"(...) Las elecciones celebradas el 9 de septiembre de 2018 se saldaron con el
peor resultado obtenido por los socialdemócratas suecos (Socialdemokratiska Arbetareparti, sap ) desde que en
1911 se introdujera el sufragio masculino cuasi universal. Entonces, el
partido recibió 28,5% de los votos; esta vez, consiguió 28,3%. Se perdió
todo un siglo de avance electoral. (...)
Fueron los propios líderes del sap quienes comenzaron la contrarreforma
socioeconómica a comienzos de la década de 1980. El giro neoliberal
comenzó como una especie de gestión de la crisis. El sector exportador
se estaba volviendo menos competitivo debido a sus costos. Los
productores de textiles y prendas de vestir que quedaban fueron
barridos, los astilleros coreanos y japoneses superaron finalmente a los
suecos, y los sectores del acero y la silvicultura se vieron obligados a
reducir su tamaño.
La rentabilidad era baja, y también la inversión. La
balanza de pagos estuvo en números rojos entre 1978 y 1981, y la
participación de los beneficios en el valor agregado cayó de 30% en la
década de 1960 y comienzos de la de 1970 a 24% en 1978. Esto se presentó
como una amenaza para los puestos de trabajo, aunque los niveles de
empleo seguían subiendo a pesar de la crisis internacional. (...)
La década de 1980 fue testigo del avance internacional de la teoría
económica neoliberal. En ese marco, un grupo de economistas del sap
organizó un seminario para estudiar las nuevas ideas de Chicago que
consiguió llegar a los oídos del ministro de Finanzas, Kjell-Olof Feldt,
y del gobernador del Banco Central. La mercantilización y el control de
la inflación se convirtieron en las nuevas prioridades de la política
socialdemócrata. En 1985, este grupo impuso la liberalización de los
mercados de crédito y de capitales en Suecia. (...)
Estas decisiones, junto con la reorganización de la Bolsa de Estocolmo,
durante mucho tiempo adormecida, abrieron las compuertas al capital
financiero especulativo, tanto nacional como extranjero. Esto generó a
su vez, en 1991, una crisis financiera de origen interno, que puso fin
al pleno empleo en Suecia, redujo el pib en un 4% y les costó a los
contribuyentes otro 4% del pib para rescatar a los bancos. (...)
Los socialdemócratas consiguieron volver a estabilizar la economía y
liberar al país de su dependencia de los banqueros neoyorquinos. Fue un
logro a corto plazo, sin embargo, conseguido con duras medidas de
austeridad, y no incluyó un replanteamiento de la privatización, la
mercantilización o la «nueva gestión pública» –que utiliza las prácticas
de las grandes empresas en los servicios públicos– y, mucho menos,
preocupación igualitaria alguna.
Las coaliciones burguesas y las
lideradas por el sap , que se han alternado en el poder desde 1991, han
actuado, por el contrario, como corredoras de relevos en la promoción de
la desigualdad y la especulación. Juntas han eliminado los impuestos a
la herencia y sobre el patrimonio y los bienes inmuebles, han hecho que
los rendimientos del capital tributen menos que los ingresos del trabajo
y han restringido la escala de las prestaciones sociales, además de
endurecer el acceso a ellas.
Hace dos años, la revista Forbes
declaraba que «Suecia encabeza la lista de los mejores países para hacer
negocios en 2017», aunque se trataba de un país gobernado por
socialdemócratas4.La
desigualdad económica se ha disparado. La tasa de ingreso disponible ha
aumentado 60% desde 1980 –de un coeficiente de Gini de 0,20 a 0,32 en
2013–, lo que devolvió la distribución de ingresos del país al nivel de
la década de 1940 o quizá finales de la de 1930.
Dos tercios de ese
aumento pueden atribuirse a las decisiones políticas referentes a los
impuestos y a las transferencias sociales, y solo un tercio a una
distribución más desigual de la renta familiar bruta. La actual
distribución de la renta en Suecia guarda cierta semejanza con la
inglesa de 1688. El 0,1% más rico tiene en promedio una renta
disponible, después de impuestos y transferencias, 38 veces superior a
la del asalariado medio. (...)
¿Cómo ha podido producirse este giro hacia desigualdades cada vez más
profundas, que ha deshecho más de medio siglo de igualación gradual? El
capitalismo posindustrial, globalizado y financiarizado tiene una
tendencia intrínseca a aumentar la desigualdad económica, al debilitar
la posición de los sindicatos, fragmentar a la clase obrera y
descualificar a partes de ella mediante cambios en la demanda de trabajo (...)
La desigualdad en Suecia ha aumentado, por el contrario, más que en la
mayoría de los países de Europa occidental. Parece que hay tres razones
principales para la sorprendente evolución de las pasadas tres décadas.
Quizá el factor más importante haya sido el cambio de orientación de los
dirigentes del sap , que han abandonado cualquier preocupación
significativa por la desigualdad y la justicia social.
