"En lo que respecta al acoso sexual, lo que querríamos es, o bien
datos poblacionales de buena calidad, o bien una encuesta bien diseñada
realizada a una muestra representativa de la población (a ser posible
una muestra grande).
Por suerte, en Europa ya existe una encuesta de
este tipo. En 2012, en una encuesta
centrada en la violencia contra las mujeres, se entrevistó a 42.000
mujeres de 18 a 74 años en los 28 países de la Unión Europea. Entre las
muchas y detalladas preguntas, hay varias que se refieren a experiencias
de acoso y violencia sexual.
Por ejemplo, se pregunta con qué frecuencia desde los 15 años la
mujer ha sido objeto de tocamientos, abrazos o besos en contra de su
voluntad, o de exhibicionismo (“exposición indecente”). En el conjunto
de entrevistadas, el 26% decía haber sufrido el primer tipo de
comportamientos, y un 33% al menos uno de los dos. En España, las cifras
eran del 16 y el 28%, respectivamente.
También se incluyen preguntas que se refieren a casos de abuso sexual
más grave, incluyendo la violación. Por ejemplo, se pregunta: “Desde
los 15 años de edad hasta ahora, ¿con qué frecuencia le han obligado a
mantener relaciones sexuales mientras la sujetaban o le hacían daño de
alguna manera?”.
En este caso, la incidencia era del 2.4% (1.4% en
España). Sin embargo, si añadimos las respuestas positivas a la pregunta
sobre haber sufrido algún intento de violación, y las que afirman que
consintieron a mantener relaciones a pesar de que no querían, por miedo a
lo que les podría pasar si se negaban, la incidencia sube a casi el 6%
(3% en España).
Quizá los datos más escalofriantes son los que se refieren a las
experiencias de acoso o abuso durante la infancia. El 9% de las
encuestadas (el 11% en España) afirman haber sufrido, antes de los 15
años de edad y por parte de un adulto, episodios de exhibicionismo,
tocamiento no consentido de genitales o pechos, o relaciones sexuales no
consentidas.
La base de datos también permite comparar la incidencia de este tipo de experiencias entre países. (...)
La incidencia del acoso entre países varía entre el 11% de Portugal, y
más del 60% en (adivinen) Suecia y Dinamarca (!). Llama la atención que
los países con renta per cápita más baja (Bulgaria y Rumanía) se
encuentren también entre aquellos con la incidencia de acoso más baja.
Es evidente que existe una correlación positiva y fuerte entre la
fracción de mujeres que afirma haber sufrido este tipo de acoso, y el
nivel de renta per cápita del país. Esto hace pensar que quizá lo que
varíe entre países sea la concienciación sobre este tipo de temas, o la
aceptabilidad social de este tipo de comportamientos. (...)
Quizá esto sea menos pronunciado si nos centramos en comportamientos
de abuso más inequívocos, como la violación o el intento de violación. (...)
La incidencia de abuso varía entre el 1 y el 13%, con Portugal y
Suecia de nuevo en los extremos, y la correlación positiva con renta per
cápita se mantiene. Esto sugiere que, o bien el acoso y abuso sexual
son más frecuentes en países más ricos, o bien las mujeres lo reconocen
más abiertamente en estos países.
No está claro cómo podríamos
distinguir entre estas dos posibilidades, o qué es lo que generaría la
correlación entre el nivel de renta y la incidencia o la tendencia a
reconocerla o denunciarla.
Como conclusión tentativa, las correlaciones presentadas parecen
sugerir que a la hora de medir comportamientos de acoso y abuso sexual,
es muy posible que haya que preocuparse seriamente de que las mujeres no
se sientan cómodas hablando de sus experiencias personales, en unos
países más que en otros (un buen vídeo sobre el tema aquí). Esto dificulta la cuantificación de la magnitud del problema, y las comparaciones internacionales. (...)
También sería interesante saber más sobre el otro lado, es decir, la
incidencia de comportamientos de acoso en la población, desde el lado
del perpetrador. No conozco ninguna encuesta grande y representativa en
la que se pregunte a los entrevistados si alguna vez han besado a
alguien sin su consentimiento, etc.
