"Cuando Blackstone entró en el negocio inmobiliario
español, lo hizo por la puerta grande. Eran los años 2012-2013 y su
primera gran compra fue un paquete de más de 1.800 viviendas de
protección oficial al Ayuntamiento de Ana Botella.
Lo hizo a través de
Fidere, su filial en España, conformada como un grupo de socimis
—acrónimo de sociedad cotizadas anónimas de inversión en el mercado
inmobiliaria— que se ha ido agrandando en los últimos años.
La compra de vivienda pública en España no es algo original en la estrategia de negocios de este gran fondo de inversión Fondo de inversión Un
fondo de inversión reúne el dinero de varios inversores. Los
administradores del fondo han de administrar el dinero según un
documento en el que se describe cómo será éste colocado. En Estados
Unidos les llaman mutual funds y en Gran Bretaña investment funds.
, para el que el negocio inmobiliario supone ya cerca de la mitad de
sus ganancias —1.318 millones de dólares solo en el primer trimestre de
este año, según aparece en su último informe financiero—
.
“Somos uno de los mayores fondos privados de bienes raíces del mundo
en la actualidad, con 140.000 millones de bienes gestionados. Operamos
por todo el mundo con inversiones y gente en Norteamérica, Europa, Asia y
América Latina”, explica en su web. Sin embargo, sus orígenes
estuvieron más ligados a la compra, fusión y venta de empresas.
Blackstone nació como una spin-off de Lehman
Brothers, entidad financiera que llegó a convertirse en el cuarto banco
de inversión a nivel mundial justo antes de su quiebra, en septiembre de
2008. ¿Os dice algo este año? Fue el año de la gran crisis económica
que se desató al pincharse el negocio de las hipotecas basura —o
subprime, como se conocen en su país de origen, Estados Unidos—. Una
crisis económica de la que precisamente Lehman Brothers fue su principal
causa.(...)
La llegada de Blackstone a España fue precedida de un fichaje estrella,
el de Claudio Boada, que pasó a ser asesor del gigante estadounidense
para sus negocios en el país en junio de 2012. No era casual. Boada, que
también había pasado por Lehmann Brothers, había sido presidente del
Círculo de Empresarios durante ocho años y también había tenido altos
cargos en Banco de Bilbao (antecesor del BBVA), entre un puñado de otras
empresas, según se relata en un perfil sobre este empresario publicado
por Merca2.
Boada es parte de una estirpe relacionada durante décadas con el poder
en España desde que su padre, Claudio Boada Villalonga, fue situado, por
arte del régimen franquista, al frente del Instituto Nacional de
Industria (INI) y, después, del Instituto Nacional de Hidrocarburos y
del Banco Hispano Americano.
La compra de 1.800 viviendas al Gobierno de Ana
Botella hizo que el nombre de Blackstone comenzara a sonar familiar en
España, pero esa solo sería la primera de una larga serie de operaciones
que han tenido como protagonista la vivienda española.
En 2014, el
fondo estadounidense compró 100.000 hipotecas subprime —las mismas que
provocaron la crisis financiera de 2008— a Catalunya Banc valoradas en
5.670 millones de euros y de las que, a día de hoy, le quedan unas
11.000 de las que se quiere deshacer a través de Bank of America, según
publicaba en junio El Confidencial.
Era parte de la estrategia de negocio para la que se había fichado a
Boada: llevarse réditos de la reestructuración bancaria que ha costado a
las arcas públicas más de 54.000 millones de euros.
En 2016, según un estudio de Solvia (Banco Sabadell),
Blackstone era ya la tercera empresa privada con más viviendas en
propiedad en España, solo por detrás de CaixaBanc y Lazora —que compró,
junto a Goldman Sachs, 3.000 viviendas protegidas a la Comunidad de
Madrid también en 2013—. Pero aún siguió comprando patrimonio. La
siguiente gran compra, en 2017, fueron más de 12.000 millones en pisos y
locales del Banco Popular,
en pleno desmembramiento.
