"Vuelve la crisis, o al menos eso dicen los medios y los
expertos más influyentes. La Contabilidad Nacional ya informa de un
importante incremento del ahorro, que refleja una caída del consumo
y de la confianza en la economía.
Con un Mario Draghi que deja la
presidencia del Banco Central Europeo cantando victoria por haber
salvado el euro, las voces mayoritarias aconsejan en estos momentos
impulsar la política fiscal para retomar el crecimiento y suavizar la
posible recesión. Pero los países del sur y, entre ellos, España, se
encuentran con las manos atadas para ello. ¿Qué soluciones nos quedan
para pasar el próximo periodo crítico sin que la zona euro colapse?
¿Cómo podríamos sobrevivir a la probable tormenta?
Carlos Martín Urriza, director del gabinete económico de Comisiones
Obreras y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, se muestra
tan crítico como optimista con la eurozona: hay muchas herramientas
disponibles, pero su puesta en marcha parece sumamente difícil por el
modelo disfuncional de la Unión Económica y Monetaria, en la que todos
los países son iguales pero algunos de ellos lo son mucho más.
“Antes del euro, los costes de las crisis se enjugaban de otra manera
más distribuida, aunque teníamos otros problemas, como tipos altos para
mantener el tipo de cambio. Entonces, podías devaluar la moneda y, con
ello, devaluabas todo el país, tanto el coste de la mano de obra para
los inversores, como las empresas, las acciones, el patrimonio, etc.
De
esta manera, atraías inversión de fuera, impulsabas las exportaciones y,
al bajar los precios de todo en general, se repartía un poco mejor el
coste. También podías acudir al prestamista de última instancia (el
Banco de España) para evitar la especulación sobre tus bonos; a lo mejor
generabas inflación si ‘monetizabas’ demasiado la deuda pública
–emisión directa de dinero por parte del Banco–, pero la inflación, al
fin y al cabo, es un impuesto para todos, no solo para algunos”.
“Ahora, los costes se liquidan fundamentalmente vía devaluación de
las condiciones de trabajo –perjudicando a los trabajadores más
vulnerables–, sin que se hayan construido, por el momento, mecanismos
comunitarios que permitan distribuir el coste del ajuste entre el nivel
nacional y supranacional. Yo no veo que podamos pasar por otra crisis
que liquide su coste de una manera tan desigual; de producirse,
arreciarían las voces para que saliéramos del euro”.
La última crisis económica parece haber dejado al descubierto la
verdadera naturaleza –espontánea o planificada– de la eurozona: “La
Unión Económica y Monetaria, tal y como está conformada, consiste en un
mecanismo de extracción de rentas de los países del norte a los del sur.
Cuando nuestra economía estaba cayendo, nos impusieron reducir el
déficit público, es decir, tirar todavía más hacia abajo de nuestra
economía, con una política monetaria insuficiente, por mucho que dijera
Draghi en su momento: la prueba es que no ha logrado la estabilidad de
precios. Al hacernos deprimir más nuestra economía, se asfixió a muchas
empresas competitivas y acabamos pagando el doble de lo normal por
nuestra deuda pública, destinando una gran cantidad de dinero para pagar
el servicio de la deuda, que se llevaban en gran parte los bancos del
norte”.
Esta asimetría, en la que unos países han pagado muy caras sus deudas
y otros han llegado a cobrar por pedir prestado ha traído consigo
efectos reales que han acrecentado las desigualdades: “Como consecuencia
de todo esto, la inversión no ha tirado lo suficiente todos estos años y
todavía ahora sigue sin tirar, de tal manera que llevamos siete de
inversión pública neta negativa; en ausencia de inversión productiva, la
brecha competitiva entre los países del norte y los del sur se
incrementa aún más”.
Las obligaciones del ‘rico del pueblo’
A esto debemos añadir una conducta por parte de nuestros dirigentes
políticos que no suele comentarse: una irónica falta de patriotismo y
defensa de los intereses nacionales. “Resulta muy triste que el único
poder que ha logrado poner coto al superávit comercial de Alemania –un
desequilibrio macroeconómico que tiene como contrapartida nuestro
déficit público– ha sido Donald Trump con la guerra comercial.
Es la
guerra comercial y no la Comisión ni ningún poder europeo la que está
obligando a Alemania a poner en marcha un programa de gasto e inversión de 50.000 millones de euros.
Buscando un símil bastante claro y sencillo para explicar cómo se
comporta Alemania con el resto de la eurozona: es como si el rico del
pueblo, el que posee todos los latifundios y arrienda la tierra a los
demás, los fines de semana no fuera a gastarse al mercado del pueblo el
dinero que saca para reactivar el circuito de la renta nuevamente,
cerrando la distancia entre ricos y pobres”.
No todo está perdido, pero la posibilidad de afrontar los próximos
baches con garantías para todos es paradójica: las herramientas son
numerosas, pero su puesta en marcha y su efectividad dependen de la
voluntad de los países miembros. “Si tuviéramos un Tesoro comunitario,
lo razonable sería hacer una transición a una economía verde, porque
estamos viendo que estamos desequilibrando el planeta y que el sector
público ha de implicarse totalmente, dada la incapacidad del sector
privado de internalizar los costes y beneficios a largo plazo en sus
cuentas de sus resultados.