Si los problemas de medición son
importantes en el lado de las víctimas, en este caso es evidente que
sería aún más complicado obtener información fiable (en la literatura de
crimen esto prácticamente se da por hecho). No cabe duda de que se
trata de un fenómeno difícil de cuantificar (no sólo en encuestas,
también en otras fuentes de datos oficiales, de denuncias, etc). (...)" (Libertad González, Nada es gratis, 22/11/17)
"En Alemania 'no existen' los feminicidios.
En
Alemania, cada 26 horas se produce un intento de asesinato a mujeres
por parte de sus parejas o exparejas, según la Fundación Rosa
Luxemburgo. Hace unos días se hizo público un informe de la Oficina Federal de Investigación Criminal en el que se contabilizaban 149 asesinatos de este tipo durante 2016. El año anterior hubo un total de 131 mujeres asesinadas en el seno de la pareja.
La falta de estadísticas nacionales anteriores a 2015 dice
mucho sobre el bajo nivel de preocupación del Estado alemán ante esta
problemática. Es ahora cuando la tendencia está empezando a cambiar:
Manuela Schwesig, la hasta hace poco ministra de Familia, Tercera Edad,
Mujeres y Juventud ha declarado que “las cifras son escandalosas”.
Las estadísticas mienten
Sin embargo, los datos de la policía no registran víctimas de la violencia de género como tal. “No se habla de cuando no existe una relación entre la víctima y el agresor”,
apuntan desde la organización Ni Una Menos Berlín, una agrupación de
inmigrantes latinoamericanas contra la violencia machista.
Jehieli
Fernández, Máster en Género y Diversidad por la Universidad Libre de
Berlín y docente en la UNAM, México, nos habla de la Ley de Protección
contra la Violencia de 2001: “Ahí se incluyen términos como acoso o violencia doméstica, pero es absolutamente neutral, no tiene una perspectiva de género.
Constantemente hace hincapié en la "igualdad" de sanciones para hombres
y mujeres.” Además, observa, en Alemania no se ha acuñado aún el
término ‘feminicidio’. “El feminicidio, entendido como el asesinato de
mujeres sólo por su género, es un fenómeno que no existe en Alemania”, podemos leer en este anexo de un informe de la Organización de Naciones Unidas.
La condena para homicidios en general (entre 5 y 15 años de cárcel) es
“suficiente”, según el documento, para casos de feminicidio.
Por otro lado, una mujer que pone varias denuncias sólo es contabilizada una vez, provocando que los datos sean parciales. Y sectores donde la violencia contra la mujer es sistemática, como la prostitución, quedan excluidos del estudio oficial. Este tipo de abusos quedan registrados como otros delitos, por ejemplo "Mord im Zusammenhang mit Sexualdelikten" (homicidio en relación con delitos sexuales).
Los extranjeros asesinan, los alemanes cometen “crímenes pasionales”
La
prensa alemana destaca por su opacidad y falta de rigor al aproximarse a
este tipo de asesinatos, que no suelen contar con mucha resonancia
mediática.
Según la Fundación Rosa Luxemburgo, se califica a estos sucesos de “tragedia familiar”, “drama de celos”,
pero nunca “feminicidio” o “asesinato de mujeres”. La nomenclatura
cambia cuando se trata de un caso entre extranjeros. Desde Ni Una Menos
comentan: “Del 'trágico final de una vida' en los feminicidios cometidos
por un alemán pasamos al 'crimen de honor' si el asesino es turco o árabe”.
“Me
parece que la política minimiza los casos de violencia de género
relacionándolos directamente con la migración”, afirma Jehieli
Fernández. “Es decir, para la política alemana, es un problema de
migrantes viviendo en el país. Un problema de culturas no alemanas.” El
error lo señalan, esta vez, las estadísticas mencionadas: 3427 hombres sospechosos de asesinato en 2016 son alemanes y 1814, extranjeros. (...)
“Las nuevas generaciones alemanas que están volviendo a traer a la mesa temas feministas, creo que no perciben aún la importancia del tema de la violencia de género y una buena parte no lo ve como una prioridad, sólo se recuerda para el 25N”, apunta Fernández. Cree necesaria la articulación del feminismo alemán desde una perspectiva crítica y decolonial, y que se preste más atención a las estadísticas. (...)" (Desbandada, Sara Jiménez Murillo y M. Almaraz, 27/11/17)
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