"Hace dos años era motivo de mofa. "El Gobierno de la geringonça",
o sea, de la chapuza, lo bautizó un analista de la prensa local creando
tendencia.
Ahora, en el ecuador de su legislatura, nadie se atreve a
hacer una afirmación así. Quienes vaticinaban un "mandato efímero", de
"gestores blandos" y apoyado en el "populismo antisistema" se ven
obligados a reconocer los datos del nuevo Portugal: el que ha frenado el austericidio, el que ha aglutinado a la izquierda, el que es piropeado por la Comisión Europea o el Fondo Monetario Internacional.
En el país vecino lleva las riendas un primer ministro socialista, Antonio Costa,
que no tiene socios en el Ejecutivo sino partidos en los que se apoya
puntualmente, con los que firma acuerdos bilaterales sobre políticas
concretas, permitiendo la gobernabilidad.
Es un escenario parecido al que dejaron las fallidas elecciones del 20 de diciembre de 2015 en España. Mariano Rajoy sin posibilidades de formar gabinete pese a su victoria, el rey encargando la tarea a Pedro Sánchez... En Portugal sí cuajó y da frutos el pacto que aquí estudiaron el PSOE y Unidos Podemos
y que nunca llegó.
Lo que hubiera pasado en nuestro país si se hubiera
replicado este pacto es cosa de periodismo ficción. Lo que sí tenemos
son datos concretos de lo bien que se están haciendo las cosas al otro
lado de la frontera, incluso por encima de lo esperado.
Por ejemplo: se ha acordado la subida gradual del
salario mínimo de un 25% en cuatro años -está ahora en 557 euros y a
finales de la legislatura alcanzará los 600 euros-; se ha devuelto al
tajo a 95.000 trabajadores que estaban en el paro;
la tasa de desempleo ha bajado al 9,4% (el mejor dato en una década),
cuando en plena crisis llegó a 16%; el crecimiento económico esperado
para este año es del 3%; el aumento anual de exportaciones a la UE
ha crecido un 10% y las de países no comunitarios, un 20%; se han
subido las pensiones y se han mejorado los salarios de los funcionarios
quienes, además, ahora trabajan 35 horas semanales; se ha aprobado
además un plan de choque contra la pobreza energética.
Más: Costa y sus aliados han recuperado la inversión
pública, hundida por los recortes, lo que se ha notado sobre todo en la
sanidad, que ha pasado de estar en el puesto 20 de los 35 países más
desarrollados de Europa a la 14, según el criterio de los propios
usuarios; ahora los libros de texto son gratis en el tramo de educación
primaria y se han suprimido los conciertos con centros privados en
aquellas zonas en las que ya hay un colegio o instituto público que
preste servicio; las becas universitarias se han incrementado, al tiempo
que han bajado las tasas; se han paralizado privatizaciones iniciadas
por la derecha -líneas de autobús, de metro, la compañía de aviones TAP...-
y se ha bajado el IVA de la restauración (del 23 al 13%), a la vez que
se ha creado un impuesto de patrimonio para viviendas de lujo de más de
500.000 euros.
DEL RESCATE A LOS APLAUSOS
Costa recibió un gobierno que se tuvo que enfrentar al rescate de Europa, de 78.000 millones de euros -una ruina- y le dejó un país con dos millones de personas en riesgo de pobreza, el 20% de la población. Al igual que pasó con Grecia, la Troika (FMI, la Comisión E y el Banco Central Europeo) impuso durísimas condiciones de austeridad, que llevaron a recortes generalizados aplicados por el anterior ejecutivo.
Sin embargo, ya en 2016, con el nuevo mando, el PIB
creció un 1,4%, en el último trimestre ya subió al 2% y acumula 13
trimestres consecutivos al alza, según datos del Ministerio de Finanzas que comanda Mario Centeno, al que se le conoce como el Cristiano Ronaldo de los dineros y cuyo nombre suena incluso para presidir el Eurogrupo.
El déficit fiscal lo han reducido hasta el 2,1%, cuatro décimas por
debajo de la exigencia que hizo Europa, el FMI, el BCE y hasta la propia
Administración portuguesa, una cifra desconocida desde que volvió la
democracia al país en 1975 y que se ha alcanzado antes de llegar a la mitad de la legislatura. En España, por comparar, supera el 4,30.
Algunos de los hitos que marcan este segundo año de
Gobierno son, por ejemplo, la salida en junio del procedimiento de
déficit excesivo, bajo el que se encontraba desde 2009. El pasado 30 de
junio, el Fondo Monetario Internacional aseguraba que Portugal había
conseguido un "progreso encomiable en afrontar los riesgos a corto
plazo" que se cernían sobre su economía.
Como detalla EFE, además "ha resonado especialmente la mejora que la agencia de calificación Standard and Poor's (S&P) realizó en septiembre de la nota de la deuda soberana del país, a la que sacó del nivel de bono basura, donde permanecía desde enero de 2012".
Fitch, otra agencia
internacional de calificación crediticia, ha destacado en sus análisis
la "habilidad" de Costa para poner orden en las políticas multicolores
propias y de sus apoyos y su capacidad de dar "estabilidad política
suficiente como para impulsar las reformas estructurales" que el estado
necesita.
