3.10.17

La extrema derecha alemana ha llegado para quedarse (en el profundo norte europeo, y fascista). Su éxito ha sido saber movilizar a los no votantes, pero también a un millón de votantes del CDU/CSU... y a 500.000 del SPD y a 430.000 de Die Linke... cousas veredes

"¿Acaso Alemania, un país cuya democracia es considerada como una de las más estables del mundo, que desde hace 12 años ha estado presidida por la misma canciller, se ha vuelto ingobernable? (...9

Por varios motivos, estas elecciones significan el final del modelo político alemán tal y como lo hemos conocido desde 1949.  (...)

Con una pérdida de votos del 8,5 y del 5,2% respectivamente, los democratacristianos y los socialdemócratas son claramente los grandes perdedores. Una pregunta es: ¿quién puede gobernar sin una mayoría?, y otra, más interesante: ¿quién quiere gobernar? El domingo por la noche, escuchando el programa de debate en la televisión pública que tuvo lugar después de las elecciones, parecía como si nadie quisiera ocupar un cargo en el Gobierno de Angela Merkel, y todos apelaban a la responsabilidad ajena.

Si tenemos en cuenta solo la aritmética, la mayoría clara la obtiene la gran coalición, pero Martin Schulz ya ha descartado con firmeza esa posibilidad.  (...)

Entonces, si tenemos en cuenta los modestos resultados de los tres partidos de la zona media: los liberales del FDP (10,5%), la izquierda radical (Die Linke, 9,2%) y los verdes (8,9%), solo sería posible establecer una denominada coalición jamaicana (conservadores, liberales y verdes); aunque dada la incompatibilidad entre los diferentes programas del CSU y del FDP con las ideas de los verdes, tanto los líderes de cada partido como la reelegida canciller se han mostrado reacios a conformar una novedad de este tipo. Por tanto, queda por ver si Jamaica entrará, por primera vez, en el gobierno federal.

Los dos partidos de gobierno principales, el CDU/CSU y el SPD, están experimentando una erosión de su base electoral sin precedentes históricos (desde 1949), no exenta de similitudes con lo que sucedió en las últimas elecciones presidenciales francesas.  (...)

Los votantes se han distanciado con claridad de la consolidada rutina de la política alemana característica del siglo XX y Angela Merkel parecía el otro día encontrarse bastante sola, incluso asustada, de que el sistema acabe siendo víctima de la inestabilidad.

El auge de la derecha radical xenófoba

La gran novedad de estas elecciones es sin duda el espectacular avance de la Alternative für Deutschland (AfD), que no solo accede al Bundestag, sino que también ocupará 96 escaños, o lo que es lo mismo, 59 escaños menos que el SPD (de un total de 709). Si finalmente se formara una gran coalición, la derecha radical sería la principal fuerza de la oposición.

La AfD no ha hecho más que subirse a la misma ola que han surcado los demás partidos radicales de Europa.  

Fundada por un grupo de académicos antieuro, se ha ido convirtiendo de forma paulatina en un partido racista, antiinmigrante y antiislamista. Su éxito ha sido saber movilizar sobre todo a los no votantes, pero también a algo más de un millón de votantes del CDU/CSU, a unos 500.000 votantes del SPD y a unos 430.000 votantes de Die Linke. 

Además de explotar los miedos de las personas, una de las razones principales de su éxito está en el nombre, ya que simula ofrecer una alternativa que restaurará lo que de verdad significa la democracia: elección. (...)

Mientras los socialdemócratas alemanes parecían haber salido mejor parados que sus homólogos europeos, el resultado electoral confirmó que las cosas no son así, pues el partido ha descendido a un mínimo histórico del 20,5% de los votos. 

Desde una perspectiva europea, los problemas del SPD son todo menos personales. Como muchos otros partidos socialdemócratas o socialistas, el partido recibió los elogios de los conservadores y los liberales por las reformas neoliberales que llevó a cabo durante la época de Schröder, pero ha permanecido dividido internamente y ha vagado por un vacío ideológico desde entonces.

¿Cómo se puede reconciliar la necesaria apertura de la economía y la sociedad con una protección de los intereses populares y de los grupos más débiles? ¿Cómo puede la economía estar al servicio del desarrollo humano y del bienestar en lugar de ser al revés? 

¿Cómo asegurarse de que la producción de riqueza acarrea una vida mejor para todos y no solo para unos pocos? Estas son las preguntas que los socialdemócratas han evitado responder desde hace demasiado tiempo. En la mayoría de los casos, se han valido de eslóganes vacíos (...)

El fin de una Alemania europea

Por último, las elecciones de este año tienen serias implicaciones en relación con la postura alemana en el nuevo e histórico gran pacto encaminado a remodelar la Unión Europea.  (...)

Al contrario que algunos cancilleres anteriores, Merkel no ha gobernado un país cuya principal política europea fuera demostrar su lealtad hacia una UE cada día más unida. De forma gradual, Alemania se ha mostrado cada vez más preocupada por satisfacer sus propios intereses, al igual que cualquier otro Estado miembro de la UE.

Aunque con cautela, algunos dicen que, a regañadientes, Merkel ha acabado imponiendo en Europa la hegemonía económica y política de Alemania, según un modelo que refleja más un antiguo juego de relaciones de poder entre los Estados que una nueva constelación posnacional en la que la interdependencia se gestiona mediante la cooperación y la soberanía compartida a partes iguales (aunque sea de forma asimétrica).

Puede que la campaña haya sido aburrida, pero los resultados de las elecciones generales de 2017 han acabado siendo tremendamente importantes. La normalización de Alemania está alcanzando su mayoría de edad y las implicaciones para Europa en su conjunto están todavía por determinar."           (Amandine Crespy, este artículo está publicado en Social Europe. , en CTXT, 27/09/17)

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