3.7.19

Pobres en proteína. Casi 700.000 hogares no pueden llenar en condiciones su nevera. En amplios sectores de la población empieza a cronificarse una nueva forma de exclusión relacionada con el acceso a determinados alimentos como la carne

"Pobres en proteína. Son la enésima huella de los coletazos de esa crisis cuyos efectos, intensificados por las desacertadas recetas aplicadas para salir de ella, está cambiando las estructuras económicas y sociales en España: la falta de recursos económicos impide a más de 680.000 hogares (el 3,7%) en los que viven casi 1,8 millones de personas (el 3,6%) incluir cada dos días una pieza de carne, pescado o ave en su dieta, algo que resulta clave para garantizar una nutrición correcta, especialmente en el caso de los niños y los adolescentes.

La Encuesta de Condiciones de Vida publicada este jueves por el INE (Instituto Nacional de Estadística) sitúa a esta consecuencia de las estrecheces económicas que sufren las familias, que ven restringido el acceso a un nutriente clave para el desarrollo y el mantenimiento de huesos y músculos y de los sistemas neurológico e inmunológico, como el indicador de carencias materiales que peor evoluciona desde el inicio de la crisis.

De hecho, es, junto con la pobreza energética, que es la dificultad para mantener la vivienda a una temperatura confortable, ya sea por frío o por calor, el único cuyos registros son peores que en 2009. Tras empezar a cronificarse con dos años consecutivos en niveles que no se daban desde 2006, lleva camino de duplicarse al haber pasado de afectar al 2,1% de los hogares a hacerlo en el 3,7% (3,6% en personas), mientras la vertiente energética crecía del 7,1% al 9,6%. Mayor, sí, pero con una tendencia menos intensa.

Todos los indicadores de carencia material tienen niveles de incidencia superiores, aunque su evolución, pese a la cronificación de la pobreza y el riesgo de exclusión social entre más de la quinta parte de la población, es, por el contrario, positiva en todos los casos.

Así ocurre con la incapacidad para afrontar gastos imprevistos (36,1% de los hogares en 2009, 36% en 2018), la imposibilidad de irse una semana de vacaciones (40,3 a 34,2%), los retrasos en pagos relacionados con la vivienda (8,1% a 7,3%) o el hecho de no poder disponer de un ordenador (7,5% a 5,1%) o de un automóvil (6% a 5,4%).

La carencia se concentra en los hogares con los niveles de renta más bajos, algo para lo que apuntan una explicación los informes de consumo del Ministerio de Agricultura, que señalan cómo en los últimos cuatro años, entre 2014 y 2018, y pese al descenso generalizado de la demanda, el precio medio de la carne se ha encarecido algo más de un 8%, con aumentos superiores al 2% anual salvo en 2016, cuando se quedó en el 0,8%.

Un kilo, que da para entre cinco y siete raciones, sale, de media, a 6,69 euros, algo que, obviamente, no todos los hogares pueden permitirse.  (...)"                      (Eduardo Bayona, Público, 27/06/19)

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