8.1.19

Alberto Garzón: ¿Cómo conseguimos que las personas autoconsideradas de «clase media» pero precarizadas e inseguras sientan que son en realidad «clases populares» o «familias trabajadoras» y que por lo tanto están unidas a nuestros intereses? Estando en los barrios donde están esas personas, en sus bares, en sus lugares de socialización -pero también en sus whatsapp-, con una propuesta política bien elaborada... por ejemplo, con soluciones para el conflicto del taxi...

"Al grave problema que supone la ola reaccionaria que ha entrado en Andalucía hay que sumar la rabia que da ver que entre todos predijésemos este escenario y no hayamos sabido o podido evitarlo. Aunque, a decir verdad, la irrupción de la extrema derecha era hasta cierto punto inevitable porque como espacio político estaba incrustada en las entrañas del PP y sólo necesitaba de ciertas condiciones para emanciparse. 

El problema real lo tenemos en que ese hecho ha coincidido con una desmovilización muy notable de votantes de izquierdas que prefirieron la abstención a votar a nuestra candidatura o a la de otras organizaciones progresistas. Eso es enteramente culpa nuestra, y ahora nos toca acción, mucha acción, para revertir este panorama.

No obstante, reconozco que me preocupa la actitud que ha tomado una parte de la izquierda, al menos en redes sociales. La expiación de culpa es un fenómeno que no me atrae, pues me parece más útil la autocrítica y la propuesta. Lo de estos días alguien lo definió anoche como “navajeo” y no me parece una metáfora desencaminada. En vez de eso lo que necesitamos es unidad, claridad y mucha acción. 

 ¿A quién nos dirigimos?

Permitidme que comience con la pregunta base que nos hemos hecho en los últimos dos años, desde que soy coordinador de IU: «¿por qué no nos votan la clases populares?» Hace un año escribí un artículo exponiendo con detalle el problema, pues era un fenómeno generalizado en toda Europa y que ya habíamos estudiado en España, y acabé sugiriendo que la solución pasaba por «organizarnos en el conflicto». 

 La cuestión es: en una sociedad dividida en clases y fragmentada cultural y políticamente, ¿a quién nos dirigimos para que nos vote?  (...)

Tener presente la estructura social o la cultura es fundamental para abordar con éxito un proceso de mayoría.  (...)

Pero, ¿realmente estamos obligados a elegir? ¿no podemos acaso cambiar la realidad material sobre la que queremos incidir electoralmente?

La propuesta de IU

La propuesta que intentamos poner en marcha desde Izquierda Unida va por ahí. Tratamos de escapar de ese dilema centrándonos en lo material-práctico.  (...)

Pongo un ejemplo: yo no soy de clase trabajadora per se, sino porque a partir de mi experiencia y mis condiciones de vida alguien me ha explicado que eso es ser clase trabajadora. Y es verdad que la clase trabajadora industrial es actualmente una minoría, pero podemos construir la idea de que tenemos mucho más en común (clase trabajadora en general, clases populares, familias trabajadoras…). 

Y sin embargo esa construcción no es automática sino que se debe trabajar. Esto es lo que traté de explicar con el ejemplo del conflicto del taxi. ¿Cómo conseguimos que las personas autoconsideradas de «clase media» pero precarizadas e inseguras sientan que son en realidad «clases populares» o «familias trabajadoras» y que por lo tanto están unidas a nuestros intereses?

 Estando en los barrios donde están esas personas, en sus bares, en sus lugares de socialización -pero también en sus whatsapp-, con una propuesta política bien elaborada. No pretendo que unamos a las clases altas, pues creo en la lucha de clases y eso es imposible, pero bastaría con sumar a los que sufren las consecuencias más nefastas del capitalismo. No son el 99% pero suman para ganar elecciones, especialmente en períodos de crisis.

 Dicho de otra forma: creemos que la gente se identifica mejor con nuestro proyecto político común si esa gente comprueba que tiene que ver con la resolución de sus conflictos cotidianos, y creemos también que la gente forma su conciencia política en los espacios de socialización. No le restamos importancia a los discursos, pero no nos quedamos ahí. (...)

Creemos que esto genera unas bases mucho más sólidas y autónomas que la alternativa de depender, por ejemplo, de medios de comunicación ajenos. Lo que queremos decir es que si nosotros incidimos en la realidad, aquellos que en la fotografía hoy son moderados mañana pueden no serlo. 

Y que aquellos que son abstencionistas o incluso conservadores pueden cambiar de opinión y mañana hacerse rojos, verdes o morados. Pero para ello las organizaciones tienen que estar en la calle, en los barrios, en todo conflicto social y en todo espacio de socialización (que también incluye, por cierto, los espacios virtuales). 

Eso es lo que significa un intelectual colectivo, una organización capaz de penetrar en todos los ámbitos de la sociedad armada con su propia propuesta que crea identidad y que al mismo tiempo se deja mezclar.  (...)

En estos momentos la extrema derecha no ha llegado aún de forma significativa a los barrios obreros. Pero podría hacerlo. Que no lo consiga depende de nosotros. (...)

 No insistamos en ese error más tiempo. Y para evitarlo estaría bien que la izquierda dejara de pelearse por cosas como que si eres feminista no estás siendo de clase obrera y si estás siendo de clase obrera no estás siendo feminista. Que es el mismo problema de antes, en otra nueva versión. (...)

No es una propuesta accidental. Tampoco somos una tercera vía ni hemos inventado la rueda. Simplemente hemos aprendido de nuestros mayores, que para construir clase trabajadora montaban una sede del pueblo con un bar e invitaban a todo el barrio a socializar allí. 

Hemos aprendido del movimiento obrero, de la PAH y del movimiento ecologista y feminista (¿habéis visto alguna vez qué ocurre cuando una mujer va a un espacio feminista y escucha de otras mujeres las mismas experiencias que hasta entonces ella pensaba que le ocurrían en solitario?). 

Todas esas enseñanzas tratamos de incorporarlas en nuestro bagaje con el mismo objetivo: una mejor y más eficaz práctica política. (...)

Y aunque las autocitas son feas, hace poco más de dos años escribí un artículo que terminaba así: «la solución, en breve, no es representar al pueblo. Es ser pueblo.

 La solución no es que desde púlpitos acreditados, y tras debates escolásticos dignos de la autocomplacencia más pija, se propongan recetas mágicas para el juego de la representación institucional. La única forma posible de evitar la barbarie, sea en la forma de Trump, LePen o cualquier otra, es descender del reino de los cielos al reino más mundano de la vida cotidiana. 

Nuestro objetivo es convertirnos en conflicto, que es la cristalización de las contradicciones del sistema y de la globalización, y autoprotegernos y autoorganizarnos como clase, como víctimas de la crisis. (...)"                 (Alberto Garzón, Economía crítica y crítica de la economía, 05/12/18)

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