"El independentismo catalán se planteó como meta ser un nuevo Estado de Europa. Sus timoneles perdieron de vista la realidad al ignorar realidades de Estado y soñar apoyos internacionales
fundamentales, en la UE y en el mundo, parecidos a los que a fin de
siglo actuaron con la descomposición de la URSS o de Yugoslavia.
Olvidaron lo más esencial del mundo de hoy: que los poderes hegemónicos
que entonces contribuyeron a aquellas disoluciones y a los
reconocimientos de los nuevos estados (OTAN, FMI, UE y Estados Unidos,
por citar los fundamentales), actuaban contra un adversario cuya
disolución formaba parte del escenario de la guerra fría.
Todo lo que a finales de siglo favoreció
las independencias rupturistas en el Este lo impide ahora en el Oeste y
particularmente en el caso de España, disciplinada aliada de todos esos
poderes.
El resultado del independentismo catalán en
el ámbito exterior ha sido modesto, pero no despreciable; ha
contribuido a dar vigor a la quinta brecha, la regional, que resquebraja
una Unión Europea en trance desintegrador. (...)
La Europa alemana está averiada en su misma
sala de máquinas. Las elecciones han convertido al motor alemán en un
pato cojo. La Alternative für Deutschland influirá en el Bundestag sobre
la CSU bávara. Otros socios de la coalición romperán aún más el
aparente eje franco-alemán frustrando los planes de Macron.
El cálculo
del presidente francés (una reforma alemana en Francia para que Berlín
le respete y ceda) parece más errado que nunca. Y tras esa brecha
fundamental, las demás.
El Brexit es un enredo. Las elecciones en
Austria y Chequia refuerzan el nuevo bloque del Este (tercera brecha)
empujando a Viena hacia Visegrado. (...)
Las contradicciones entre los intereses de
la Europa del norte y los de la del sur (cuarta brecha) siguen ahí, con
Grecia en ruinas y esperando, quizás, a Italia. Y en eso llega Catalunya
reavivando la brecha regional y viejos agravios. Se trata más de
Balcanes que de Escocia o Italia septentrional.
En Serbia, el primer ministro ve doble
rasero en la benevolencia hacia Catalunya, y el ministro de Exteriores
retoma la “separación” del norte de Kosovo, donde viven 120.000 serbios.
En Bosnia, la República Srpska advierte que someterá a referéndum su
“neutralidad militar” si musulmanes y croatas se adhieren a la OTAN. En
Mostar, los croatas han izado la enseña de Herceg-Bosna junto a la
senyera con el mensaje: “Suerte, nosotros seremos los siguientes”.
En Bruselas, gente como el comisario de
presupuesto Günther Oettinger o su compañero de partido (CDU) Elmar
Brok, presidente del comité de exteriores del Parlamento Europeo y
consejero de Juncker, hablan de “riesgo de guerra civil” en Europa a
propósito de Catalunya, pese a que se trate de un riesgo mucho menor que
los se promocionaron en Yugoslavia y Ucrania, este último con gran
protagonismo de Brok. Pero ¿donde situar esa brecha regional en la
Europa de hoy?
Natacha Polony, una sagaz observadora
francesa, explica el marco general. “Como sus vecinas europeas, España
renunció a ofrecer a sus ciudadanos un horizonte democrático común,
imponiendo una pura gestión de la globalización y de sus consecuencias
económicas y humanas”, dice. “¿Hay que asombrarse al ver a la gente
soñar con un horizonte democrático, con la esperanza de un comienzo
desde cero, aunque este sea ilusorio?”.
Las ilusiones no son políticamente eficaces, pero son ingredientes de la actual gran desintegración de la UE." (Rafael Poch, La Vanguardia, 29/10/17)
No hay comentarios:
Publicar un comentario