"Aprovechando la ola de populismo que está invadiendo el planeta
Tierra, el nacionalismo inglés ha conseguido por fin su rancio objetivo
de sacar al Reino Unido de la Unión Europea. Ya esta aquí, el brexit ya
está aquí. Y es un camino sin retorno, o de retorno casi imposible. El
problema es que los británicos todavía no saben muy bien a dónde van.
La cuestión es, ¿por qué se han ido? ¿Y para qué? Las respuestas más
habituales son una macedonia de razonamientos en la que acaba
predominando más el sentimiento que la razón práctica. Más el “por qué”
que el “para qué”.
En el referéndum de 2016, el brexit ganó gracias a la coalición entre
dos fuerzas no necesariamente antagónicas pero tampoco aliadas
tradicionales: el nacionalismo inglés y el descontento de las clases
trabajadoras y las clases medias tras la crisis financiera. (...)
Los primeros nunca han dejado de dar la tabarra contra Europa: llevan
medio siglo predicando contra la construcción europea, dominan la prensa
popular y la mayor parte de la restante (...)
Los segundos, los que se sienten despojados por la crisis financiera y
por la globalización, han acabado encontrando en la Unión Europea en
general y en la llegada de inmigrantes continentales en particular al
gran pagano de sus desgracias. (...)
El caso es que se sienten maltratados (con razón: la riqueza no se
distribuye de forma equitativa) y han decidido que la culpa es de Europa
(sin razón: ese problema ni lo ha creado la UE ni va a desaparecer con
el brexit).
Muy bien. Ya están fuera. Y ahora, ¿qué? ¿A dónde va el Reino Unido?
Boris Johnson cree que está llevando a sus compatriotas al paraíso.
Quizás, aunque él no lo dice de forma explícita, está pensando en un
paraíso fiscal. Porque la plena autonomía fiscal es quizás el logro más
importante del brexit. (...)
¿Van a aceptar los británicos ponerse aún más en manos de la economía
financiera tras la crisis de 2008 y con la globalización señalada como
la gran causante del brexit? ¿Van los demás a permitir la creación de un
paraíso fiscal de ese tamaño al otro lado del canal de la Mancha? ¿Va
la Comisión Europea a aceptar que Londres practique el dumping fiscal en forma de ayudas de Estado a las empresas británicas en crisis? Difícil de creer.
(...) el responsable del Tesoro, Sajid Javid, ha advertido a la industria
británica de que no habrá alineamiento regulatorio entre el Reino Unido y
la UE. Parece un aburrido tecnicismo pero es un asunto clave para el
acceso de los productos británicos al mercado único europeo, y
viceversa. Ese alineamiento es el conjunto de reglas que permiten que un
producto sea homologado para venderse en la UE. Si Reino Unido renuncia
a ese alineamiento y pone en marcha sus propias normas de homologación,
los fabricantes británicos deberán homologarse en casa para vender en
casa y volver a homologarse fuera para vender fuera. Y lo mismo los
fabricantes europeos que quieran vender en las islas.
La sueca Volvo ya
ha dicho que, si eso es así, no venderá sus automóviles en Reino Unido.
Puede parecer bueno para los fabricantes británicos (desde luego, no
para sus ciudadanos, que verán mermada la oferta a la hora de elegir
coche), pero es pésimo: porque no viven de sus ventas en Reino Unido,
sino de sus exportaciones, sobre todo a la UE. Son ellos los que
necesitarán doble homologación para seguir exportando a Europa.
Y en el
sector del automóvil (que es solo un ejemplo entre muchos) no solo se
trata de coches acabados, se trata también de componentes y del trasiego
transfronterizo de las cadenas de montaje. Es un paso hacia la
autarquía, aquella palabra tan franquista. Y tan parecida a fracaso. (...)
Los servicios se quedarían fuera de ese tratado, al menos de momento.
Esa es, aparentemente, una mala noticia para los servicios
financieros, pero la City parece bastante tranquila. La idea de una
mayor desregulación no le asusta, más bien lo contrario. Y si hay un
territorio en el que los británicos están mejor situados que los
continentales, es el financiero. Aunque muchas empresas están
trasladando parte de su actividad y de sus empleados a territorio
comunitario, la posición de Londres como gran plaza financiera mundial
no parece correr peligro, con o sin brexit.
No se puede decir lo mismo de otros sectores. (...)
También seguimos sin saber qué cadenas impedían hasta ahora a los
británicos comerse el mundo como dice Johnson que se lo van a comer. En
todo caso, Bye bye, England!" (Walter Oppenheimer, CTXT, 30/01/20)
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