"Andamos todos los observadores de las negociaciones madrileñas de las
derechas desconcertados con Ciudadanos. Hay demasiadas pruebas ya de que
muchas veces los actores políticos no actúan racionalmente y se suicidan sin que nadie consiga entender qué estrategia llevó a dar pasos tan incomprensibles (...)
Sin embargo, siempre intentamos entender por qué los
partidos hacen lo que hacen en clave racional: si hacen A es porque
buscan B.
En el caso de la inmolación de Ciudadanos a manos del
Partido Popular uno puede escuchar o leer a analistas y propagandistas
de izquierda a derecha y el consenso es el rotundo fracaso de la táctica en la que está inmersa la organización de Albert Rivera sin que nadie sea capaz de entender qué razones puede haber para mantener su subalterna contumacia.
Se podía entender la apuesta por reemplazar al PP y
por tanto su nítida ubicación en el bloque de la derecha hasta las
elecciones generales; se podía comprender que para las municipales y las
autonómicas apenas daba tiempo de girar un discurso sin dar excesiva
vergüenza ajena; o que pensaran que en algunos sitios relevantes
quedarían por delante del PP y la alianza de las derechas repartiría
poder e imaginario.
Pero tras el 26 de mayo las cartas ya están
repartidas y a Ciudadanos le dejaron un recado muy claro: en el bloque
de derechas sólo iban a ser una muleta patética del PP en todas partes y siempre acosado por el histrionismo fanático de Vox.
Y aún así Ciudadanos persiste en su aparente suicidio sin aprovechar,
siquiera, ocasiones para el regate como es el supuesto parón en las
negociaciones de gobiernos autonómicos (Madrid, por ejemplo) o incluso
del nacional. Nada: Ciudadanos insiste aún a costa de espantosos
ridículos como las mentiras sobre Macron o la ruptura con Manuel Valls.
¿Puede ser que haya una estrategia política tras este
aparente camino al suicidio de Ciudadanos? Puede ser, pero sólo se me
ocurre una.
A los pocos días de la moción de censura que sacó al
PP de la Moncloa, Cayetana Álvarez de Toledo escribió un importante
artículo en El Mundo. Entonces era importante
por venir de uno de los referentes intelectuales de FAES. Cuando Casado
la rescató para el Partido Popular debimos interpretar la asunción de
aquella propuesta como línea estratégica del PP.
Aquel artículo,
titulado “Una papeleta”,
partía de un lúcido diagnóstico: la moción de censura suponía un
durísimo golpe para la derecha española del que solo se recuperaría
mediante algo así como una refundación conjunta. Y la que ella proponía
era clara: que Partido Popular y Ciudadanos buscasen los caminos para ir juntos a las elecciones
en una sola papeleta. Si podía ser en un nuevo y único partido, mejor;
si eso era demasiado difícil, buscando estrategias unitarias que
condujesen a la coalición electoral.
El diagnóstico de Álvarez de Toledo era tan acertado
que se quedó corto: en las primeras elecciones que hubo tras la moción
de censura irrumpió Vox, una escisión fanática del PP que hacía aún más
complicado el rompecabezas de la recomposición de la derecha dividida ya
no en dos sino en tres. Es posible, solo posible, que el análisis de
Álvarez de Toledo sea también el de Albert Rivera. Que todos sus movimientos estén orientados exclusivamente a la fusión orgánica con el PP.
Ello explicaría algunos de sus movimientos. Si existe el proyecto de construir un bloque con el PP, Albert Rivera
no puede permitirse ni una fuga de poder del PP ni siquiera allí donde
parezca una necesidad más flagrante tras décadas de corrupción
estructural, con un mal resultado electoral del PP, con el atasco de las
negociaciones en la derecha: serían dificultades a afrontar, pero el
proyecto de fusión con el PP no permitiría que la solución fuera un
gobierno decente y demócrata.
Pero, además, podemos pensar que el
proyecto de Rivera pasa por dejar fuera de esa fusión a Vox
y arrinconar a los ultras hasta que desaparezcan como un partido fugaz
en un momento crítico (algo que, ciertamente, parece un destino cada vez
más probable).
Para ese proyecto tendría ciertamente sentido la obsesión de tejer gobiernos mixtos entre el PP y Ciudadanos y recoger gustosos las políticas de Vox evitando en lo posible su entrada en las fotos,
los cargos… Es decir: apretar los lazos entre PP y Ciudadanos
independientemente de los intereses de la ciudadanía, sin tener en
cuenta los años de corrupción o los escándalos judiciales que esperan al
PP (y mancharán a sus socios) en los próximos meses; e intentar que
esos lazos dejen orgánicamente fuera a Vox.
Las elecciones de abril y
mayo habrían sido una suerte de fase previa de un congreso constituyente
en la que se habría repartido el número de delegados; Ciudadanos habría
salido peor parado en ese reparto de lo deseado, pero no por ello va a
dejar de apostar por el partido en constitución. (...)
O quizás no; quizás sea sólo que lo están haciendo todo mal. Que siempre es una posibilidad."
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