"Durante los últimos meses, Estados Unidos ha logrado convencer a una
cuarta parte de los países miembros de la ONU –entre ellos 19 países de
las Américas– para que no reconozcan el resultado de la elección
presidencial realizada en Venezuela en mayo de 2018. Por consiguiente,
esos países tampoco reconocen la legitimidad del segundo mandato del
presidente Maduro. (...)
La aplicación de un esquema ya utilizado
Contrariamente a lo que creen los venezolanos, el objetivo de Estados Unidos no es derrocar al presidente Maduro sino aplicar en la Cuenca del Caribe la doctrina Rumsfeld-Cebrowski de destrucción de las estructuras estatales en los países de la región. Eso exige, ciertamente, la eliminación de Nicolás Maduro, pero también la de Juan Guaidó.
Este esquema ya fue utilizado antes para convertir los incidentes
internos que tenían lugar en Siria en 2011 en una agresión externa
perpetrada por todo un ejército de mercenarios, en 2014. En el caso de
Venezuela, la Organización de Estados Americanos (OEA) –cuyo secretario general ya reconoció a Juan Guaidó como presidente– asume el papel que hizo la Liga Árabe en el caso de Siria.
El papel de los Amigos de Siria lo asume el Grupo de Lima, que se encarga de coordinar las posiciones diplomáticas de los aliados de Washington. Y Juan Guaidó hace el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun.
En el caso de Siria, Burham Galioun, quien desde hace mucho tiempo
colaboraba con la NED estadounidense, fue reemplazado por otro
personajillo, que a su vez fue reemplazado por otro, luego por otro y
por otro más, tantas veces que ya nadie recuerda su nombre. Juan Guaidó
será rápidamente desechado de la misma manera.
Pero el esquema sirio funcionó sólo en parte, en primer lugar porque
Rusia y China se opusieron reiteradamente en el Consejo de Seguridad de
la ONU. En segundo lugar, porque el pueblo sirio apoyó a la República
Árabe Siria y dio pruebas de excepcional resistencia. Y, finalmente,
porque Rusia logró respaldar y equipar al Ejército Árabe Sirio ante los
mercenarios extranjeros y la OTAN.(...)
En los próximos meses, el autoproclamado presidente interino Guaidó tratará de crear una administración paralela
para apoderarse del dinero del petróleo en varios litigios;
para “resolver” el diferendo territorial con Guyana;
para negociar la cuestión de los refugiados;
para cooperar con Washington y hacer encarcelar en Estados Unidos a los dirigentes venezolanos con diversos pretextos. (...)
Según la visión estadounidense una población está integrada a la
economía globalizada o vive en territorios que contienen recursos
naturales, recursos que Estados Unidos no explotará necesariamente pero
que siempre quiere controlar.
Y como esos recursos no pueden estar
simultáneamente bajo el control de los Estados-naciones donde
se encuentran y del Pentágono, Washington aspira a impedir el
funcionamiento de las estructuras estatales de esos países.
Cegar a los actores
Es posible que Juan Guaidó crea realmente que puede resolver la crisis y servir a su país autoproclamándose presidente interino. En realidad es lo contrario. Su autoproclamación creará una situación que será asimilada a una guerra civil. Guiadó, o sus sucesores, pedirán ayuda a Brasil, Guyana y Colombia, que desplegarán fuerzas “de paz” con apoyo de Israel, Reino Unido y Estados Unidos. La violencia continuará hasta que ciudades enteras estén en ruinas.
No importa que el gobierno de Venezuela sea bolivariano o liberal,
que sus relaciones con Estados Unidos sean buenas o no. El objetivo
no es lograr un “cambio de régimen” sino debilitar el Estado lo más
posible. Ese proceso comienza en Venezuela pero se extenderá
de inmediato a otros países de la región, como Nicaragua, hasta que
no quede verdadero poder político en el conjunto de esa región.
Esta situación es muy clara para numerosos árabes, cuyos países ya
cayeron en esa trampa. Pero, por el momento, los latinoamericanos
no parecen verla con claridad.
Por supuesto, también es posible que los venezolanos tomen conciencia
de la manipulación, dejen de lado sus divisiones y salven el país. " (Thierry Meyssan, Voltairenet.org, 25/01/19)
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