"Para vivir en Sayatón, Guadalajara, es importante
tener el calendario a mano. Los lunes viene el frutero; los miércoles,
el de los congelados; una vez al mes, el carnicero, y media hora al día,
el panadero. El médico pasa consulta solo una hora a la semana,
y el bar, en lugar del menú, tiene escrito en su pizarra un reducido
horario de apertura (aunque se pasa la mayor parte del tiempo vacío).
Con tan solo 50 habitantes, este municipio representa
a la perfección las dificultades que atraviesan los protagonistas de la
despoblación española. En los últimos 20 años, los pueblos de menos de 100 vecinos han aumentado un 60%, y precisamente Guadalajara lidera el 'ranking' de la España vacía, con 180 localidades en total.
Pero, esta semana, la quietud que normalmente campa a
sus anchas por Sayatón se ha visto perturbada por las cámaras de
televisión y su nombre ha sonado más que nunca en la radio. Una de sus
vecinas despidió el año en Twitter con una fotografía suya labrando,
acompañada de un mensaje que ponía en valor la labor de los ciudadanos más olvidados por las administraciones y las grandes urbes.
Terminando de sembrar.— Mª Ángeles Rosado (@gelesrosado) 31 de diciembre de 2018
Madre, jóven agricultora en Sayatón, pequeño municipio de 50 habitantes de Guadalajara, junto a la Sierra de Altomira, Red Natura 2000, sin colegio ni pediatra, médico una hora a la semana.
Y aquí seguimos, con una sonrisa, dando de comer al mundo. pic.twitter.com/6CdlHHaKHY
En cuestión de horas alcanzó miles de retuits y
comentarios de personas que se sentían identificadas con su sutil
crítica a la falta de servicios con la que convive a diario. “La verdad
es que estoy un poco desbordada con tanta gente llamándome y mandando
mensajes. Hoy ni he podido trabajar atendiendo a los medios”, cuenta
María Ángeles Rosado mientras enseña, orgullosa, el pueblo al que llegó
hace ahora 20 años.
Aunque nació en Ciudad Real, el trabajo de pastor de
su padre la llevó hasta esta zona de la sierra alcarreña. Aquí,
compaginó sus estudios de Ciencias Políticas con un puesto de camarera
los fines de semana y periodos veraniegos. “Cuando tenía ocho años hubo
una catástrofe medioambiental, no recuerdo exactamente cuál, pero sí que vi a mi padre y a mi abuelo llorando y decidí que quería ser ministra de Agricultura
para arregarlo.
Pregunté a mi madre qué tenía que hacer, y me dijo que
estudiar Políticas”. Unos años después cumplió su objetivo, pero por el
camino se desencantó de la profesión y se enamoró de su marido desde el
otro lado de la barra. “Me di cuenta de que el diseño de las políticas
públicas no se hace en función de las necesidades reales de la
población, sino de los rendimientos electorales”, reflexiona.
El ejemplo más claro lo tiene al lado de su casa. Un
enorme frontón con el verde descolorido cultiva malas hierbas sin que
haya sido prácticamente estrenado. Cuando se construyó, solo había empadronado un niño en todo el pueblo.
“Nadie preguntó si hacía falta o no, se hizo y punto, gastando miles de
euros, cuando el pueblo necesitaba muchas otras cosas”.
Ahora, hay seis niños en todo Sayatón, de los cuales
dos son hijos de María Ángeles. Cada día los lleva en coche hasta el
colegio en el vecino pueblo de Pastrana, a 15 kilómetros de distancia,
un camino que recorre hasta ocho veces. “Una vez lo calculé, y hago unos 120 kilómetros al día,
porque entre ir y volver a buscarles, comer, llevarles a
extraescolares... En total, gasto al año 5.000 euros en kilometraje solo
en eso. Vamos, que me da para pagarles un máster”, bromea.
Por el
pueblo sí pasa un autobús escolar, pero los lleva a otro colegio con un
número reducido de alumnos y peor nivel educativo, del que varios padres
tuvieron que sacar a sus hijos por problemas con el centro. “Cuando
vives en el medio rural, se te quita el derecho a la libre elección: pierdes el transporte, el derecho a becas… todo”.
Pero el trayecto escolar no es la única odisea que atraviesa en su vida
cotidiana. Si alguno de ellos se pone enfermo, tiene que llevarlos hasta
su médico de cabecera, sea donde sea que le toque pasar consulta ese
día: “Sería tan sencillo como llevarlos a Pastrana, donde sí hay centro
médico, pero me dicen que no me corresponde, así que tengo que estar 'buscando a Wally' por una cuestión simplemente burocrática”.
