"El asesinato de Qassem Soleimani,
el principal comandante de Irán, perpetrado este viernes por EE. UU., y
de varios líderes de la milicia iraquí, representa una importante
escalada equivalente a un acto de guerra que tendrá graves consecuencias
a largo plazo. (...)
Visto desde Teherán, se trata de un comportamiento canalla
descontrolado, un acto de guerra flagrante con la arrogancia total de
una superpotencia en declive dispuesta a cruzar cualquier línea roja, a
transgredir cualquier Estado de derecho para lograr sus fines
hegemónicos. (...)
El momento en que se ha producido la operación es esencial.
Para
el gobierno de Trump, 2019 terminó con una nota amarga, con el doble
revés de una crisis política doméstica inducida por el impeachment
y una escalada peligrosa y explosiva en Iraq que podría, a la luz de
este último acontecimiento, convertir fácilmente 2020 en otro año de
guerra para EE. UU. en Oriente Medio.
Con las semillas de esa
guerra firmemente plantadas por una iranofobia ilimitada, que se refleja
en la guerra unilateral de EE. UU. emprendida bajo la rúbrica de una “estrategia de máxima presión”, su manifestación lenta pero constante en el conflictivo escenario iraquí se ha convertido en una realidad ineludible .
Encerrados
en una competencia de suma cero en aras a conseguir la máxima
influencia en Iraq, Washington y Teherán están ahora en curso de
colisión y, a menos que prevalezca una diplomacia prudente, una
posibilidad altamente improbable a la luz del asesinato de Soleimani, es
probable que la situación actual desencadene una nueva dimensión
militar en la estrategia anti-Irán de Trump.
Violación flagrante de la soberanía
Para comprender bien los sucesos de esta semana resulta de utilidad aportar algo de contexto.
Coincidiendo con un ejercicio naval
conjunto Irán-Rusia-China en el Golfo de Omán como clara señal de la
antipatía de Beijing y Moscú hacia la política anti-Irán de Trump, se
caracterizó a los ataques aéreos estadounidenses de la semana pasada
contra las milicias pro-Irán en Iraq y Siria como ataques “defensivos de
precisión” del ejército de EE. UU. en respuesta a la creciente amenaza
de las fuerzas proiraníes en la región.
Sin embargo, es bastante
obvio que estos ataques tienen también connotaciones geoestratégicas a
la luz del acercamiento del Secretario de Estado Mike Pompeo a los
líderes de Israel, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí inmediatamente
después de lanzarlos, ataques que fueron denunciados por Iraq y Siria
como una violación flagrante de su soberanía.
Con las autoridades
de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos alentando la idea de un
deshielo en las relaciones con Irán, la intención de Pompeo es
claramente neutralizar esa perspectiva que va en contra de los intereses
hegemónicos de EE. UU. en la región. La dependencia de los Estados
árabes del Golfo de EE. UU. significa que están hipotecados por una
rivalidad sostenida con Irán, que está presionando su propia carta de paz en la región y al mismo tiempo elevando la apuesta contra el dominio de los Estados Unidos.
Pero
sería un error reducir la suma de las intenciones del presidente
estadounidense Donald Trump respecto a los recientes ataques aéreos -y
lo más importante, un riesgo mal calculado como el asesinato de
Soleimani- a las circunstancias externas en Iraq y la región, y pasar
por alto la clara posibilidad de que Trump haya echado mano del viejo
libro de jugadas de instigar una crisis extranjera para desviar los
peligros internos de su presidencia. Esto recuerda cómo Bill Clinton, en
1998, ordenó un ataque aéreo contra Iraq en vísperas de una importante votación de destitución.
Del
mismo modo, buscando desviar la atención del proceso de destitución,
que ha cobrado impulso al revelar más pruebas condenatorias que sugieren
un “quid pro quo” en relación a Ucrania, Trump y su equipo de
política exterior cuentan con los dividendos políticos de su último
“desafío” a Irán, incluso con respecto al asalto de los iraquíes a la
embajada estadounidense fuertemente fortificada en Bagdad.
Por lo tanto, todos los medios dominantes de comunicación
estadounidenses se han alineado detrás de Trump, acreditándole un uso
prudente de la fuerza y dándole palmaditas en el hombro por dejar de
lado sus reservas anteriores sobre el uso de la fuerza. Pero poco de esa
propaganda de los medios estadounidenses a favor de una política
estadounidense belicista -que está en violación directa del derecho
internacional- caerá en saco roto respecto a la población local en la
región, ya que incluso el New York Times ha admitido
que los iraquíes de todo el espectro político se unieron en la condena
de los ataques estadounidenses, que han matado e herido a docenas de
iraquíes. (...)
En esencia, todo esto refleja una bifurcación de intereses, por lo que
Trump puede terminar infligiendo graves daños a los intereses
estadounidenses en el extranjero al crear una crisis artificial para
salvar su propia presidencia, envolviéndose en la bandera y aprovechando
el reservorio oculto del patrioterismo estadounidense para neutralizar
el desgaste que enfrenta su presidencia. (...)
Es difícil sobreestimar el grave error estadounidense al perpetrar
este acto de terror patrocinado por el Estado que probablemente
desencadenará un ciclo mortal de violencia que se llevará muchas vidas.
No
obstante, es a Estados Unidos a quien le interesa evitar que se
profundice la crisis que ha generado intencionalmente en Iraq; sin
embargo, carece de control total para contenerla.
Dentro de Iraq
se ha desarrollado, en esencia, una consecuencia de la crisis entre
Estados Unidos e Irán que podría escalar mucho más allá de las “guerras
en la sombra” y del uso de apoderados, con giros impredecibles que
representan un riesgo claro para los miles de militares estadounidenses
en la región; por no mencionar la salud de la economía global, que está
ligada al flujo libre de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
Jugando
con fuego para apuntalar su presidencia en declive y socavado por el
aguijón de la destitución, Trump muestra ahora todos los síntomas de un
presidente de gatillo fácil dispuesto a desencadenar otra guerra
calamitosa en Oriente Medio traicionando su promesa de evitar que
Estados Unidos se enrede en otro conflicto.
Lamentablemente, como
muestran claramente sus equivocadas políticas con respecto a Irán e
Iraq, Trump no solo está repitiendo la táctica de su predecesor para
evitar la destitución, sino que también está a punto de reciclar los
errores de las guerras de la era Bush en el Medio Oriente."
(Nader Entessar y Kaveh Afrasiabi , Rebelión, 04/01/20, fuente: Middle East Eye)
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