No pasó más que un año hasta que Blackstone
se hizo también líder hotelero español con la compra de Hispania, una
socimi especializada en hoteles que atesoraba más de 13.000 habitaciones
en la península. Ese mismo año, 2018, Blackstone compró papeletas de
otro de los sectores que habían hecho saltar las alarmas en España, el
del juego. La compra de Cirsa, por 2.000 millones de euros, les supuso
convertirse en uno de los líderes mundiales del juego, con cientos de
casinos, locales de máquinas recreativas y la primera marca en apuestas
deportivas, Sportium.
Para su negocio español, Blackstone montó una serie
socimis, una figura jurídica con enormes ventajas fiscales traída a
España en 2009 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero a imagen y
semejanza del Real Estate Investment Trust estadounidense.
Euripo —2.000 viviendas—, Torbel —2.500 viviendas—,
Albirana —5.000 viviendas—, Testa —10.600 viviendas— y Corona —cuatro
edificios de oficinas que dieron un millón de euros en beneficios en
2018—, junto a Hispania, su última adquisición —hoteles—, son las
figuras con las que Blackstone juega en España. A ellas se une Fidere,
un grupo de socimis especializadas en la compra de vivienda pública y de
alquiler, con 6.400 inmuebles a cierre de 2018.
Nos centramos en Fidere.
(...) Según las cuentas de 2018 de Fidere Patrimonio
Socimi, matriz del grupo, esta dispone de hasta 14 subsocimis, a las que
se suman Prygecam Móstoles Vivienda Joven S.L., Fidere IP 4, Fidere IP 6
y Fidere Projects S.L.U., que no cotizan como socimis y, por lo tanto,
pagan el impuesto de sociedades —pero son las que cuentan con menos
activos—.
En 2018 alcanzó los 30 millones de euros en
beneficios y contaba con inmuebles por valor de 1.090 millones de euros,
más de un 25% más del importe que Blackstone pagó por ellos —731,7
millones de euros—. Y también soporta 500.000 millones de euros con
Citibank y otros 60.000 con Bankia. Cuenta con bloques de viviendas en
Barcelona, Guadalajara, Canarias, Cádiz, Barcelona y otras tantas
provincias, pero la práctica totalidad de su actividad inmobiliaria —el
95% según se expresa en las cuentas— está localizada en la Comunidad de
Madrid.
“Se está estableciendo una línea de confrontación
social contra Blackstone”, señalaba a El Salto hace escasas semanas José
Luis de la Flor. Es una de las personas del Sindicato de Inquilinos e
Inquilinas de Madrid que está detrás de la plataforma de vecinos,
inquilinos de este fondo de inversión, que se han plantado ante la
subida de alquileres en sus viviendas.
Aumentos de hasta el 80%, tener
que pagar la comunidad de vecinos y hasta el IBI son algunos de los
cambios con los que se han encontrado, anunciados por burofax, vecinos
de los bloques de El Bolao, Honrubia y Bulevar de la Naturaleza —en
Ensanche de Vallecas—, o Juan Gris —en Torrejón de Ardoz. Solo en
Carabanchel, Blackstone —a través de Fidere— atesora más de mil
viviendas, a las que se suman otras cerca de mil en Vallecas. Son
bloques que, en algunos casos, como el ubicado en la calle José Tamayo,
llegan a las 300 viviendas que hasta hace pocos años eran protegidas,
para personas con pocos recursos.
También en Barcelona, donde el fondo de inversión se
ha hecho con cuatro bloques de viviendas, ha encontrado resistencias.
Durante 15 días, los vecinos del Raval han realizado actividades día y
noche para evitar que Blackstone desalojara el bloque de la calle Hospital.
Una batalla que han ganado los vecinos, pero también Blackstone: un
acuerdo de 700 euros de alquiler del que los inquilinos pagarán un
importe no superior al 30% de sus ingresos, y del que el resto será
sufragado por el Ayuntamiento."
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