26.12.16

Marine Le Pen será la que lleve a cabo una campaña de izquierda. Dirá que hace falta justicia social para todo el mundo. Va a recuperar a una parte de los proletarios, de los pobres. Y eso es mucha gente

 Houria Bouteldja / Portavoz del Partido de los Indígenas de la República

"(...) La izquierda, en general, es paternalista con respecto a los suburbios en Francia.
¿En qué sentido?

Son muy de dar lecciones. Son ellos quienes orientan la luchas, los que dicen sí hay que ir. Y cada vez más en los suburbios esto no es posible, no funciona.

¿Desde cuándo?

Ha sido progresivo desde los años ochenta. Ha habido diferentes momentos de descolgamiento. La izquierda francesa, de manera general, llegó con una lectura muy paternalista y moralizante del racismo mientras que las víctimas tenían unas preocupaciones muy concretas. Por ejemplo, los crímenes policiales. 

No era la idea de hay que estar todos juntos. Eran luchas muy concretas. Antes de ir todos juntos, hay que luchar primero contra los crímenes policiales. Con la izquierda, ha habido siempre un desajuste. La fecha del gran divorcio fue 2005. Cuando hubo los disturbios, se dio también un pensamiento político decolonial que comenzó a articular políticamente lo que pasaba.

¿Cuál es este enfoque decolonial?

Consiste, ya de entrada, en decir que hay un campo político blanco y que no podemos confiar más en la izquierda. Es decir que la izquierda también es colonial. No tenemos amigos políticos naturales cuando somos del tercer mundo. Debemos organizarnos primero nosotros mismos, dirigir nuestra propia política, imponer nuestra agenda, nuestra lucha. 

Y cuando existamos políticamente, cuando tengamos la capacidad de crear relaciones de fuerza, en ese momento buscaremos aliarnos. Nuestros aliados serán aquellos que vendrán a luchar con nosotros.

Vivimos una crisis de la socialdemocracia, ¿la negación de la cuestión poscolonial forma parte de esta crisis?

Sí, por supuesto. Porque la cuestión poscolonial, la cuestión de los barrios, la relegación social, el racismo, plantea preguntas fundamentales como la relación con el Estado-Nación. Este es un dispositivo del imperialismo. 

Las migraciones, desde siempre, han contestado al Estado, como se ve en los crímenes policiales. La institución policial es uno de los pilares del Estado-nación. Los indígenas desde siempre contestan a la policía.

¿De qué manera?

Mediante la lucha. Los barrios son las primeras víctimas de la policía. Además, en los barrios siempre ha habido una sensibilidad antiimperialista mucho más fuerte que en la izquierda. Todo el mundo es naturalmente antiimperialista, venimos todos del tercer mundo, mientras que los blancos tienen que reflexionar antes de ser antiimperialistas, puesto que no son víctimas directas.

 Todo esto significa que llevamos a cabo las luchas más fuertes contra la socialdemocracia. De hecho, si la izquierda hubiera sabido estar al lado de los indígenas en la lucha, sería mucho más resistente y fuerte contra los abusos del capitalismo hoy en día en Francia, por ejemplo. 

Ahora quieren luchar contra la ley El-Khomri [la reforma laboral] y se encuentran sin los barrios populares. Somos todos más débiles, y el Estado es más fuerte contra nosotros. Hay una crisis evidente de la socialdemocracia y está bien que la haya, simplemente habría llegado más rápido si hubiéramos luchado todos juntos. 

Y seguramente habríamos pensado más en alternativas, en Estados sociales más fuertes, en un reparto mayor de la riqueza mayor...

¿Es posible salvar esta distancia entre el centro y la periferia?

Todo es posible, pero es un desafío colosal. Para converger es necesario que haya una verdadera organización política en los barrios, algo que no existe aún. Lo que existe, el antirracismo político, la red descolonial es aún muy débil. Y haría falta también una izquierda descolonial. La izquierda es muy blanca, sigue siendo muy muy blanca. Un movimiento como el nuestro es detestado por la izquierda francesa.