Esta batería de logros, que la prensa europea empieza a
defender como un ejemplo a seguir para otras izquierdas comunitarias,
mantiene la intención de voto para el primer ministro -que no fue la
primera opción de los votantes portugueses- en un insólito 42%, casi 17
puntos por encima de los democristianos, según las encuestas.
¿Es perfecta la gestión de la izquierda portuguesa?
No. La deuda pública es de lo poco que no ha mejorado y alcanza el
130,4% del Producto Interno Bruto, más de 232.000 millones de euros, y
las perspectivas a corto plazo no son buenas.
La prima de riesgo de esa
deuda se ha triplicado con el actual primer ministro, aunque ha mejorado
sensiblemente ahora que su economía no se cataloga como BB+.
También está siendo difícil afrontar el coste de la recapitalización
bancaria, a medio acometer, con el sistema financiero aún endeble
-"salir de la UCI no es tener el alta hospitalaria", escriben en Público-.
Pero aún con todo lo trascendental que es la economía, lo que más daño ha hecho al Gobierno ha sido la oleada de incendios, que deja este año más de cien muertos, que le costó la dimisión a Constança Urbano de Sousa, la ministra del Interior, y llevó a que el pasado octubre la Asamblea portuguesa votase una moción de censura contra el Ejecutivo, que fue rechazada con 122 votos en contra y 105 a favor. (...)" (Carmen Rengel, HuffPost, 27/11/17)
"(...) Las cuentas públicas de Portugal estiman un crecimiento
de la economía para 2018 del 2,2% y una reducción del déficit hasta el
1%.
Estas son algunas de las medidas de signo progresista que contienen:
Menos impuestos las rentas bajas
En 2018, aumentan de cinco a siete los tramos de renta
del IRPF, conocido en Portugal como IRS y que tiene unos tipos muy
superiores a los de España. Se traducirá en una rebaja de la recaudación
que el Gobierno estima en unos 230 millones de euros.
Tributarán al
14,5% (como hasta ahora) las rentas de hasta 7.091 euros, pero se
introduce un tramo nuevo que grava con el 23% las que van de 7.091 a los
10.700 euros y otro al 28,5% para las comprendidas entre 10.700 y
20.261 euros. Tributarán al 35% las comprendidas entre 20.261 y 25.000
euros y al 37% las que estén entre 25.000 y 36.856 euros.
Todos estos tramos (salvo el primero) disfrutarán de una rebaja que no
afecta a los escalones más altos: para rentas de entre 36.856 euros y
80.640 euros el tipo se mantiene en el 45% y a partir de esa cifra, en
el 48%. (...)
Por último, se amplía el mínimo exento del IRS, que pasa
de los actuales 8.500 euros netos por unidad familiar a unos 8.980
euros. Beneficiará a unas 210.000 familias con bajos ingresos.
Más impuestos a grandes empresas
La denominada "derrama estadual" en el Impuesto de Sociedades para las empresas con beneficios superiores a 35 millones de euros anuales subirá dos puntos, del 7% al 9%. La subida recaudará unos 70 millones y afectará a un número "residual" de compañías, según Jornal de Negócios. (...)
Subida de las pensiones
En enero, todas las pensiones se actualizarán de acuerdo con una fórmula legal indexada a la evolución de la inflación y al crecimiento de la economía. En agosto habrá un aumento "extraordinario" de entre 6 y 10 euros mensuales a abonar para los 1,6 millones de pensionistas que reciben hasta 632 euros de prestación. (...)
Subidas de sueldo para los funcionarios públicos
La "descongelación" de las carreras profesionales de los empleados públicos se producirá en cuatro fases, 25% a partir de enero, otro 25% en septiembre, y ya en 2019, otras dos subidas en mayo y diciembre. Tendrá un impacto negativo en el déficit público de 211 millones, otros 222 millones en 2019 y 189 millones en 2020, según el diario Público.
Butano, libros de texto y parados
En el ámbito de la energía, se extenderá automáticamente el bono social de la electricidad y del gas natural al butano con una "tarifa solidaria" con descuentos para los usuarios vulnerables de esta fuente, que suelen ser familias de bajos recursos; en educación, habrá más libros de texto gratuitos en las escuelas públicas y una reducción de la ratio de alumnos por aula en la enseñanza básica; también se habilitan descuentos del 25% en el transporte público para niños de 4 a 18 años; y se pondrá fin a un recorte del 10% en el subsidio de desempleo cuando se agotan los seis meses de prestación. (...)
El principal punto de fricción ha sido un impuesto a las
energías renovables que fue descartado a última hora por los socialistas
el lunes.
La nueva tasa, que había sido propuesta
por el Bloco de Esquerda, habría extendido a la energía eólica la
"contribución extraordinaria" que fue creada para la generación
convencional por el anterior Gobierno en 2014. Habría permitido abaratar
el recibo de la luz en 2018 con una recaudación de unos 250 millones,
según los cálculos del diario Observador. La principal perjudicada
habría sido la antigua eléctrica estatal, EdP.
También se han quedado por el camino, entre otras medidas, un "impuesto a
la sal" que había propuesto el Gobierno para gravar este producto para
financiar el gasto sanitario y que iba a recaudar 30 millones. (...)" (Antonio M. Vélez, eldiario.es, 28/11/17)
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