24.9.19

Así, más o menos, habría sido la negociación entre Podemos y el PSOE... en la que no se discutía de asuntos imposibles, como la forma de Estado o el derecho de autodeterminación, sino de un reparto de competencias y algunas líneas programáticas, lo normal en todos los procesos de este tipo... nadie, ni los protagonistas, tienen del todo claro cómo es posible que haya acabado tan mal... pa matarlos

 "(...) La Moncloa seguía muy de cerca los movimientos de Cs y del PP. Hasta el final, confiaron en que su abstención era una posibilidad. Y era lo ideal, desde su punto de vista, para conservar la centralidad, frente a una coalición con Unidas Podemos que generaba muchos recelos.

Aún así, la primera reunión de Sánchez e Iglesias fue como la seda. El presidente, que esa mañana había comprobado en una cita con Rivera que no había nada que hacer con él, estaba apostando claramente por un Gobierno de izquierdas. Sánchez le dijo que nunca podrían tener ministerios de Estado —Exteriores, Justicia, Defensa, Interior— y el líder de Podemos lo aceptó enseguida. Le ofreció la presidencia del Congreso, pero Iglesias la descartó. Quería ministros. Ya entonces se empezó a ver el que después sería el gran problema: Trabajo. Sánchez le dijo que eso sería imposible. Pero no profundizaron. No tenía sentido cerrar nada antes de las municipales y autonómicas. El pacto sería global. Todo iba bien.

El batacazo de Podemos en las elecciones del 26 de mayo cambió todo. El PSOE comprobó la enorme debilidad de la organización de Iglesias. Y sobre todo, cayó Madrid. Iglesias conservaba sus 42 diputados, pero ya apenas tenía con qué negociar en las autonomías. Ni siquiera controlaba muchas de sus organizaciones locales, como se vio en La Rioja. Sánchez llegó a la conclusión de que la coalición era un riesgo demasiado alto para el PSOE, que podría revitalizar a la derecha. Y así se lo explicó a su círculo, según relatan algunos de sus miembros.

 “Muchos no entendían lo que hacíamos. Pero es que está en juego el proyecto del PSOE. Nunca hemos tenido a la derecha tan arrinconada. Con ministros de Podemos les ayudábamos a recuperarse y nos íbamos a un Gobierno inestable con elecciones en unos meses en condiciones peores. En noviembre podemos consolidarnos y además no depender de los independentistas. Es una decisión muy difícil, pero se ha tomado por cuestiones de fondo, no por capricho”, explica un miembro del Gobierno.

El PSOE forzó entonces la máquina para intentar lograr una abstención del PP y Cs. Con Rivera parecía muy difícil, pero desde La Moncloa se seguían con interés los movimientos en el PP y la presión de Alberto Núñez Feijóo. En ese intento pasaron varias semanas, convencidos de que Iglesias bajaría mucho su precio si se lograba una abstención del otro lado.

Pero ya entonces empezó un debate interno muy intenso en el PSOE entre los que querían evitar las elecciones a toda costa, y por tanto asumían una coalición blanda con Unidas Podemos, y los que rechazaban de plano su entrada para poder tener el control del Gobierno en tiempos difíciles y no darle a la derecha esa baza. También en Unidas Podemos Iglesias estaba siendo presionado para no aferrarse a la coalición como única salida. IU y En Comú Podem no lo veían claro, preferían dejar abierta la puerta del acuerdo parlamentario. 

Pero el líder de la formación siguió adelante. Cuando se hizo a un lado, por sorpresa, los que apostaban por la coalición en el PSOE ganaron temporalmente la batalla. Y ahora culpan a Iglesias de perder la oportunidad de oro. “Sánchez nunca lo vio. Le convencieron de que había que intentarlo. Pero nunca lo tuvo claro. Porque era el que más había hablado con Iglesias. Y sabía que con él fuera, el precio que pondría sería imposible”, sentencia una persona de confianza del líder socialista.

En Podemos insisten en que si en vez de romper las negociaciones a media tarde hubieran seguido hasta la madrugada los dos líderes, el acuerdo habría sido posible. Iglesias, admiten, se equivocó porque pensaba que Sánchez iba de farol y mejoraría la oferta antes del pleno del 25 de julio o en septiembre. Pero eso nunca llegó. Nunca hubo septiembre.

 Iglesias tenía en la cabeza el esquema de la negociación de los Presupuestos, que remataron ambos con una reunión en La Moncloa cuando ya los equipos negociadores se habían estancado en asuntos clave como el salario mínimo. Pero no sucedió. Todo en esa noche clave que marcará la historia de la izquierda española fue caótico. La ruptura de las negociaciones le llegó a Iglesias conduciendo su coche camino de Antena 3. Le contaron que se habían publicado los documentos iniciales de Podemos y la última oferta del PSOE y no daba crédito. Pensaba que era una noticia falsa. Los suyos dicen que esa noche se quedó como en shock.