¿Por toda la izquierda?

Por una gran parte, una gran parte. “La mierda”, en castellano, y envuelta en una risa cómplice, es la respuesta que sale disparada de los labios de Bouteldja cuando se le pregunta su opinión sobre el presidente socialista François Hollande. “Una catástrofe, de verdad, una catástrofe. Ha sido lamentable, ha sido peor que Sarkozy. 

 “Han puesto en marcha las estructuras, los dispositivos políticos y policiales que hacen que, si la extrema derecha llegara hoy al poder, estuviera en el paraíso. Para el Estado autoritario es perfecto”, advierte.

¿Entre Fillon y Le Pen, piensa que Le Pen puede llegar al poder?

Es posible. Todo el mundo dice que no, pero yo digo que hay estar atentos porque Marine Le Pen será la que lleve a cabo una campaña de izquierda. Fillon es ultraliberal, conservador, católico, su programa es de derecha. Le Pen  ya no tiene necesidad de tener un discurso muy racista, puesto que, de todas formas, todo el mundo lo sabe. 

Lleva haciéndolo treinta años. Por el contrario, va a desarrollar un discurso de izquierda contra Fillon. Va a acusarle de ser un ultraliberal y dirá que hace falta justicia social para todo el mundo. Va a recuperar a una parte de los proletarios, de los pobres. Y eso es mucha gente.

En el prólogo de su libro se pregunta qué se le puede ofrecer a los blancos como contrapartida a su declive y a la guerra que este anuncia.

This is the question. Cuando miras al electorado de Trump, ves que si este ha ganado es porque, de hecho, los blancos están en declive. El poder blanco se está hundiendo. Cuando los blancos se sienten seguros de ellos mismos, pueden contentarse con la socialdemocracia. 

Esta trabaja para ellos. No tienen necesidad de ser ostensiblemente racistas, pero cuando pierden… viene el fascismo. Todos esos hombres y mujeres que votan a Trump se sienten superados. Además, comienza a haber resistencias enormes al imperialismo occidental. Por supuesto, llevan a cabo guerras, pero no las ganan.

 Su poder se debilita y devienen fascistas. Cuanto más fascistas se vuelven, más se convierte en una realidad la cuestión de la guerra civil. Entonces, ¿qué vamos a hacer? Todos esos blancos son muy fascistas, y, en mi opinión, es muy difícil cambiarlos. Se agarran a la blanquitud. Por otro lado, están los abstencionistas. 

En las próximas elecciones entre Fillon y Marine Le Pen, muchos blancos no van a votar. Hay que crear relaciones de fuerza con los no blancos y los abstencionistas blancos. Es decir, con este cuerpo que no está satisfecho con la oferta política. Si no queremos la guerra, si no queremos que el fascismo gane, hace falta pensar una verdadera alternativa política. 

Hace falta justicia social, igualdad, reparto de la riqueza, el fin de la explotación del sur, entre otras cosas. Es una carrera contrarreloj. Hace falta que en los próximos 10 años haya una respuesta. En España, por ejemplo, ha surgido Podemos. 

Es el inicio de algo. En Grecia ha habido Syriza. En Francia es débil, pero hubo Nuit Debout y también lo que ocurre en los barrios populares. Es menos visible, pero la resistencia en los barrios también existe. Necesitaríamos que el movimiento descolonial cobre importancia en toda Europa.

¿Y si no?

Si no, será la guerra. No la guerra civil inmediatamente. Estamos en una fase de empeoramiento. La guerra en el exterior ya existe y ¿ahora va a ganar el interior? Es muy posible. Quizá en 15 o 20 años, no lo sé..."                                          (Entrevista a Houria Bouteldja / Portavoz del Partido de los Indígenas de la República, Amanda Andrades, CTXT, 21/12/16)

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