Un ejemplo
ilustrativo fue el acuerdo sobre las pensiones, negociado en secreto
entre el gobierno del sap y los partidos burgueses en la década de 1990,
y aprobado por el Parlamento en 1998. La idea principal era hacer que
las prestaciones dependiesen de los cambios del pib y de las tendencias
demográficas. La intención era hacer el sistema más sostenible bajo la
presión económica y demográfica, un objetivo racional tras el colapso
financiero sueco de 1991.
Pero los expertos que calcularon y negociaron
el tema no tuvieron en cuenta las consecuencias distributivas de la
nueva estructura de las pensiones. Resultó que, 15 años después, el
sistema había producido un grado de pobreza relativa más alto que la
media de la Unión Europea: 17% frente a 14% de media en la ue . En
Dinamarca, el porcentaje de pensionistas pobres se sitúa en 8%-9%8. (...)
En segundo lugar, se produjo una ofensiva empresarial intensiva y bien
financiada, desarrollada primero como resistencia (y venganza) ante los
avances de los trabajadores en la década de 1970. (...)
En 2010, el profesor de derecho Göran Groskopf, experto en asesorar a
los suecos más acaudalados sobre elusión fiscal, describía el país como
un «paraíso fiscal (skatteparadis) para los ricos».
El
tercer factor impulsor de la desigualdad –en concreto, de la
distribución de la riqueza– ha sido el nuevo dinamismo del sector
exportador de altas tecnologías.
Concentrado durante mucho tiempo en la
empresa de telecomunicaciones Ericsson, recientemente ha engendrado una
serie de prósperos inventores en el sector de las tecnologías de la
información que pronto han acumulado una gran riqueza: Skype, Spotify y
juegos de ordenador como Candy Crush y Minecraft son todos suecos. Las
empresas de capital de riesgo, la forma más agresiva de capital
financiero, están excepcionalmente bien representadas en Suecia: en
proporción del pib, son las segundas de Europa, después de Reino Unido. (...)
La creciente polarización de clase que se está produciendo en la sociedad sueca no ha pasado desapercibida. (...) El relato predominante sostiene que Suecia se ha convertido en una sociedad amenazada por la inmigración. (...)
En el invierno y en la primavera de 2018, el sap y los cuatro partidos
burgueses convergieron en ver a los inmigrantes y su «integración» como
la principal cuestión política afrontada por el país, y compitieron
entre sí para ser los mejor situados para abordarla. Este enfoque los
puso a jugar en la cancha de los Demócratas de Suecia, xenófobos y
antiinmigrantes, que se dispararon en las encuestas de opinión. Más
tarde, el sap comprendió su error y empezó a sostener que las elecciones
de 2018 trataban fundamentalmente de política social o välfärd (bienestar), que en Suecia sigue siendo una palabra con connotaciones positivas. (...)
Las rupturas socioeconómicas, las nuevas tecnologías de la comunicación y
las nuevas formas de movilidad han debilitado –en algunos casos,
prácticamente disuelto– las comunidades populares, sus organizaciones
(partidos y sindicatos) y su cultura. Las ciudades y los pueblos
industriales de Suecia han experimentado el vaciado de su cultura
obrera, antes rica y densa.
No obstante, 61% de los trabajadores
manuales y 73% de los no manuales siguen afiliados a un sindicato. La
Liga de Educación de los Trabajadores ( abf , por sus siglas en sueco)
tiene presencia en todo el país, aunque ahora ofrece principalmente
cursos relacionados con aficiones y enseñanza de lenguas extranjeras.(...)
La erosión del respaldo de la clase trabajadora al sap empezó de manera
más clara tras el giro a la derecha dado por el partido en la década de
1980. Entre 1982 y 1991, su porcentaje de voto entre la clase
trabajadora se desplomó de 70% a 57%. El principal beneficiario en ese
momento fue Nueva Democracia, un partido neoliberal y populista con un
claro tinte xenófobo.
Tras una breve recuperación en 1994, en las
elecciones de 2006 se produjo otra caída: en esta ocasión los votantes
se decantaron predominantemente por los moderados, que se centraron en
las cuestiones del empleo y en la brecha creciente entre ocupados y
desempleados, con lo que duplicaron prácticamente entre 2006 y 2010 el
apoyo de votantes de clase trabajadora. Estos trabajadores que votaron
al Partido Moderado proporcionaron en 2014 a Demócratas de Suecia el
grueso de su crecimiento electoral16(...)
En las últimas elecciones, los socialdemócratas consiguieron cambiar las
prioridades de los electores, alejándolas de la inmigración, y eso
frenó la marcha hacia la xenofobia. Pero el Estado de Bienestar no fue
simplemente un tema ganador para el sap . Hay muchas quejas sobre las
listas de espera en los hospitales y sobre las grandes distancias que
hay que recorrer para llegar a las clínicas en la vasta región
septentrional.
