15.3.17

"Hay una disputa en Europa por el liderazgo de la derecha entre conservadores y ultras"

"(...) La reunión internacional de Coblenza (Alemania) del 21 de enero ilustró esta unión entre el FN, Alternativa para Alemania (AfD) y el Partido por la Libertad (PVV) holandés, entre otros. Según Camus, este encuentro simbolizó la unidad de una extrema derecha cuyas formas se parecen a las de los partidos conservadores tradicionales, pero cuyo programa continúa siendo profundamente xenófobo y anti-europeísta.

“Le Pen prevé que poco a poco las raíces históricas del FN desaparecerán de la cabeza de la gente y pensarán en esta formación como si hubiera sido fundada en 2011”, asegura Camus, autor de la obra Les Droites extrêmes en Europe. Aunque augura que el FN seguirá creciendo en votos, duda sobre las posibilidades de éxito de la candidatura de Le Pen. Una victoria improbable por su “aislamiento político”, su incapacidad para llegar acuerdos con los otros partidos. (...)
¿El Brexit ha ayudado a normalizar el discurso euroescéptico de Le Pen en Francia?

El caso del Brexit resulta más interesante que el de Trump. Aquellos que votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE no fueron sólo los votantes de la extrema derecha. Este voto estuvo determinado por distintos componentes sociales, entre ellos, un componente obrero muy importante. Tuvo el apoyo de gente de izquierdas, de aquellos antiguos votantes del partido laborista, pero también de los electores conservadores.

Además, el Brexit muestra que no sólo los partidos de extrema derecha pueden negociar una salida de la UE. Hay muchos partidos en Europa que no son de extrema derecha, pero que defienden un programa claramente euroescéptico. (...)

La idea global es que los partidos conservadores en Europa están perdiendo su influencia y poco a poco serán vencidos por las formaciones de extrema derecha. Actualmente, no hay sólo un combate entre la extrema derecha y la izquierda, sino sobre todo hay una disputa por el liderazgo de la derecha entre los partidos conservadores y liberales tradicionales y los partidos que forman parte del grupo de la Alianza europea por las libertades (ultraderecha).

Es una disputa que los partidos conservadores han tardado mucho tiempo en darse cuenta. En Francia, la derecha pensaba que el FN sería un fenómeno transitorio. Sólo hacía falta esperar para que éste se convirtiera en marginal. Este era el discurso durante los años noventa y a principios de los 2000.

Pero durante estos últimos años el partido Los Republicanos (centro-derecha) se ha dado cuenta de que la competición con el FN estaba abierta. Su candidato François Fillon dice que no quiere retirar su candidatura a pesar de los escándalos de corrupción que le afectan porque si lo hiciera sus votantes se irían al FN. Razón no le falta.

Además de cuestionar la hegemonía de la derecha liberal, los partidos de extrema derecha en Europa son formaciones cada vez homogéneas. Han dejado de ser esa constelación de grupos neo-fascistas y sectores escindidos de los partidos conservadores tradicionales.
Esta homogeneidad se debe al hecho de que desde 2011 Marine Le Pen ha decidido hacer una selección entre aquellos partidos con los que le conviene trabajar y aquellos que no. En concreto, rechaza trabajar con los partidos nacionalistas más radicales, como Amanecer Dorado (Grecia) o Jobbik (Hungría). 

Le Pen considera que el discurso y el estilo político de estos partidos perjudica la imagen del FN. No quiere que la asocien con la extrema derecha abiertamente racista, antisemita y violenta. (...)
Uno de los pocos países de Europa donde no hay formaciones de extrema derecha con un apoyo electoral significativo es España. ¿Cómo explicas esta ausencia de partidos xenófobos?

Además de España, hay el caso de Portugal donde tampoco hay partidos de extrema derecha influyentes. En ambos casos se debe al hecho de que el recuerdo de la dictadura aún se encuentra demasiado presente.

