"(...) Dilemas y estrategias de los gobiernos
Con su estricta política de contención en el foco inicial e intenso
intercambio de información con el resto del mundo, China ayudó a
Occidente a prepararse. Brindó tiempo. El hecho de que esa política
exitosa fuera también practicada en lugares como Taiwán o Corea del Sur,
invalida el tontorrón argumento de la “ventaja de la dictadura”.
La
diferencia que habrá que explorar apunta más bien a mentalidades
colectivas, prácticas de buen gobierno y prioridades gubernamentales. No
se trata de China, sino de lo que podríamos llamar “estrategia de Asia
Oriental”. (...)
La vacilación de los gobiernos occidentales también tiene que ver con
el enorme dilema que esta crisis plantea: para contener la pandemia hay
que matar la economía. Si se trata de dos o cuatro semanas de quietud,
como pensaban inicialmente en la UE, el asunto era serio, pero si se
trata de seis semanas, o de algunos meses, entonces a lo que se
enfrentan los gobiernos es a un colapso económico con hundimiento del
sector servicios, depreciación bursátil, contracción del consumo y las
exportaciones, y, finalmente, millones de despidos laborales.
Tal es el dilema al que se enfrentan hoy los que mandan en Occidente: o se opta por una larga hibernación, con lo que la pandemia se contendrá pero la “economía” se hundirá, o se opta por la actual restricción soft
con la economía en apuros y una gran mortandad. Al día de hoy
seguramente nadie sabe cual de las dos opciones es más dañina, pero lo
que está claro es que lo primero no es computable para quienes
representan políticamente los intereses de los más ricos, porque el
Capital tampoco cierra los domingos.
Mientras en Francia, Italia y España, los gobernantes, aprueban
dineros y subsidios especiales, discursos y actitudes como las de Boris
Johnson, Angela Merkel, Donald Trump, Jair Bolsonaro y otros,
evidencian, la opción por el “abierto las 24 horas”: cualquier cosa
menos el colapso económico. Johnson, y al parecer también los holandeses
y suecos, ha dibujado un cierto “laissez faire” a la pandemia.
Merkel ha añadido un cierto fatalismo. Todo ello cosido por la
sugerencia del darwinismo social: que sobrevivan los más fuertes,
confiémonos en la “inmunidad colectiva”, etc. En su discurso del
miércoles, la canciller alemana no propuso nada, ninguna medida. Cero.
“Estoy completamente segura de que superaremos esta crisis, pero
¿cuantas víctimas habrá? ¿cuantos seres queridos perderemos?” dijo,
antes de apelar a la “disciplina de cada cual”. Y ahí lo dejó.
Opciones como suprimir los planes de rearme de la OTAN (400.000
millones para los 29 estados miembros en los próximos cuatro años), o
subir un 20% los sueldos de los más expuestos, profesionales de la
sanidad, repartidores, dependientes de comercio, conductores, son
medidas de sentido común que deberían estar en los discursos de todos.
La crisis económica y social que se dibuja abrirá ciertamente algunas oportunidades, hemos dicho,
desde nuestra ligera ignorancia, que la pandemia contiene ciertas
oportunidades de cambio, , pero lo que va a abrir a corto plazo, y con
toda certeza, es un sufrimiento humano enorme, y muy especialmente entre
los más débiles, pobres y vulnerables.
De la misma forma en que no es
lo mismo el confinamiento en un piso-colmena del extrarradio que en una
amplia villa con jardín, tampoco es lo mismo vivir con la mitad para los
que tienen mucho, o suficiente, que para quienes no llegan a fin de mes
o están en precario. Somos una sociedad dividida en clases." (Rafael Poch, blog, 21/03/20)
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