Aunque Suecia no ha estado sometida a un régimen de
austeridad comparable al del gobierno conservador británico, los
recursos disponibles resultan insuficientes para las demandas crecientes
de una población envejecida. Los habitantes del norte acusan a los
políticos regionales del sap de sordera o insensibilidad a las
necesidades sanitarias de la población. (...)
El análisis de la crisis de la socialdemocracia debería prestar
atención también a su resiliencia y al espacio existente para la
aparición de una nueva izquierda. Esta resiliencia tiene dimensiones
económicas, socioculturales y políticas.
El aspecto económico hace
referencia principalmente al lugar que el país ocupa en el sistema
mundial: específicamente, a la medida en que es vulnerable a las
oscilaciones del mercado mundial y a las presiones de los acreedores, o
en que se ve perjudicado por el subdesarrollo. Suecia se encuentra a
este respecto en una posición fuerte, como el noroeste de Europa en
general, pero anteriormente gozaba de la ventaja particular, ahora
reducida, de ser una economía igualitaria, de tributación elevada y
fuertemente sindicalizada que competía con éxito en los mercados
mundiales.
Desde el punto de vista social Suecia conserva, a pesar
de todo, un duradero legado de reformas. No hay ciudades o regiones
enteras arruinadas por la dislocación económica. El principio de los
derechos sociales de los ciudadanos sigue firmemente asentado. Desde el
punto de vista cultural, la orientación universalista y de solidaridad
internacional observada en la posguerra todavía perdura en Suecia, y eso
hace que a los partidos burgueses tradicionales les resulte más difícil
formar gobierno con el apoyo de la derecha xenófoba, como han hecho ya
sus homólogos de los otros tres países nórdicos.
La posición de la
socialdemocracia sueca en el sistema de partidos es mucho más favorable
que la de partidos hermanos de otros puntos de Europa, en especial
fuera de la región nórdica. No tiene que enfrentarse a uno o incluso dos
grandes partidos burgueses, sino que afronta a una plétora dividida de
formaciones de derecha más pequeñas.
El sap sigue siendo la mayor fuerza
política en 25 de las 29 circunscripciones de múltiples escaños de
Suecia, aunque hay solo una en la que todavía obtiene más de 40% de los
votos, en el extremo norte. Sigue siendo el partido predominante de la
clase trabajadora y mantiene estrechos lazos con un fuerte movimiento
sindical.
Aunque en la actualidad está dominado por políticos
profesionales, el sap puede todavía conectar con la gente común, en
buena medida gracias al jefe actual, Löfven, ex-líder del sindicato de
trabajadores metalúrgicos, sin educación académica, que exuda decencia
popular, a pesar de mantener la misma arrogancia y los mismos prejuicios
que cualquier político europeo convencional. Löfven muestra en
ocasiones su instinto de clase, pero es también un representante típico
de los cuadros sindicales del sector exportador, comprometido con la
colaboración de clase en beneficio de las empresas del sector. (...)
Como en Alemania, en Suecia no hay lugar para otro partido de
centroizquierda, y los partidos existentes están fuertemente
institucionalizados, lo que no deja espacio real para que sobre sus
ruinas se forme algo parecido a Francia Insumisa. Por la misma razón, no
hay una puerta abierta para que los activistas de izquierda entren en
una organización moribunda que todavía conserva un peso parlamentario
real, como el Partido Laborista británico.
Y tampoco hay sustento alguno
para que emerja un movimiento de base como Podemos, al menos hasta la
próxima crisis económica. Lo que hace falta –es posible que se alcance–
es un amplio movimiento no sectario que sacuda al sap , al Partido de la
Izquierda y a los Verdes, inyectando nueva energía, nuevas ideas y una
nueva dosis de radicalismo en sus venas, e infundiendo esperanza e
inspiración en las personas de tendencia progresista desilusionadas con
los partidos existentes.
Podríamos añadir que hay más potencial en la
clase media progresista de Suecia que en muchos otros países, ya que las
capas intermedias suecas están compuestas mayoritariamente por
empleados sindicalizados. Se vislumbra una gran batalla social que se
centrará en la dignidad del trabajo profesional –su ética, su vocación,
su autonomía y su responsabilidad–, que se halla sometido a los ataques
cada vez más agresivos de la «nueva gestión pública», los bucaneros de
la privatización y sus sicarios de las consultorías empresariales. Estos
cambios no están, sin embargo, a la vista en la actualidad.
De modo
que, incluso aunque se haya logrado en enero pasado un gobierno de
cabeza socialdemócrata, en alianza con liberales, verdes y centristas,
es probable que la contrarreforma socioeconómica continúe en Suecia,
golpeando sin cesar al experimento de reforma social democrática e
igualitaria más logrado del pasado siglo." (Göran Therborn, Nueva Sociedad, Mayo - Junio 2019)
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