A pesar de que muchas gestiones, como la tramitación de la PAC, tiene
que hacerlas por internet, la conectividad también está tardando en
llegar hasta aquí. “El otro día, para actualizar Windows, estuve 15
horas. Nadie puede plantearse, por ejemplo, vender aceite o quesos por
internet, que puede ser una salida para muchos agricultores de por
aquí”.
En Sayatón solo hay cuatro familias jóvenes, y tres
de ellas están ligadas a la agricultura, a pesar de las dificultades que
también en esto atraviesan, por el entorno en el que se encuentran. Sus
tierras están rodeadas por áreas protegidas por la Red Natura 2000
y la Ley de Montes, lo que condiciona mucho, asegura María Ángeles, su
trabajo.
“Somos cinco personas trabajando la tierra y tenemos a dos
agentes forestales detrás. Si queremos cultivar una zona con pinos, por
ejemplo, no te dejan. Vamos a ver, si estoy generando riqueza en el
entorno, ¡planta los pinos en otro lado!
Pero déjame ampliar mi explotación y crecer, porque al final también
estamos haciendo una labor de conservación contra incendios que de otra
forma tendría que hacer la Junta gastando muchísimo dinero.
Nosotros lo
hacemos a coste cero simplemente porque estamos trabajando la tierra.
Hay que buscar un equilibrio, lo que no es normal es que en estas zonas
estén más protegidas las aves que los niños”.
Las tierras de María Ángeles son de cebada y de olivo
ecológico, lo cual, reconoce, no le ha aportado prácticamente ninguna
ventaja a pesar de resultar más respetuoso con el medio ambiente. Las
saca adelante a medias con su marido y un trabajador que tienen
contratado.
De hecho, fue la primera mujer de Guadalajara en estrenar la Ley de Titularidad Compartida,
que por primera vez reconocía el reparto equitativo de los rendimientos
de la labranza a ambos miembros de una pareja. Por eso, reivindica el
papel de las mujeres en el mundo rural: “Somos las que decidimos dónde
se establece la vivienda familiar. Si no te amoldas a vivir en un sitio
donde no hay colegio, médico, reconocimiento laboral… te vas. Hay que mimarnos, porque somos un motor en zonas como esta”. (...)
Lo cierto es que los sayatoneros más veteranos están acostumbrados a que, en lugar de avanzar, su pueblo no haga más que retroceder en el tiempo, y hacen recuento con nostalgia de lo que un día fueron sus calles: “Aquí ha habido tres tiendas, dos colegios, tres bares… Hasta podías ir en tren a Madrid. Lo cogías aquí y te llevaba al Hospital del Niño Jesús, aunque tardabas cinco o seis horas, eso sí”, recuerda Julia Lago, una jubilada que ha vivido toda la vida en el pueblo. (...)
Tampoco hay ningún cajero en todo el municipio,
por lo que el cobro de los pensiones se resuelve de una manera bastante
peculiar: una vez al mes, el director de algún banco de la comarca va
pueblo por pueblo con dinero en metálico avisando a los clientes para entregarles el dinero de su pensión.
Por motivos de seguridad, nunca saben qué día es hasta que les avisa un
rato antes. “En mi caso, porque todavía puedo conducir, pero aquí en
cuanto no puedes manejarte solo, no puedes vivir”, se queja Julia. (...)
“Yo entiendo que económicamente no es viable que en un pueblo tan
pequeño haya de todo. No pido eso, pero sí creo que hay puntos
intermedios que se pueden fomentar”, añade María Ángeles, quien propone,
por ejemplo, ventajas fiscales
para quien decida mudarse a un pueblo con problemas demográficos, como
ya ocurre con las Canarias o en Laponia.
También gestos políticos, como
que las consejerías no estén tan centralizadas en las capitales autónomas
para dispersar así la presencia funcionarial —y con ella la actividad
económica que genera— por el territorio. “Los agricultores somos los
últimos en irnos del medio rural porque somos los únicos que podemos dar
empleo”, continúa.
“Aquí no va a venir la Nissan, ni Coca-Cola, y por
eso creo que hay que ponernos más en valor. Somos un eslabón más en la
gran cooperativa de la sociedad. Al final, estamos trabajando para
todos, y sin leer noticias puedes pasar unos días, pero no sin comer”. (María Zuil, El Confidencial, 07/01/19)
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