"(...) El presidente del Banco de la Reserva Federal de St. Louis, James
Bullard, declaró hace unos días que prevé que la tasa de desempleo suba
al 30% en Estados Unidos y que el PIB caiga un 50% de abril a julio.
Sería el gigantesco descalabro que, en mayor o menor medida, se va a
producir en todas las economías del mundo y que a mí me parece que no
está recibiendo el tratamiento de choque que sería necesario aplicar
para evitar que se produzca una hecatombe global.
No he leído a nadie describir la situación tan claramente como lo hizo este último banquero: nos encontramos -dijo-
ante "un cierre parcial, planificado y organizado de la economía" y el
objetivo general debe ser "mantener a todos, hogares y empresas, enteros
con el apoyo del gobierno".
En esta segunda frase es donde a mi juicio se encuentra la clave para
saber si se está haciendo lo que hay que hacer para evitar la
hecatombe: ¿se están manteniendo a flote las empresas y los hogares? Me
parece evidente que no.
En miles de hogares está empezando a faltar la liquidez, no hay
dinero para comer y los trámites de las ayudas se retrasan. La única
forma de evitar la situación límite en la que pueden estar millones de
personas es poner en su bolsillo dinero en efectivo para que puedan
salir adelante. Un dinero que, de paso, iría directa e inmediatamente
después a la caja de las empresas, ayudando así a que se pueda ir
manteniendo el empleo en algunos sectores vitales.
Si se deja que esta situación se deteriore no sólo se va a producir
un gran sufrimiento personal –lo que ya de por sí es tremendo– sino el
brote de un descontento que antes o después se dejará notar en las
calles, en la disciplina social y en la estabilidad política. (...)
Lo mismo se puede decir de las empresas. Es lógico que algunas tengan
un colchón de liquidez más mullido que las familias, pero la gran
mayoría de las microempresas, de las pequeñas y medianas y muchísimos
trabajadores autónomos están acercándose al límite de lo que pueden
resistir.
Como muchos economistas propusimos desde el comienzo de la crisis, la
fórmula inteligente, me atrevería a decir que la de sentido común, para
hacer frente al cierre forzado de la actividad tendría que haber sido
que el gobierno se hiciera cargo de la mayor parte de la carga salarial
de las empresas y les permitiese retrasar pagos a hacienda, para
mantenerlas "congeladas" durante el periodo de encierro.
Ambas ayudas, a hogares y empresas, deberían de haberse hecho sin más
trámite que el preciso para hacerlas efectivas inmediatamente, dejando
para después el control y seguimiento de su justificación y uso. En
lugar de eso, lo que se está haciendo, no sólo en España y tanto en el
caso de los ERTES como de las ayudas familiares, conlleva un retraso
demasiado grande que puede dar lugar a que, cuando se hagan efectivas
las ayudas, sean todavía más insuficientes que cuando se puso en marcha
el proceso para darlas.
Algo parecido está ocurriendo como consecuencia de haber recurrido al
crédito de la banca privada para evitar que las empresas se vengan
abajo. Los trámites engorrosos y las trabas de todo tipo, la falta de
recursos y de eficacia de los bancos, la indecisión y el desconocimiento
de muchas empresas, el temor a incrementar una deuda ya demasiado
elevada en circunstancias tan desfavorables, la incertidumbre general o,
sencillamente, la quiebra total que para miles de autónomos o
microempresas supone el quedarse sin actividad solo unos pocos días,
están haciendo que la financiación bancaria no resulte una vía efectiva
de ayuda para miles de empresas y trabajadores autónomos.
Todo esto está ocurriendo, como he dicho, en toda Europa. Sus
dirigentes parece que sólo se dieron cuenta de la gravedad de la
situación en la retórica, pero no en la práctica. Y no entendieron,
desde luego, que la única institución que puede garantizar que se pongan
en marcha el tipo de ayudas inmediatas y efectivas que se necesitan es
el Banco Central Europeo, financiándolas completa y directamente, con el
apoyo –eso sí– de la Unión Europea en su conjunto, comprendiendo la
situación y facilitando que el endeudamiento subsiguiente no se
convierta en una losa definitiva para las economías.
El error que ha supuesto no tomar estas medidas de apoyo directo,
proporcionando la liquidez suficiente e inmediata que pueda "mantener a
todos los hogares y empresas", como decía el banquero de la Reserva de
St. Luis, está ya tan admitido que hasta se manifiesta en el lenguaje:
se habla de la necesidad de "reconstruir" las economías tras el
coronavirus, dando por hecho que van a quedar destruidas.
Y, lo que es
peor, parece que por Europa se extiende la idea de que, antes que tomar
las medidas de "mantenimiento" que deberían tomarse, lo mejor es ir
terminando cuanto antes el encierro, minimizando la destrucción, y
apostar a que el virus no vuelva a propagarse en una segunda oleada. La
ruleta rusa como única alternativa.
Si su apuesta sale mal y la destrucción se generaliza no se deberá
olvidar que fue como consecuencia de la incompetencia y de la
irresponsabilidad de las autoridades europeas que no supieron hacer
frente al sentido común de las cosas. (...)
Naturalmente, nada de esto podrá ser efectivo si en el seno de cada
país, como ocurre en España, se actúa sin unidad de escuadra, si se
carece de solidaridad, si la emergencia simplemente se utiliza para
agredirse unos a otros y si la sociedad civil no se moviliza y reclama
que se actúe con más eficacia y contundencia.
La orquesta del Titanic nunca tuvo tantos músicos como ahora." (Juan Torres López, Público, 17/04/20)
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