4.1.19

El conflicto sirio jamás fue una guerra puramente civil. Se trata, desde su comienzo, de un enfrentamiento internacionalizado en el que se están enfrentando combatientes de todo el mundo patrocinados por las principales potencias económicas y militares...

"Decir que la guerra en Siria empezó porque el Gobierno decidió ignorar y responder con balas a las demandas de reformas y más democracia por parte de un sector de la población, sencillamente, es repetir una mentira que no se sostiene.

Las protestas de la “primavera siria” adquirieron enseguida un carácter violento. Por poner un ejemplo, el tercer día de protestas los manifestantes prendieron fuego en Daraa al Palacio de Justicia, las sedes de dos compañías telefónicas, la sede del Partido Baaz y varios edificios más. Desde el inicio de las protestas el Estado había perdido el monopolio de la violencia. 

El 6 de junio de 2011, solo tres meses después de las primeras protestas y antes de que hubiese estallado la guerra, los opositores ejecutaron a 120 soldados sirios. Para ese momento ya se hablaba de 400 miembros de las Fuerzas de Seguridad asesinados y otros 1.300 heridos.

Tampoco se trataba de una insurrección popular. Poco antes de las revueltas de marzo conocidas como ‘la revolución’, en febrero de 2011 se intentó convocar un Día de la Ira. Fue un fracaso. Ya entonces medios como el New York Times aseguraban que la oposición no tenía base social y que estaba ligada a organizaciones integristas.  

En 2014 había al menos 81 nacionalidades distintas combatiendo en el bando rebelde dentro del país. Se había declarado una yihad en la que la única democracia que les valía a los rebeldes era la ley islámica lograda a través de la espada contra un gobierno al que definen como herético. 

El Gobierno de El Assad sabía que, desde el inicio de las protestas en 2011, entre los manifestantes con demandas legítimas había opositores islamistas que tenían como objetivo acabar con el Baaz. Por esta razón realizó una serie de concesiones, como poner fin al estado de emergencia y otorgar una mayor apertura política, que tenían como objetivo apaciguar a los moderados, contentar a los conservadores suníes y liberar la presión internacional. 

Para el sector más radical de la oposición estas reformas no fueron suficientes ya que el Estado se mantenía secular y con una economía fuertemente regulada, con los sectores estratégicos estaban nacionalizados. En el exterior, las potencias hostiles tampoco veían con buenos ojos que Siria se mantuviese con Irán y Hezbollah dentro del Eje de Resistencia y que la inversión extranjera y las importaciones siguiesen restringidas para potenciar un mercado propio que, como la banca, estaba controlado por el Estado.  

Estas medidas, a pesar de democratizar el espectro político con la aparición de nuevas asociaciones y partidos como el Foro Cultural por los Derechos Humanos, las vieron los islamistas como una debilidad que fracturó la frágil estabilidad de Siria (...)

Si existieran los 70.000 combatientes moderados que el primer ministro británico David Cameron dijo apoyar en 2015 –y que periodistas como Robert Fisk cuestionaron alegando que a duras penas habría 700 o incluso 70–, lo cierto es que estos no suponen un grueso de población suficiente para justificar una guerra  (...)

Cameron tuvo que reconocer poco después que entre los 70.000 combatientes supuestamente moderados que apoyaría Reino Unido también se encontraban “islamistas de línea dura”, que resultaron ser la mayoría.  

El Centro de Operaciones Militares (MOC) de Amán, formado por EE.UU., Jordania, Reino Unido, Francia, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, juega también un papel vital en el conflicto sirio dando apoyo económico, militar y logístico a los rebeldes y coordinando operaciones conjuntas desde la base militar situada en el paso fronterizo sirio-jordano de al-Tanf. 

El apoyo económico y militar que brindaba el Centro de Operaciones Militares de Amán a los considerados rebeldes moderados del Ejército Libre Sirio hizo que grupos de carácter extremista como la Brigada Osama Bin Laden decidiesen unirse al mismo. 

Gracias al apoyo indiscriminado de Estados Unidos, Arabia Saudí, Qatar y Jordania a estos grupos, pudieron hacerse fuertes milicias como el Frente de los Revolucionarios Sirios, que hasta su derrota en Daraa se mantuvieron aliados al por entonces brazo de al-Qaeda en Siria, Jabhat al-Nusra, el grupo más fuerte de la oposición hasta la escisión del Estado Islámico. 

En 2012 el New York Times explicaba cómo la mayoría del armamento enviado a los rebeldes terminaba en manos de grupos extremistas. Unas estructuras fuertes, mayor organización y experiencia militar adquirida en diferentes frentes, hicieron que Jabhat al-Nusra dominase. 

Incluso el líder del Ejército Libre Sirio, Riyad al-Asaad, reconoció que Nusra se había convertido en una organización referente hacia la que estaban orbitando la mayoría de rebeldes.Figuras prominentes de los rebeldes,  que se convirtieron en la cara visible y mediática de la revolución, terminaron mostrando su simpatía por al-Qaeda y Estado Islámico  (...)

El Frente de los Revolucionario Sirios no es la excepción, ya que dentro de los rebeldes apoyados desde el exterior, sobre todo por Turquía, se encuentra Ahrar al-Sham, una coalición de islamistas que durante los primeros años de la guerra logró imponerse sobre los grupos menores. Gracias al apoyo turco y qatarí, en sus mejores años contaban con 20.000 combatientes y lideraban el Frente Islámico, una coalición de 45.000 efectivos.

