"(...) Con legiones y legiones de inversores de todo el mundo deseosos de comprar cemento de prestigio en entornos monumentales y glamurosos,
¿qué ordenanza municipal podría frenar los precios del suelo en ninguna
parte? Como bien pronto ocurrirá en Barcelona y en Madrid, para vivir
dentro del casco urbano de París ya hay que ser rico.
Y no por mor de la
restricción artificial del suelo edificable fruto de las normas
urbanísticas. A fin de cuentas, esas normas son iguales en todo el país
y, sin embargo, solo en ciertas grandes capitales, las integradas en las
redes de la economía global, se da ese fenómeno, el de la expulsión
acelerada de los habitantes tradicionales y de las antiguas clases medias en decadencia, los desdentados que diría Hollande.
Por primera vez en la historia tras el derrumbe del Imperio Romano,
las capas más humildes de los países centrales de Europa vuelven a abandonar las ciudades
en masa. También entre nosotros lo estamos constatando: mientras los
precios en Barcelona y Madrid no paran de subir, en gran parte de la
península, eso a lo que ahora le dicen "la España vaciada", no paran de
bajar.
Aquí y en Francia, como en China: un país, dos sistemas. Francia,
donde el suicidio ya es ahora mismo la segunda causa de muerte entre
los agricultores detrás del cáncer (datos de la Mutualidad Social
Agrícola que recoge Christophe Guilluy en su último y muy recomendable
ensayo El fin de la clase media occidental).
Cada dos días se quita allí la vida un
habitante de las zonas rurales. Una población rural, la de la mítica
Francia, donde un tercio de sus miembros, y pese a las subvenciones de
la PAC, posee ingresos mensuales equivalentes a 354 euros escasos.
El
populismo, ese fantasma que recorre Occidente, no es la respuesta airada
contra la hipermodernidad de unos cuantos palurdos nostálgicos y
pasados de moda que no entienden la necesidad del cambio y las reformas,
los paletos de la Francia interior y los obtusos ingleses ignorantes y
alcoholizados que impulsan el Brexit.
No es un asunto, como tantos
quieren creer, de minorías marginales y anacrónicas. La marea populista,
al contrario, no es más que el reflejo político del gran fenómeno
social de nuestro tiempo en Occidente: la eclosión de los desdentados." (José García Domínguez, Libremercado, 03/07/19)
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