"Acabó la Semana Santa. He seguido atendiendo hasta el día previo al Jueves Santo. (...)
He pasado la mayoría de los casos a la atención por
videollamada y a algunas personas que necesitan ser atendidas en
presencial las atiendo a treinta minutos, en San Lorenzo de El Escorial.
Somos centro sanitario, esenciales.
Es una situación muy extraña,
atiendo con mascarilla y ellos también la llevan, nos lavamos las manos
antes y después de la terapia, mantenemos la distancia de seguridad pero
existe cierta artificialidad en los rituales de recibida del paciente
que ponen de manifiesto el miedo de la población y también el mío.
Noto diferentes grados de bienestar/malestar en la
población. Por un lado, hay personas que están más tranquilas pese al
estado de incertidumbre porque se están tomando este periodo como un
momento para el crecimiento personal, para seguir incentivando sus
aficiones. Son personas que no tienen excesivas cargas familiares y cuyo
trabajo se puede hacer a distancia, por lo tanto, están ahorrando a
pesar de la crisis económica que se acerca. Están preocupados por
familiares pero no han tenido ningún caso muy cercano.
Hay
personas que están viviendo la situación como un momento de retiro y, a
pesar de los cambios, que producen alguna distorsión, sienten que están
haciendo lo que pueden y que han recuperado cierto control sobre sus
vidas. Ven con mayor frecuencia a sus hijos y a su pareja, evitan tener
que moverse por un Madrid repleto de gente, su insomnio ha desaparecido
porque no se sienten recluidos sino que piensan que el estar en casa es
una manera de estar a salvo y de estar salvando vidas, por lo que su
sentimiento de utilidad es máximo. Las comunicaciones y videollamadas
son constantes para no perder el hilo en lo laboral o en lo personal.
Otras
personas que se han encontrado mejor son las que padecían agorafobia o
quienes que sufrían acoso laboral, también otras personas para las que
el salir de casa producía gran desgaste psíquico.
Por
otro lado, me encuentro con personas que han comenzado un duelo después
de perder a un ser querido sin poder despedirse ni hacer velatorio y
están angustiadas, con culpa, pensando que son ellos lo que le han
contagiado o que pudieron hacer más de lo que hicieron por ayudarle.
Para
las personas con adicciones a las drogas también es un momento
complicado. Se ha incrementado considerablemente el precio, ha bajado la
calidad de la sustancia y es más difícil de conseguir, por lo que las
situaciones de irritación, ofuscación u agresividad intrafamiliar se han
desbordado. Uno de mis pacientes ha comenzado la desintoxicación justo
ahora, aprovechando el confinamiento y lo está consiguiendo. En estos
momentos, las personas que consumían amparados por un comportamiento
social ya no tienen esta excusa en su mentalidad.
También
tengo a muchos sanitarios que se sienten impotentes ante este escenario
en el que no trabajan en las mejores condiciones laborales, sin equipos
de protección adecuados, algunos con un sueldo precario y sin
continuidad laboral. Algunos se sienten casi rechazados, puesto que
tienen que dormir en dormitorios diferentes que sus parejas, no
encuentran quien cuide a los hijos o aparecen escritos en la puerta de
su vivienda invitándoles a dejar el piso durante los días que continúe
la pandemia.
Ellos son los que pueden sufrir con mayor
probabilidad un estrés postraumático puesto que los factores de estrés
superan los factores protectores. Las sesiones se convierten en una
muralla contra lo cotidiano para poder generar estrategias que ayuden a
paliar algunos sentimientos que les generan malestar.
Al acabar la jornada acudo al supermercado al lado del centro sanitario y
compro para mí y para algunos familiares. Mis padres, sexagenarios,
tienen pánico a salir a la calle y no existen tiendas de barrio. Son
vecinos de mi casa rural donde ahora me alojo.
Regreso al pueblo,
reparto los alimentos dejándolos en la puerta y aviso por teléfono de
que pueden recogerlos. Pregunto cómo están y vuelvo a mi hogar. Por una
parte quiero que acabe esta situación, necesito volver a atender cerca
de Sol, en Madrid. Pero por otro lado, me había olvidado de la
tranquilidad de este lugar, del olor a campo en estos paisajes, de que
me despierte el canto de un gallo o que tenía nuevos vecinos y querían
conocerme." (Sergio García Soriano, eldiario.es, 16/04/20)
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