30.9.19

A esto se le llama salir de la crisis... con una clase media menguante... en la que un 20,3% de sus miembros admite dificultades para llegar a fin de mes... a cualquier cosa se le llama clase media

"Los ingresos de David Lojo han evolucionado en los últimos años como una montaña rusa: bajar mucho y no subir tanto. Extransportista autónomo con la esperanza de volver a serlo, pasó por el desempleo y desde julio trabaja otra vez, ahora como mozo de almacén en una gran compañía de comercio electrónico. 

Ya no cobra tanto como antes, pero se ha recuperado y ha reingresado en las filas de la clase media, según la definición que utiliza la OCDE: tener un salario situado entre el 75% y el 200% de la mediana (el salario más habitual) del país. En España, con los últimos datos del INE, de 2017, eso supone tener unos ingresos anuales de entre 13.573 euros y 36.195 euros.

Ese punto salarial de partida sorprende, por bajo, a Lojo, que aún entiende la clase media como un grupo de gente con una determinada fortaleza financiera. “Yo diría que ahora mismo no soy clase media, pero bueno”, concede contrariado. Sin embargo, su imagen concuerda más de lo que él cree con lo que ha sido la evolución de los integrantes de ese grupo socioeconómico en el que sus padres soñaban que ingresara.

Según un reciente informe elaborado por CaixaBank Research, el 20,3% de los miembros de la clase media admitían dificultades para llegar a fin de mes. O un 28,6% confesaba que sería difícil afrontar un imprevisto. Y el 79% de los middle-class tiene una vivienda de propiedad (menos de la mitad con la hipoteca todavía viva). Lojo asume todos esos posibles escenarios como propios. En el último año ha tenido que hacer uso del plan de pensiones que había ido acumulando durante los últimos 15 años, además de ayudas económicas que ha recibido de compañeros y familiares, que ahora tiene que “devolver”.

“En este tiempo hemos renunciado a muchas cosas. Desde que mi hijo fuera al terapeuta para tratar la dislexia, que se ha reflejado en sus estudios, hasta renunciar a ir de cena, o a salir los fines de semana a hacer una excursión”, explica Lojo sobre los esfuerzos que ha tenido que hacer en los últimos años. Incluso recuerda un kart que le compraron a su hijo mayor hace cuatro años y que ahora ocupa, sin uso, parte del taller de su suegro. Unas renuncias que reflejan el cambio de una época personal. Y social.

El origen de sus problemas llegó cuando la empresa en la que trabajaba fue reclamando más horas de trabajo por el mismo salario. “A mí me gustaba, pero al final acabé trabajando desde las 6.30 de la madrugada hasta las nueve de la noche”, explica. “Como trabajaba más, los gastos crecían: más gasolina, más mantenimiento, cambio de ruedas... y además nos quitaron algunos complementos”. Explica que la empresa, de transporte farmacéutico, dio un paso más cuando le pidió que adaptara su furgoneta para transportar productos frescos, lo que suponía un coste adicional de 10.000 euros “que no tenía”. 

Tras sus protestas lo despidieron —ha estado durante meses apostado a las puertas de la empresa—, pero la falta de ingresos hizo que empezara a buscar un empleo alternativo que estrenó en julio pasado. “Estoy viendo la luz, que entre de nuevo dinero te vuelve a ilusionar y piensas en hacer cosas otra vez”, dice, a la espera de una sentencia que anule su despido.

Lojo vuelve a salir en esa gran fotografía que es la clase media, una imagen cada vez más reducida y desgastada de la sociedad española. No solo antiguos miembros han sido expulsados hacia estratos inferiores, sino que las desigualdades en su interior muestran cada vez compartimentos más estancos entre los miembros de la subclase media-baja y los de la media-alta, mientras crece la percepción de que las clases altas cada vez están más lejos. (...)

Para Josep Mestres, economista del servicio de estudios del banco, el problema real ha llegado porque los ingresos han crecido menos que el coste de la vida. Por un lado, el conocido problema de la vivienda, cuyo encarecimiento ha provocado que represente el 32,8% de los ingresos, 8,4 puntos porcentuales más que dos décadas antes. “Además de la vivienda, la clase media ha incrementado su gasto en servicios como la salud. Y, en cambio, ha reducido las partidas de gasto en áreas como la comida y la ropa”, dice Mestres (...)

“Hay un problema sobre cómo se define quién integra ese grupo y cómo se mide. Es absurdo decir que alguien es clase media y decir que no se llega a final de mes. Eso, simplemente, quiere decir que no es clase media”. La explicación es de Joan Rosés, profesor de Historia Económica de la London School of Economics, que ha confeccionado trabajos académicos sobre bienestar. “Si miras el coeficiente de Gini —modelo estadístico que mide las desigualdades— se ve claramente que está subiendo, lo que quiere decir que cada vez hay más pobres”, dice. (...)

Teniendo en cuenta el Global Wealth Databook que elabora Credit Suisse, Molina sostiene que la clase media ocuparía aquel 20% de la población que se sitúa justo detrás del 10% más rico. Por debajo, él los llama clase trabajadora y, los de más abajo todavía, precariado. “La clase media no se ha destruido, la clase trabajadora, sí”. Según la encuesta del CIS, un 26% se considera así: clase trabajadora/obrera. "            (Dani Cordero, El País, 29/09/19)

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