Izquierda Unida y los comunes le presionaban para que aceptara la oferta. Aunque tuviera pocas competencias, era una gran victoria, una vicepresidencia y tres ministerios, la imagen era muy potente. Ya habría tiempo de pelear más adelante por los detalles. Lo intentaron toda la noche. Pero Iglesias e Irene Montero, la que habría sido la vicepresidenta, tenían claro que habría otra oportunidad de mejorar la oferta. Al día siguiente o en septiembre. Nunca sucedió.
Por el otro lado, Sánchez se armaba de razones frente a los que le empujaron a negociar: "¿Veis? ¡Con Iglesias es imposible!", les dijo. Esa noche, según varios dirigentes socialistas, la decisión ya era definitiva. Entre coalición o elecciones, la opción era elecciones. (...)

El PSOE confiaba a última hora en que la división en Unidas Podemos pudiera abrir espacio a un apoyo, aunque fuera sin acuerdo. (...)

Pero ya no había margen. Los líderes estaban enrocados. Sánchez no quería volver a negociar una coalición de ningún tipo, ni siquiera a la baja. Iglesias insistía en que el mínimo era lo que ofrecieron en julio y un poco más. “No podemos admitir que nos equivocamos en julio, porque no es verdad”, insistían en el entorno del líder de Podemos. Nada funcionó. (...)

En el PSOE también había división de opiniones, muchos creían que debían evitarse las elecciones a toda costa. Pero Sánchez, a diferencia de Iglesias, que dirige un magma de partidos y grupos, controla absolutamente la organización y no ha necesitado ni siquiera reunir a los órganos del partido.
Ahora algunos dicen que todo es una cuestión personal, pero tanto en el PSOE como en Unidas Podemos recuerdan que antes de que se empezara a discutir la coalición, la relación entre ambos era muy buena, sobre todo después de la moción de censura. Para buscar claves más de fondo, algunos recurren a la historia cainita de la izquierda española, que en 1996 impidió un pacto entre Felipe González y Julio Anguita y ahora ha sobrevolado la batalla entre Sánchez e Iglesias. (...)"         (Carlos E. Cué, El País, 19/09/19)



 Ni siquiera los principales protagonistas tienen del todo claro cómo es posible que una negociación en la que no se discutía de asuntos imposibles, como la forma de Estado o el derecho de autodeterminación, sino de un reparto de competencias y algunas líneas programáticas, lo normal en todos los procesos de este tipo, haya acabado tan mal, con una oferta a la desesperada de Pablo Iglesias en plena tribuna.  

Una oferta en la que prácticamente aceptaba la última propuesta del PSOE que el día anterior había rechazado con un pequeño añadido, los 6.000 millones de políticas activas de empleo. Pero ya era tarde. Muy tarde.

Todo empezó muy mal. Nunca parecieron socios, sino rivales. Alguien tenía que perder. Nadie jugaba al empate. Y por eso el inicio de la negociación fue una derrota importante de uno de los dos contendientes: la retirada de Pablo Iglesias, que él ha considerado algo parecido a una humillación, no podía ser peor arranque. Pero lo cierto que hasta que eso sucedió, 80 días después de las elecciones, no se dio un solo paso. A partir de ahí ya se vio que iba a ser muy complicado. Pero no imposible. Tenían cinco días.

Muchos en el PSOE y en Unidas Podemos aún confiaban en que el vértigo ante la presión social de la izquierda compensaría la enorme desconfianza desatada entre los líderes después de ese pulso en el que finalmente Iglesias entregó la carta más alta.

Ahí empezó la negociación. Pero apenas hubo tiempo. En total, han sido cuatro reuniones en cinco días y una de ellas de 20 minutos. Ahora los dos grupos se acusan de que en realidad el otro no quería negociar. 

Pero lo cierto es que sí lo intentaron, aunque los detalles que llegan de las negociaciones hablan de unos cruces caóticos, dominados por el recelo. Basta el dato de que, aunque se estaban jugando el Gobierno de España, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias nunca llegaron a verse más allá de sus tensos cruces en el pleno, donde el lenguaje gestual era aún más duro que sus palabras. Solo hablaron por teléfono un par de veces.

 Desde Unidas Podemos creen que Sánchez nunca quiso la coalición y por eso fue forzado a una negociación que así era muy difícil que saliera. Los negociadores de este grupo siempre tuvieron la sensación de que no iba en serio. Los socialistas lo niegan, insisten en que el PSOE sí apostó por la negociación porque en el partido mayoritariamente nadie quería elecciones, y muestran su última oferta, con una vicepresidencia y tres ministerios —Sanidad, Vivienda, Igualdad— como prueba de que sí querían acordar. 

