"¿Acaso Alemania, un país cuya democracia es considerada como una de las
más estables del mundo, que desde hace 12 años ha estado presidida por
la misma canciller, se ha vuelto ingobernable? (...9
Por varios motivos, estas elecciones significan el final del modelo político alemán tal y como lo hemos conocido desde 1949. (...)
Con una pérdida de votos del 8,5 y del 5,2% respectivamente, los
democratacristianos y los socialdemócratas son claramente los grandes
perdedores. Una pregunta es: ¿quién puede gobernar sin una mayoría?, y
otra, más interesante: ¿quién quiere gobernar? El domingo por la noche,
escuchando el programa de debate en la televisión pública que tuvo lugar
después de las elecciones, parecía como si nadie quisiera ocupar un
cargo en el Gobierno de Angela Merkel, y todos apelaban a la
responsabilidad ajena.
Si tenemos en cuenta solo la aritmética, la mayoría clara la obtiene
la gran coalición, pero Martin Schulz ya ha descartado con firmeza esa
posibilidad. (...)
Entonces, si tenemos en cuenta los modestos resultados de los tres
partidos de la zona media: los liberales del FDP (10,5%), la izquierda
radical (Die Linke, 9,2%) y los verdes (8,9%), solo sería posible
establecer una denominada coalición jamaicana (conservadores, liberales y
verdes); aunque dada la incompatibilidad entre los diferentes programas
del CSU y del FDP con las ideas de los verdes, tanto los líderes de
cada partido como la reelegida canciller se han mostrado reacios a
conformar una novedad de este tipo. Por tanto, queda por ver si Jamaica
entrará, por primera vez, en el gobierno federal.
Los dos partidos de gobierno principales, el CDU/CSU y el SPD, están
experimentando una erosión de su base electoral sin precedentes
históricos (desde 1949), no exenta de similitudes con lo que sucedió en
las últimas elecciones presidenciales francesas. (...)
Los votantes se han distanciado con claridad de la consolidada rutina
de la política alemana característica del siglo XX y Angela Merkel
parecía el otro día encontrarse bastante sola, incluso asustada, de que
el sistema acabe siendo víctima de la inestabilidad.
El auge de la derecha radical xenófoba
La gran novedad de estas elecciones es sin duda el espectacular avance de la Alternative für Deutschland (AfD),
que no solo accede al Bundestag, sino que también ocupará 96 escaños, o
lo que es lo mismo, 59 escaños menos que el SPD (de un total de 709).
Si finalmente se formara una gran coalición, la derecha radical sería la
principal fuerza de la oposición.
La AfD no ha hecho más que subirse a la misma ola que han surcado los demás partidos radicales de Europa.
Fundada por un grupo de académicos antieuro, se ha ido convirtiendo de
forma paulatina en un partido racista, antiinmigrante y antiislamista.
Su éxito ha sido saber movilizar sobre todo a los no votantes, pero
también a algo más de un millón de votantes del CDU/CSU, a unos 500.000
votantes del SPD y a unos 430.000 votantes de Die Linke.
Además de
explotar los miedos de las personas, una de las razones principales de
su éxito está en el nombre, ya que simula ofrecer una alternativa que restaurará lo que de verdad significa la democracia: elección. (...)
Mientras los socialdemócratas alemanes parecían haber salido mejor
parados que sus homólogos europeos, el resultado electoral confirmó que
las cosas no son así, pues el partido ha descendido a un mínimo
histórico del 20,5% de los votos.
Desde una perspectiva europea, los
problemas del SPD son todo menos personales. Como muchos otros partidos
socialdemócratas o socialistas, el partido recibió los elogios de los
conservadores y los liberales por las reformas neoliberales que llevó a
cabo durante la época de Schröder, pero ha permanecido dividido
internamente y ha vagado por un vacío ideológico desde entonces.
¿Cómo se puede reconciliar la necesaria apertura de la economía y la
sociedad con una protección de los intereses populares y de los grupos
más débiles? ¿Cómo puede la economía estar al servicio del desarrollo
humano y del bienestar en lugar de ser al revés?
¿Cómo asegurarse de que
la producción de riqueza acarrea una vida mejor para todos y no solo
para unos pocos? Estas son las preguntas que los socialdemócratas han
evitado responder desde hace demasiado tiempo. En la mayoría de los
casos, se han valido de eslóganes vacíos (...)
El fin de una Alemania europea
Por último, las elecciones de este año tienen serias implicaciones en
relación con la postura alemana en el nuevo e histórico gran pacto
encaminado a remodelar la Unión Europea. (...)
Al contrario que algunos cancilleres anteriores, Merkel no ha
gobernado un país cuya principal política europea fuera demostrar su
lealtad hacia una UE cada día más unida. De forma gradual, Alemania se
ha mostrado cada vez más preocupada por satisfacer sus propios
intereses, al igual que cualquier otro Estado miembro de la UE.
Aunque con cautela, algunos dicen que, a regañadientes, Merkel ha
acabado imponiendo en Europa la hegemonía económica y política de
Alemania, según un modelo que refleja más un antiguo juego de relaciones
de poder entre los Estados que una nueva constelación posnacional en la
que la interdependencia se gestiona mediante la cooperación y la
soberanía compartida a partes iguales (aunque sea de forma asimétrica).
Puede que la campaña haya sido aburrida, pero los resultados de las
elecciones generales de 2017 han acabado siendo tremendamente
importantes. La normalización de Alemania está alcanzando su mayoría de
edad y las implicaciones para Europa en su conjunto están todavía por
determinar." (Amandine Crespy, este artículo está publicado en Social Europe. , en CTXT, 27/09/17)
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