"Unidos Podemos está gestionando muy mal su papel de “tercera vía” en
el conflicto catalán y, si esto no se corrige, puede ser un nuevo
mazazo a nuestras ya menguantes expectativas electorales .
Los conflictos nacionalistas polarizan mucho a la opinión pública y
dejan poco espacio para las terceras vías salvo que cumplan dos
requisitos esenciales:
- – Aparecer como un elemento superador de la dinámica bipolar.
- – Aparecer como el portaestandarte de una solución al problema positiva y practicable.
Lamentablemente, nuestra posición está muy lejos de cumplir cualquiera de los dos requisitos.
UP combina la voluntad de que Catalunya no se separe de España con
el derecho a decidir. Se trata de dos elementos programáticos
diferenciados respecto a otros partidos y muy defendibles.
Sin embargo,
cuando desarrollamos estos principios programáticos en una propuesta
política concreta fallamos estrepitosamente: no somos rigurosos en el
análisis, no somos capaces de trazar una hoja de ruta sólida, razonable
y atractiva e, incumpliendo el primero de los requisitos anteriormente
expuestos, aparecemos orbitando en torno a una de las partes en
conflicto.
Algunos ejemplos de esto último:
a) Acertamos cuando dijimos que el referéndum del día 1-0 no era
garantista ni válido… pero nos equivocamos al decir que, a pesar de eso,
se tenía que ir a votar. Un malabarismo incomprensible para la gente
normal y que ya tuve ocasión de analizar.
b) No queremos la independencia pero participamos en el mitin de fin
de campaña organizado por el conjunto de los independentistas, otro
elemento político no menor y también muy difícil de entender
c) Hemos sido hipercríticos con el inmovilismo político y la falta de
diálogo del gobierno del PP –con toda la razón– pero no hemos sido
igualmente críticos, ni de lejos, con un “procés” hecho a medida de los
intereses políticos de sus impulsores y que muchos sabemos, desde hace
tiempo, que no tiene ninguna viabilidad .
No. Nosotros no aparecemos como una tercera vía ni tenemos autoridad
para protestar contra el choque de trenes porque, de hecho, viajamos en
uno de los trenes, aunque sea incómodamente instalados sobre el techo de
los vagones.
¿Por qué? Pues por algo tan pedestre y tan de vieja política como
intentar contentar al sector de nuestro electorado en Catalunya
(minoritario pero significativo) que apuesta por la independencia.
En todo caso, el incumplimiento del primero de los requisitos citados al principio –aparecer como un elemento superador de la dinámica bipolar– influye poderosamente en el incumplimiento del segundo: aparecer como el portaestandarte de una solución al problema positiva y practicable.
En efecto, si abrimos el maletín de las soluciones que trae consigo
Unidos Podemos encontramos dos únicos elementos: las apelaciones al
diálogo (que todos reivindican aunque pocos lo practican) y un
referéndum pactado. Poco bagaje para un problema tan complejo.
Ciertamente, el referéndum pactado es una propuesta incontestable e
hiperdemocrática… pero hay que tener el valor de decirle a la gente la
verdad (se supone que la verdad es revolucionaria) y explicarle que el
referéndum pactado, a corto y medio plazo, es una solución inviable.
¿Por qué? Pues porque, nos guste o no, la Constitución Española (y
esto nos diferencia de Gran Bretaña o Canadá) es una Constitución que
excluye taxativamente cualquier proyecto secesionista y que, además, en
éste y en otros temas (no en todos) es una Constitución muy difícil de
modificar porque requiere amplísimas y reiteradas mayorías políticamente
imposibles en estos momentos.
Dicho en otras palabras, con la actual
Constitución, el Gobierno del Estado no podría pactar un referéndum de
secesión de ninguna comunidad del Estado… ¡aunque tuviera la voluntad
política de hacerlo!
A corto y medio plazo, sólo queda, pues, la otra vía, la que ha
ensayado Puigdemont: la ruptura con el orden constitucional ya sea en
Catalunya o en el conjunto del Estado.
El problema –por no entrar en
disquisiciones que nos llevarían muy lejos– es que esta vía tampoco es
practicable a corto y medio plazo porque requiere niveles de
movilización y consenso social mucho mayores de los que existen
actualmente en Cataluña (por eso fracasará el gobierno Puigdemont) y,
ya no digamos, en el conjunto del Estado.
Por tanto, el maletín de las soluciones de Unidos Podemos está vacío en la práctica.
– Pues vaya mierda, no?
No, no es una mierda, se llama REALIDAD , se llama correlación de
fuerzas, y cualquier revolucionario que opte por métodos democráticos ha
de tener el valor de afrontarla.
Lo revolucionario no es construir relatos atractivos pero
fantasiosos, proponer avanzar por vías impracticables o plantear
soluciones imposibles: lo revolucionario es encontrar la manera de hacer
posible mañana lo que es imposible hoy.
Unidos Podemos debería tener el valor de hacer lo siguiente:
- desmarcarse, de verdad, de ambos trenes.
- explicar que la independencia ni es nuestro proyecto ni es un objetivo factible en estos momentos.
- apostar por la convocatoria de elecciones en Catalunya y en España (Rajoy derrotará a Puigdemont pero perderá la posibilidad de aprobar los presupuestos del 2018).
- arremangarse para tejer alianzas políticas y promover la movilización social en torno a la reforma de la Constitución (...)
Soy muy consciente de que la derrota del “procés” va a dificultar la
culminación de estos objetivos porque, tras la derrota, una parte de la
sociedad catalana se instalará en el desánimo y otra parte se instalará
en una radicalización estéril. Pero esta también es la realidad con la
que tendremos que bregar.
Debemos hacerlo porque es imprescindible, porque es coherente y
también, claro está, para evitar la amenaza del descrédito y la
progresiva decadencia electoral de nuestro proyecto." (Mientras Tanto, 13/10/17,
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