Desde su lado se ve diferente: ellos creen que para Iglesias fue tan duro apartarse que creía que con esa decisión podía pedir cualquier cosa a cambio. En Podemos insisten en que solo se pidió una participación proporcional a los votos, renunciando a todos los ministerios de Estado.

 Desde la primera reunión se vio que las cosas iban muy mal, aunque los negociadores engañaron a los medios e incluso a algunos compañeros que preguntaban cómo iban. (...)

Desde el primer momento quedó claro que habría una vicepresidencia social para Irene Montero y hasta ahí la negociación fue bien. Pero Podemos presentó un documento, que según ellos era solo para negociar, que tenía, además de esa vicepresidencia, cinco ministerios, entre ellos Hacienda, Transición Ecológica y Trabajo, cosas que el PSOE no quería ceder bajo ningún concepto. 

“Nos han pedido hasta la Airef [Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal]”, se quejaban en el PSOE.

Las discusiones, según fuentes de la negociación, fueron duras. Poco a poco, un día tras otro, se veía que Unidas Podemos estaba dispuesto a olvidarse de Hacienda y que su batalla estaba en Trabajo —sin la Seguridad Social y las pensiones— y en Transición Ecológica. El PSOE se negaba.  (...)

Los socialistas dicen que la oferta era mejor, y fue incluyendo Sanidad, Cultura, Agricultura, Ciencia y Universidades, Turismo, Deportes. Nunca todos juntos. Siempre uno u otro hasta sumar un máximo de cuatro con la vicepresidencia, pero nunca cuatro ministerios de los actuales, sino sumas de direcciones generales, como es ahora Vivienda.

La negociación volvía una y otra vez a Trabajo —sin Seguridad Social— y Transición Ecológica. Podemos asegura que le llegaron a decir “no podéis tener Trabajo, sois inquietantes para la CEOE”. Fuentes del PSOE lo niegan y aseguran que el argumento era otro. Le negaban Trabajo por dos razones. 

Porque Podemos no votó el último acuerdo del Pacto de Toledo y porque tienen una visión demasiado intervencionista en la negociación colectiva, clave del ministerio. Y Transición Ecológica tampoco porque Teresa Ribera es la mejor en su sector. “Si hubiera un Gobierno de Podemos, la nombraríais a ella”, les llegaron a decir. Mientras tanto había cruces de papeles programáticos, más de 100 folios, pero ahí tampoco se avanzó mucho. No había tiempo.

Iglesias seguía la negociación y se desesperaba. En su visión de las cosas, creía que querían una nueva humillación. A última hora, gracias a una gestión de Alberto Garzón, líder de IU, con María Jesús Montero, se logró Igualdad, que los socialistas vivieron como una gran cesión. Pero Iglesias aún creía que podría lograr Empleo. 

Por sorpresa, después de una llamada infructuosa entre los líderes, el PSOE dio por “rotas totalmente las negociaciones” el miércoles por la tarde. Y ahí ya no hubo nada que hacer. Iglesias empezó a recibir presiones de todo tipo. IU, que tiene muy deteriorada su relación con Podemos, le pedía que aceptara. Los Comunes también estaban en esa posición. Él no se movió esa noche. Parecía desconcertado por el movimiento del PSOE, convencido tal vez de que era un farol. La filtración por parte de los socialistas del primer documento de Podemos descoloca por completo a su líder.

 El jueves la posición socialista ya era inamovible. Iglesias sigue recibiendo todo tipo de llamadas. A esas alturas hay múltiples intentos de mediación desesperada para evitar la investidura fallida.  (...)

Todo es inútil. Iglesias lo intentó con una última oferta, dos horas antes del pleno, que añadía Trabajo y Ciencia a lo ofrecido por los socialistas y renunciaba a Vivienda. Nada de competencias de Hacienda ni de Transición Ecológica. El PSOE la rechazó inmediatamente. Ya habían asumido la investidura fallida. 

Iglesias reunió a la cúpula de Unidas Podemos, y no fue una cita fácil. IU le pidió que hiciera otra oferta: renunciar a Trabajo a cambio de algo que ya hubiera ofrecido el PSOE en las negociaciones. Ciencia estaba entre esas opciones. Iglesias lo rechazó. Pero en el último minuto decidió esa oferta a la desesperada de las políticas de empleo. Sánchez ni siquiera le contestó desde la tribuna.

 La negociación nunca estuvo más fácil que cuando fracasó. Pero los socialistas insisten: es demasiado tarde. Los tambores de elecciones han empezado a sonar. Quedan dos meses para acallarlos"                    (Carlos E. Cué, El País, 26/07/19)

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