Desde el primer momento la oposición siria se organizó en el extranjero. Principalmente en Turquía, donde se creó el embrión del Ejército Libre Sirio en 2011, ya que el gobierno de Erdogan y su partido, el AKP, están ligados a los Hermanos Musulmanes, que son quienes alimentaron desde el principio la violencia en las protestas. 

Las autoridades turcas facilitasen a los rebeldes poder atacar Siria desde su territorio, potenció en gran medida su capacidad para desestabilizar el país cuando se encontraba en un punto de no retorno después de que las protestas escalasen a conflictos tribales con sangre de por medio.

Los rebeldes no solo se han beneficiado del apoyo del MOC y de Turquía. La organización “Amigos de Siria”, un colectivo ajeno al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impulsado por Nicolas Sarkozy, Estados Unidos, Turquía, países europeos y petromonarquías del Golfo, ha financiado a organizaciones islamistas afiliadas al Ejército Libre Sirio como Faylaq al-Sham, Tajamo Fastaqim, Jaysh al-Mujahideen y Jaysh al-Idlib, los cuales son cercanos a la unión de diferentes grupos yihadistas Ahrar al-Sham. 

Los líderes y fundadores de Ahrar al-Sham fueron liberados de la prisión de Sednaya en 2011 por presión internacional ante las demandas de los manifestantes al ser considerados presos políticos moderados, aunque ya por entonces hablaban en sus discursos de matar a los nusayríes y los rafida (términos despectivos con los que se refieren a los alawitas y chiíes). 

Los Hermanos Musulmanes, a través de Mohammed Surur Zein al-Abidin, optaron por dar apoyo y financiación a grupos menos conocidos pero también importantes como Jabhat Tahrir Suriyya al-Islamiyya, Batallón Farouq, Suqour al-Sham y la Brigada Tawhid entre muchos otros. Sin embargo, la principal apuesta de los Hermanos fue Jaysh al-Islam, un grupo salafista que se configuró como el más importante junto con Ahrar al-Sham y Jabhat al-Nusra, hasta que su líder, Zahrar Alloush, murió en un bombardeo ruso provocando una lucha interna por el poder de la que nunca se recuperaron.

En 2014, Estados Unidos entró a apoyar a las YPG kurdas (que buscan crear una autonomía en los territorios que controlan en el norte y este de Siria) y parte del Ejército Libre Sirio (ELS) en la batalla de Kobane contra el Estado Islámico. Cuando el ejército sirio tuvo que retirarse del norte de Siria por falta de efectivos, al estar en demasiados frentes, los kurdos que no quisieron integrarse en las Fuerzas de Defensa Nacional se hicieron con el control de la localidad fronteriza con Turquía apoyados por los rebeldes del Ejército Libre Sirio que habían estado enfrentándose al bando gubernamental. Un año más tarde, Estados Unidos creó las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) para aglutinar en un mismo grupo a los rebeldes más distanciados de al-Qaeda y a las YPG.  

A pesar de la imagen de moderación que se han labrado las Fuerzas Democráticas Sirias en occidente, en su seno cuentan con organizaciones islamistas como la Brigada de los Revolucionarios de Raqqa, que antes de las FDS eran aliados de al-Qaeda en Siria, y Liwa Owais al-Qorani, que combatían del lado del Estado Islámico en Tabqa. En enero de 2018, las Fuerzas Democráticas Sirias liberaron a 400 miembros del Estado Islámico capturados, de los cuales 120 se integraron en las FDS de Deir Ezzor y Hasaka. 

Además del patrocinio de EE.UU., las FDS han recibido 100 millones de dólares saudíes que sirven para financiar la guerra pero también para contratar mercenarios de la empresa de seguridad privada Castle International.

 Para 2012 el Gobierno sirio no había caído, y los bandos del conflicto ya estaban establecidos. En ese contexto, 2013 se convertiría en el año en que las potencias regionales e internacionales comenzasen su pugna por dominar tanto Siria como la región y reinventar el orden mundial tal y como lo conocíamos hasta entonces.  

(...) silenciada desde el exterior, se encuentra la oposición oficialista. En ella  destacan el Comité Nacional de Coordinación de las Fuerzas del Cambio, formado por diferentes partidos que apuestan por la solución pacífica y liderado por los nasseristas, y el Partido Social Nacionalista Sirio, en liza hasta agosto de 2014. 

Aunque los miembros de la oposición oficialista como el líder del Partido Social Nacionalista Sirio (PSNS), Ali Haidar, se consideran opositores y aseguran que no descansarán hasta derrocar al Baaz, durante la guerra han decidido formar un gobierno de unidad. Lo que los diferencia de la oposición armada es que apuestan por la vía pacífica para lograr los cambios, por el secularismo del Estado y por rechazar cualquier tipo de injerencia externa para desestabilizar el país.

Los partidos de la oposición oficialista cuentan con sedes en Damasco y tienen permitida la utilización de milicias propias que combaten en la guerra, como ‘Las Águilas del Torbellino’ del PSNS, o la Resistencia Siria, fundada por el comunista Mihrac Ural y asociada con grupos armados turcos como el Frente Popular de Liberación DHPC-C.  (...)"               (Alberto Rodríguez, CTXT, 02/01/19)

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