10.3.17

Malos tiempos para la socialdemocracia, también en Holanda...

"(...) “Es la historia de un tipo que cae de un edificio de 50 pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío no para de decirse: ‘Hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien…’. Pero lo importante no es la caída. Es el aterrizaje”.

A 430 kilómetros al noreste de la capital francesa, en La Haya, los dirigentes socialdemócratas del Partido del Trabajo (PvdA por sus siglas en holandés) recuerdan a ese pobre diablo que está a punto de estrellarse contra el suelo. A pesar de que los sondeos pronostican una bajada brutal en las elecciones del 15 de marzo -- con una pérdida de dos tercios de los votos que consiguieron en 2012--, ellos son optimistas. (...)

Los asesores de comunicación del PvdA insisten a la prensa. “Recordad dónde nos situaban las encuestas en 2012”, dicen con razón. En aquella campaña electoral protagonizaron una remontada espectacular. 

Un mes antes de los comicios se calculaba que conseguirían 15 escaños, pero finalmente lograron 38 (25% del voto).  (...)

Samsom sedujo al electorado con una idea fuerza que en 2012 sonaba posible: se puede salir de la crisis con una “Holanda más fuerte y más social”, aseguraba en los anuncios de campaña. El golpe definitivo lo dio en el primer debate electoral, cuando sus argumentos sonaron muchos más convincentes que los de Emile Roemer, candidato del SP (Partido Socialista, a la izquierda del PvdA).

 Las encuestas pronosticaban una subida importante de Roemer, pero finalmente repitió el mismo resultado que en las elecciones anteriores. (...)

Lo que ocurrió a continuación fue un suicidio político delante de las cámaras. El líder del VVD, Mark Rutte, ofreció al PvdA un pacto de gobierno para formar una gran coalición. Un acuerdo entre dos actores que históricamente habían sido enemigos políticos. A un lado, un partido que apostaba por los recortes promovidos por Bruselas. 

Al otro, uno que pedía más inversión en sanidad, I+D y educación. Una trampa en nombre de la responsabilidad. Una manzana envenenada a todas luces. Y los socialdemócratas la mordieron.

 Rutte renovó su puesto como primer ministro y ambos partidos se repartieron los ministerios a partes iguales, seis para los liberales, seis para los socialdemócratas. Se sustituyó entonces el clásico Estado del bienestar por una “sociedad participativa”, término acuñado por el gobierno para defender que las redes familiares, esas que han aguantado el mayor peso de la crisis en el sur de Europa, también debían tensarse en Holanda. 

El Estado solo intervendría en caso de extrema necesidad, pero el ciudadano debía contar preferiblemente con sus allegados para salir adelante.

 Los holandeses comprobaron pronto lo que significaba toda esta palabrería: recortes, recortes y más recortes. La edad de jubilación aumentó a los 67 años, las becas para estudiantes, antaño generosas, se sustituyeron gradualmente por becas-préstamos, que actualmente dejan a los jóvenes con deudas de miles de euros.

 Se flexibilizó el mercado laboral y las partidas para servicios sociales se redujeron. Parte de estas últimas competencias se transfirieron a los ayuntamientos, cuyos recursos son menores. Ni rastro de la “Holanda más social” prometida por Samsom en su campaña electoral. Doce meses después, las encuestas señalaban que los socialdemócratas se hundían, pasando de los 38 escaños a 13. De ahí apenas se han movido en los últimos tres años. (...)

La tasa de desempleo fue de apenas un 5,4% en el último cuatrimestre de 2016, aunque parte de este mérito se debe a la flexibilización del mercado de trabajo, que ha registrado un aumento en el número de contratos temporales.

 Incluso un informe publicado por una oficina dependiente del gobierno ha llamado la atención sobre problemas relativamente nuevos entre trabajadores holandeses, como la pérdida de perspectivas de futuro y una creciente inseguridad, especialmente entre los más jóvenes. Los institutos demoscópicos no detectan, a dos semanas de las elecciones, una remontada semejante a la de Samsom en 2012.  (...)

El asesinato de Fortuyn en 2002 llevó al xenófobo Geert Wilders a ocupar ese espacio político, que parece agrandarse cada vez parece más. Su partido, según todas las encuestas, será el más votado dentro de dos semanas.

 Wilders tiene la habilidad de combinar un nacionalismo de extrema derecha con propuestas económicas cercanas a la izquierda (más gasto en Sanidad, jubilación a los 65 años, reducción de los alquileres), atrayendo así a antiguos votantes del PvdA.

El debate sobre los inmigrantes y los refugiados ha tomado fuerza hasta el punto de que hoy se ha convertido es uno de los más importantes para la opinión pública. “El 80% de los electores piensa que los inmigrantes tienen que adaptarse”, asegura el periodista Sommer. Esto ha llevado al PvdA a insistir en el deber que tienen los holandeses de segunda y tercera generación, en su mayoría de raíces turcas y marroquíes, de integrarse en los valores de la sociedad en la que viven.

Estas posiciones llevaron a dos diputados del PvdA de ascendencia turca a criticar de forma pública el viraje de su partido respecto al tema. Las tensiones llegaron a su zenit en noviembre de 2014, cuando estos políticos fueron expulsados del grupo parlamentario.   (...)

Todas estas fugas hacen zozobrar el barco socialdemócrata, pero el agujero en la línea de flotación lo tiene en un lado concreto de su izquierda. Su causante no es el SP, que en las encuestas no parece beneficiarse de la caída del PvdA, sino Groenlinks (Izquierda verde).  (...)

Groenlinks es un partido que se mueve bien en redes sociales, atrae mucho voto de gente joven y ha sido uno de los más contundentes a la hora de descartar al ultraderechista Geert Wilders como posible socio de gobierno. La formación parece jugar con Jesse Klaver la misma carta que usó el PvdA en 2012: un candidato nuevo que da aire fresco a la política y habla en sus discursos de cambio y esperanza.

El partido ecologista, en su manifiesto, critica el aumento de la desigualdad en Holanda y responsabiliza del aumento del populismo de derechas al “fracaso de las políticas de los partidos tradicionales”. 

 Carga también contra la “Tercera Vía” promovida por parte la socialdemocracia en los años noventa, pero deja claro que ellos son un partido moderado: “No podemos volver al antiguo Estado del bienestar”, aseguran, al mismo tiempo que rechazan intentar recuperar la edad de jubilación a los 65 años porque “todos nos hacemos más viejos, por eso le pedimos a los que pueden que trabajen un poco más”. 

En su lugar, Groenlinks pone el foco en el sistema fiscal para hacer que las rentas más altas y las empresas paguen más impuestos, los cuales serían en parte dedicados a combatir el cambio climático.

El drama para la izquierda en estos comicios es su débil punto de partida. Si las previsiones aciertan las dos formaciones más votadas serán la extrema derecha de Wilders (PVV) y la derecha liberal de Rutte (VVD). Cualquier posibilidad de gobierno pasará, en un principio, porque uno de estos dos líderes sea primer ministro de Holanda. El PvdA, mientras tanto, lucha por conseguir el quinto puesto y reza para no quedarse séptimo. Malos tiempos para la socialdemocracia, también en el norte de Europa."               (David Morales Urbaneja, CTXT, 05/03/17)