparto mayor de la riqueza mayor...
¿Es posible salvar esta distancia entre el centro y la periferia?
Todo es posible, pero es un desafío colosal. Para converger es
necesario que haya una verdadera organización política en los barrios,
algo que no existe aún. Lo que existe, el antirracismo político, la red
descolonial es aún muy débil. Y haría falta también una izquierda
descolonial. La izquierda es muy blanca, sigue siendo muy muy blanca. Un
movimiento como el nuestro es detestado por la izquierda francesa.
¿Por toda la izquierda?
Por una gran parte, una gran parte. “La mierda”, en castellano, y envuelta en una risa cómplice, es la
respuesta que sale disparada de los labios de Bouteldja cuando se le
pregunta su opinión sobre el presidente socialista François Hollande.
“Una catástrofe, de verdad, una catástrofe. Ha sido lamentable, ha sido
peor que Sarkozy.
“Han puesto en marcha las estructuras, los dispositivos políticos y
policiales que hacen que, si la extrema derecha llegara hoy al poder,
estuviera en el paraíso. Para el Estado autoritario es perfecto”,
advierte.
¿Entre Fillon y Le Pen, piensa que Le Pen puede llegar al poder?
Es posible. Todo el mundo dice que no, pero yo digo que hay estar
atentos porque Marine Le Pen será la que lleve a cabo una campaña de
izquierda. Fillon es ultraliberal, conservador, católico, su programa es
de derecha. Le Pen ya no tiene necesidad de tener un discurso muy
racista, puesto que, de todas formas, todo el mundo lo sabe.
Lleva
haciéndolo treinta años. Por el contrario, va a desarrollar un discurso
de izquierda contra Fillon. Va a acusarle de ser un ultraliberal y dirá
que hace falta justicia social para todo el mundo. Va a recuperar a una
parte de los proletarios, de los pobres. Y eso es mucha gente.
En el prólogo de su libro se pregunta qué se le puede ofrecer
a los blancos como contrapartida a su declive y a la guerra que este
anuncia.
This is the question. Cuando miras al electorado de Trump,
ves que si este ha ganado es porque, de hecho, los blancos están en
declive. El poder blanco se está hundiendo. Cuando los blancos se
sienten seguros de ellos mismos, pueden contentarse con la
socialdemocracia.
Esta trabaja para ellos. No tienen necesidad de ser
ostensiblemente racistas, pero cuando pierden… viene el fascismo. Todos
esos hombres y mujeres que votan a Trump se sienten superados. Además,
comienza a haber resistencias enormes al imperialismo occidental. Por
supuesto, llevan a cabo guerras, pero no las ganan.
Su poder se debilita
y devienen fascistas. Cuanto más fascistas se vuelven, más se convierte
en una realidad la cuestión de la guerra civil. Entonces, ¿qué vamos a
hacer? Todos esos blancos son muy fascistas, y, en mi opinión, es muy
difícil cambiarlos. Se agarran a la blanquitud. Por otro lado, están los
abstencionistas.
En las próximas elecciones entre Fillon y Marine Le
Pen, muchos blancos no van a votar. Hay que crear relaciones de fuerza
con los no blancos y los abstencionistas blancos. Es decir, con este
cuerpo que no está satisfecho con la oferta política. Si no queremos la
guerra, si no queremos que el fascismo gane, hace falta pensar una
verdadera alternativa política.
Hace falta justicia social, igualdad,
reparto de la riqueza, el fin de la explotación del sur, entre otras
cosas. Es una carrera contrarreloj. Hace falta que en los próximos 10
años haya una respuesta. En España, por ejemplo, ha surgido Podemos.
Es
el inicio de algo. En Grecia ha habido Syriza. En Francia es débil, pero
hubo Nuit Debout y también lo que ocurre en los barrios populares. Es
menos visible, pero la resistencia en los barrios también existe.
Necesitaríamos que el movimiento descolonial cobre importancia en toda
Europa.
¿Y si no?
Si no, será la guerra. No la guerra civil inmediatamente. Estamos en
una fase de empeoramiento. La guerra en el exterior ya existe y ¿ahora
va a ganar el interior? Es muy posible. Quizá en 15 o 20 años, no lo
sé..." (Entrevista a Houria Bouteldja / Portavoz del Partido de los Indígenas de la República, Amanda Andrades, CTXT, 21/12/16)
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