"(...) En la transición de la subjetividad “del
proletario al propietario” opera el enunciado que pronunció José Luis
Arrese en el homenaje que le rindieron los agentes de la propiedad
inmobiliaria en 1959: "No queremos una España de proletarios sino de
propietarios.”
Arrese se anticipó al programa privatizador de
Thatcher en varias décadas, dando el tono al proyecto social franquista,
“una economía de buenos negocios y malas empresas”, donde se buscaron
herramientas de apaciguamiento de la fuerza de trabajo.
Una de las
fundamentales fue la propiedad de la vivienda, que genera un cambio de
mentalidad muy importante y que ha tenido un peso enorme en la historia
posterior. Somos un país muy patrimonialista, no solo económicamente,
sino también ideológicamente y eso explica en parte por qué en España el
voto de clase siempre ha sido muy débil.
Mucha gente de izquierdas se
queda estupefacta cuando la derecha gana las elecciones una y otra vez.
Piensan que los votantes del PP son malvados o idiotas o las dos cosas.
La verdad es que la derecha gana porque mucha gente siente que
representa sus intereses materiales y eso tiene que ver con el peso del
patrimonio inmobiliario en nuestro mapa social.
Esa herencia franquista ha permitido a las clases
altas establecer un sistema difuso de lealtades que hace que muchas
personas de clase trabajadora acepten el liderazgo de grupos con los
que, en principio, no deberían compartir intereses. La propiedad de la
vivienda ha sido un dispositivo fundamental de promesa de movilidad
social ascendente intergeneracional.
Y ha contribuido muchísimo a la paz
social: la gente soporta sacrificios enormes para pagar una vivienda
con la esperanza de que gracias a ese esfuerzo sus hijos mejoraran su
posición social. Otro elemento de este sistema es la red de enseñanza
concertada, que ofrece a un 30% de la población una vía de escape de la
enseñanza pública y vincula a sus usuarios con los intereses de las
clases altas a través del discurso de la meritocracia y el esfuerzo.
Comentó en una entrevista, no sé si con cierta ironía: “La
tecnología más influyente de los últimos 35 años en España tal vez sea
el hormigón pretensado, que ha intervenido en muchas construcciones de
obra pública y ha determinado la estructura especulativa española”.
Lo que quería subrayar era que nuestra comprensión de
la tecnología está viciada por nuestro contexto ideológico. Una
aportación importante de la tradición materialista es que nos ayuda a
entender que la tecnología importa y mucho, pero que no es evidente cuál
es la tecnología que más importa.
Hay un ensayo de Rose Georger que me
encanta. Habla de cómo el sistema de containers que permite el
transporte de mercancías por barco a bajo precio ha revolucionado la
economía mundial en las últimas décadas. Es un cambio poco visible y del
que se habla poco, seguramente porque comparado con la inteligencia
artificial o el high frequency trading no es nada sexy, pero
sus efectos han sido inmensos.
Me gusta el ejemplo del container porque
dirige la atención al papel que han desempeñado las manufacturas en la
globalización, que no sólo consiste en finanzas e Internet. Del mismo
modo, si la base de la economía española es el turismo y el ladrillo, es
razonable pensar que hay desarrollos tecnológicos cruciales que tienen
que ver con la obra pública, la ingeniería, etc. (...)" (Entrevista a César Rendueles, Andrés Carretero, CTXT, 29/10/17)
No hay comentarios:
Publicar un comentario