La transición democrática permitió a los partidos conservadores clásicos absorber buena parte de aquel electorado que se sentía identificado con el régimen de Franco o Salazar. Además, nunca hubo personalidades carismáticas que emergieran en el campo de la extrema derecha.

Hubo la figura de Blas Piñar (el fundador de Fuerza Nueva) durante los años setenta. Pero este se apoyaba tanto en las tesis de los golpistas de 1936 que difícilmente su discurso podía resultar atractivo para las nuevas generaciones. En Portugal ni tan siquiera hubo un Blas Piñar.
Según los sondeos, los principales rivales de Le Pen serán François Fillon, si no se termina retirando, y Emmanuel Macron. Ambos defienden la necesidad de aplicar reformas y recortar el gasto público de forma severa. ¿Cuál será la importancia de las medidas económicas sociales y protectoras en la campaña del FN?

Le Pen ha insistido en el carácter antisocial del programa de Fillon. Ella intenta mostrar que es la candidata de las clases populares, de la protección social ante un candidato como Fillon, que cuestiona algunos de los principales logros sociales. O ante un candidato como Macron, al que ella considera como el prototipo de una candidatura favorable a la globalización.

En cierta forma, Macron es su rival preferido. Porque si hay una segunda vuelta Le Pen contra Macron, ella puede polarizarla diciendo que se enfrentan el candidato de Francia contra el candidato de la globalización, el candidato del pueblo contra el candidato de las élites, el candidato de la gente modesta contra el candidato del dinero.

¿En una hipotética segunda vuelta entre Le Pen y Macron volverá a funcionar el famoso frente republicano, la alianza entre votantes de centro-derecha e izquierdas para evitar que el FN gane?

Sí, masivamente. Estoy convencido de ello. (...)

Varios analistas destacan la estabilidad del electorado del FN y dicen que este partido difícilmente puede obtener más de un 30% de los votos. ¿Cuáles son los límites electorales de la ultraderecha francesa?

"El drama del FN es que puede ser el partido más votado en la primera vuelta de las elecciones, pero de momento no tiene aliados"

Siempre he dicho que el techo de cristal del 30% no era un verdadero problema. Si Le Pen llega a un 30% de los votos, esto significa que habrá superado su mejor resultado histórico, el 28% de votos que consiguió en la segunda vuelta de las regionales de 2015. Pero para que ella pueda llegar al poder, necesita conseguir una gran mayoría en la segunda vuelta de las presidenciales.

Para conseguir esta mayoría, necesita tener aliados, votantes que se desplacen de los otros partidos hacia el suyo. Según todas las previsiones, Le Pen contra Macron o Le Pen contra Fillon, vemos que puede llegar hasta un 35% o un 40%. Pero no conseguiría una mayoría.

El drama del FN es que puede ser el partido más votado en la primera vuelta de las elecciones, pero de momento no tiene aliados. Si la derecha o una parte de ella aceptara una alianza con el FN, entonces Le Pen podría ganar. Pero de momento no tiene la capacidad para llegar al poder.
Los escándalos de los supuestos empleos ficticios de la mujer y los hijos de Fillon, que les permitieron ganar en torno a un millón de euros, han acentuado la desconfianza que los franceses sienten respecto a la clase política. ¿Este malestar puede favorecer un traspaso de votos del campo conservador a la ultraderecha?

Si Fillon mantiene su candidatura, no lo creo. Este escándalo ha tenido un efecto paradoxal para Fillon, ya que le ha permitido consolidar su electorado. ¿Por qué? Porque no hay soluciones de recambio. En la derecha francesa se ha desarrollado un sentimiento muy fuerte en contra de los medios, a los que acusan de haber fabricado estas acusaciones.

Estos tienen la impresión de que se les está robando las presidenciales. En los últimos mítines del partido Los Republicanos, se ha visto un ambiente muy hostil en contra de los periodistas que hasta ahora sólo veíamos en los mítines de la extrema derecha." (Entrevista a Jean-Yves Camus, director del Observatorio de las radicalidades políticas de la Fundación Jean-Jaurès., Público, 11/03/17)