"‘Financial Times’ y’ The Economist’ han subrayado ese giro con sus últimas portadas. El diario avisaba de los riesgos
que genera un capitalismo roto y el semanario apostaba por la lucha
urgente contra el cambio climático desde una perspectiva similar. Ese clamor está muy presente en la política estadounidense.
‘The New York Times’ publicaba un artículo contra la Escuela de Chicago, y dio especial relevancia a un artículo de opinión que criticaba las medidas económicas tomadas en la era Obama, ya que favorecieron al sector financiero. En el partido republicano, Marco Rubio ha firmado un informe contundente contra la financiarización, el senador Josh Hawley se ha pronunciado recientemente contra las Big Tech y Wall Street y Mitt Romney ha escrito una carta a Trump para oponerse a sus recortes de impuesto.
Y Elizabeth Warren,
la candidata demócrata mejor acogida y una ferviente adversaria del
‘rigged capitalism’, convocó a una multitud en Nueva York, una señal de
su potencia política.
En Europa, mientras tanto, el debate acerca de qué medidas tomar para reactivar la economía
se ha avivado intensamente tras el aviso del BCE de que el margen para
la política monetaria se ha agotado y que ahora es preciso impulsar
políticas fiscales.
(...) Es sorprendente que la tecnocracia ligada al BCE, que ha dirigido la
economía europea en los últimos años, cuyas políticas crearon las
condiciones para que explotara la crisis y que tampoco han sabido
solucionarla una década después, insista en la inidoneidad de los
dirigentes políticos para tomar las decisiones.
Es importante subrayar
esto, porque después de miles y miles de millones creados de la nada e
insuflados en la economía, esta sigue funcionando mal, hasta el punto de
que nos hallamos a las puertas de la recesión.
Si nos alejamos de lo valorativo y nos centramos en los hechos,
habría que constatar que las mismas personas y las mismas ideas que
facilitaron la recesión de hace una década, que no la supieron prever y
que no la han solucionado a pesar de todo el dinero aportado, pretenden
seguir dirigiendo el proceso, al tiempo que advierten de los males
enormes que nos asaltarían si otros tomasen las riendas.
Suena extraño, porque lo lógico sería asumir responsabilidades: lo intentaron y fracasaron, de modo que sería el momento de dejar sitio a otras personas con nuevas ideas y nuevas perspectivas.
El segundo interrogante, que va más allá de quién debe tomar las decisiones, es qué hacer en este instante difícil.
(...) la transición ecológica es la propuesta estrella. Alemania planea movilizar 40.000 millones de euros con ese objetivo y bajo esas mismas premisas y Jeff Bezos quiere poner a Amazon a la cabeza de ese movimiento.
La otra posición, la que ha dejado entrever ‘Financial Times’ es muy diferente, ya que apunta hacia cambios estructurales:
su objetivo no es estimular los mercados, sino transformar su actual
funcionamiento. Se trata de intervenir para arreglar todo lo que no está
funcionando. El artículo de Martin Wolf
acerca de cómo el capitalismo amañado está dañando la democracia
liberal es un buen ejemplo, como tantos otros que han sido publicados en
el diario últimamente, en especial los de Rana Foroohar.
El capitalismo rentista
El problema que está impidiendo que
la economía funcione, desde su punto de vista, es este tipo de
capitalismo, calificado como rentista (un sinónimo de la
financiarización), que provoca serias distorsiones en la economía real,
el pivote sobre el que se gira todo lo demás. Los cambios por los que
abogan, y en este sentido Foroohar ha sido particularmente activa, intentan resituar el foco en Main Street en lugar de en Wall Street, en favorecer a los ‘makers’ en lugar de a los ‘takers’, en dejar de tejer un escenario que beneficie a los fondos de inversión en lugar de a las empresas productivas.
Estas tesis, cada vez más populares en el ámbito anglosajón, señalan a esa orientación hacia los accionistas completamente dominante en las firmas como la causa primera de las perturbaciones económicas.
Cuando las compañías priorizan la generación de beneficios para
repartirlos entre los accionistas, ya sea inflando las acciones o
recomprándolas o pidiendo prestado para repartir dividendos, cuando se
permiten o incluso se favorecen las acciones dañinas del private equity
o cuando se empuja decididamente hacia las fusiones y las adquisiciones
como medio de reducir la competencia y lograr mercados cautivos, se
está dañando todo aquello que hace que la economía funcione, se generan
sociedades más desiguales y se pone en riesgo el mismo sistema, también
en lo político.
Una economía pensada para los rentistas agresivos en
lugar de para las empresas y sus grupos de interés (los trabajadores,
proveedores y clientes, así como las sociedades en que operan) y una
acción de los bancos centrales orientada hacia el control de la
inflación y a asegurar los intereses de los fondos, produce
necesariamente grandes distorsiones.
Un movimiento creciente
En este escenario, los monopolios y
oligopolios son percibidos cada vez con mayor hostilidad. Especialmente
intensa es la presión sobre las Big Tech, en tanto parte de esa
erradicación de la competencia gracias a enormes empresas de dimensiones
globales, sostenidas por fondos de inversión poderosos, que constituyen un nuevo paso adelante en el rentismo de la consolidación.
No son advertencias en el vacío de columnistas económicos,
sino que reflejan un movimiento creciente en la política anglosajona, y
especialmente en la estadounidense. La ortodoxia se ha dejado
definitivamente de lado en EEUU. (...)
Elizabeth Warren, que está totalmente volcada
en combatir las disfunciones de la competencia y en arreglar un sistema
roto a través de nuevas reglas del funcionamiento del mercado (muy en
sintonía con el marco propuesto por Wolf o Foroohar).
Las acciones
antimonopolio, la defensa de los consumidores, el combate contra Wall
Street y la defensa de la economía productiva son el camino que propone
para impulsar el crecimiento, activar mejores niveles de bienestar y
recuperar a unas clases medias y trabajadoras que están sufriendo.
Más
allá de sus propuestas sobre Medicare o sobre el Green New Deal, que
también aparecen en sus programas, esta reformulación del poder
a través de la introducción de nuevas reglas en el mercado y de la
reorientación del propósito de las empresas, es el eje que entienden
imprescindible para recomponer la economía y las sociedades.
Dos posibilidades
Estas son las dos opciones reales que se están poniendo en juego en la política contemporánea:
una apuesta por continuar con la ortodoxia, estimular a los mercados
sin intervenir en su funcionamiento, aportando más masa monetaria e
impulsando la inversión pública en modernización y transición ecológica,
que es la idea de la UE, y otra propone acabar con el estado de cosas
existente, reformulando por completo el mercado, y esa es la idea
estadounidense.
Y en ella hay, a su vez, dos direcciones: una es la de
Trump y Johnson, apostando aún más por las
concentraciones y la financiarización y otra es la de Warren y Sanders,
que pretenden acabar con ellas. Lo que ocurra políticamente en EEUU y el Reino Unido en 2020 va a ser decisivo para el mundo." (Esteban Hernández, El Confidencial, 22/09/19)
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