A nivel europeo, se podría acelerar el
proceso de descarbonización de la economía e iniciar la transición a una
economía verde en todos los ámbitos: automóviles, energías, economía
circular, aprendizaje de nuevas pautas de consumo responsable que se
enseñen en el sistema educativo, etc. Pero esto, que es lo razonable, no
está en la agenda de los alemanes y los holandeses, que han metido
todos los palos en las ruedas que han podido contra la posibilidad de
relajar la política fiscal de los países miembros o, más aún, de tener
una política fiscal a nivel europeo”.
Vistos los obstáculos políticos, el BCE parece pervivir como la única
institución verdaderamente federal, dotada, además de numerosas
herramientas aplicables aún. “El Banco Europeo de Inversiones (BEI),
podría ofrecer crédito a los Estados, créditos perpetuos o a devolver en
cómodos plazos, e incluso a tipos negativos para que estos puedan
invertir en la transición ecológica. Los bonos emitidos por el BEI para
poder dar esos créditos serían adquiridos por el Banco Central Europeo,
lo que descartaría la financiación directa de los Estados por el banco
central (prohibida por los tratados)”.
El problema de un sistema financiero con intereses propios
Hay más aún. El BCE penaliza –con una generosa exención– las reservas
bancarias en el banco central para que dichas entidades financieras
presten dinero a la economía real –familias y empresas–, facilitándoles,
además, préstamos a tipos negativos (lo que supone cobrar por pedir
prestado) si dichos bancos cumplen determinados objetivos crediticios.
No obstante, Martín Urriza destaca un rasgo frecuentemente olvidado
en los modelos de predicción económica: el sistema financiero no es
neutral en la transmisión de la política monetaria. “Si consigues que
los tipos de interés negativos lleguen a las familias y empresas, eso
representa un chute para la economía: otra cosa es que el proceso de
metabolización que tiene lugar en el seno del sistema financiero
conduzca estos fondos a la cuenta de resultados de los bancos. Eso ya lo
estamos viendo: hay tipos de interés negativos en los depósitos
bancarios de las pequeñas y medianas empresas, incluso de las familias,
y, sin embargo, no tenemos créditos negativos, como en el crédito al
consumo, donde los bancos siguen teniendo un margen generoso”.
Algunas alternativas heterodoxas aspiran a saltarse este factor de poder asimétrico. El ‘QE for the people’, popularizado en el Reino Unido, también denominado ‘helicopter money’,
es una de ellas: “Se trata de saltarse esa metabolización: los 2,6
billones de euros invertidos en el QE (Quantitative Easing o facilidad
cuantitativa del BCE) han repercutido en una redistribución muy
regresiva de la riqueza, porque los fondos han ido sobre todo a los más
ricos.
Ese dinero se podía haber ingresado directamente en la cuenta de
los residentes europeos lo que, calculado sobre el total del QE, supone
un total de 7.600 euros en la cuenta corriente de cada ciudadano, un
importe que, sin duda, provocaría un fuerte impacto en la demanda. La
efectividad de esta medida se podría potenciar pagando una pequeña
comisión de gestión a los bancos para que cooperen y colaboren, para que
eviten la picaresca y para que se produzca una gestión adecuada;
incluyendo algún tipo de criterio de proporcionalidad o progresividad,
con un diseño adecuado, dirigido por ejemplo a las personas con una
mayor propensión marginal a consumir. Esto significaría demanda en
vena”.
Esta inyección parece excesivamente sencilla: ¿y el eterno riesgo de
inflación? “Claro, podría haber problemas. Desde el punto de vista del
teórico acreedor, el BCE, se trata de la generación de dinero a cambio
de un colateral (un activo), que no se podría cobrar nunca, sería un
préstamo a perpetuidad. Esto supondría pérdidas para el Banco Central,
pero este no tiene los beneficios como objetivo, sino, según su mandato,
el de conseguir estabilidad de precios”.
“La segunda crítica es que se te vaya de las manos y que genere
inflación y, después, una espiral inflacionista. Pero debemos tener en
cuenta lo que ha pasado hasta ahora: el BCE sigue teniendo muchos bonos
de la miríada que ha ido comprando y, en caso de producirse inflación,
podría venderlos y drenar muchísima liquidez del sistema. Pero es que
además puede subir los tipos de interés, que están al 0%, hasta el cielo
si quiere”.
En caso de no hacer nada, el rumbo es peligroso: “La
alternativa es que se rompa la unión monetaria. Ni nosotros ni los
italianos aceptaríamos otra devaluación salarial si viene una recesión.
Además, hemos de tener en cuenta el contexto internacional, en el que no
está Obama, con unos EE.UU. empeñados en romper la eurozona. La
cooperación es imperativa, se tiene que acabar el ‘que cada palo aguante
su vela’”. (Entrevista al economista de CC. OO., Carlos Martín Urriza, Andrés Villena, CTXT, 02/10/19)
Para conseguir la soberanía financiera
y, también, como alternativa a la salida del euro:
En Italia recurren a los mini-bot:
Garzón ha propuesto una medida parecida para España:
Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales
Y para Ecuador:
Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?
Otras propuestas:
El prometedor dinero fiscal
Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria
Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales
Y para Ecuador:
Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?
Otras propuestas:
El prometedor dinero fiscal
Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria
Y una europeseta electrónica, como medida definitiva para España:
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
- Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html
- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html
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