La diputada de Más Madrid y anestesista en el hospital 12 de Octubre, Mónica García.
Mariano Neyra
"Hasta ahora no habíamos dejado nunca a nadie fuera", se lamenta Mónica García (Madrid, 1974) desde el otro lado del teléfono. La diputada de Más Madrid en la Asamblea habla como médica y sobre el trabajo heroico que ella y miles de sanitarios han desempeñado en los diferentes hospitales madrileños durante la peor crisis sanitaria que recuerda.
"Hasta ahora no habíamos dejado nunca a nadie fuera", se lamenta Mónica García (Madrid, 1974) desde el otro lado del teléfono. La diputada de Más Madrid en la Asamblea habla como médica y sobre el trabajo heroico que ella y miles de sanitarios han desempeñado en los diferentes hospitales madrileños durante la peor crisis sanitaria que recuerda.
Este martes en la comisión de Sanidad
en la que el consejero Enrique Ruiz Escudero comparecía después de más
de un mes, usted dijo que el 6 de marzo le trasladó una cierta
preocupación de su hospital porque ya había un caldo de cultivo que
hablaba de que algo estaba pasando. ¿En qué consistió esa alerta?
El
viernes 6 de marzo fui a trabajar al hospital y aunque no había cifras
oficiales que alertasen, sí había un mar de fondo. Dentro de los
hospitales empezamos a detectar que había más intensidad en las
urgencias, que había más ingresos. Estábamos viendo que íbamos un
poquito por detrás de algo que todavía no habíamos detectado. De manera
privada, como he hecho sobre otras muchas cosas, le transmití al
consejero esta preocupación y le pregunté si en la Comunidad de Madrid
había esa misma sensación o si algunos de los gerentes le habían
transmitido alguna alarma.
Fue evidente que no tenían
los radares conectados como para detectar lo que realmente había ya en
febrero y en la primera semana de marzo: un movimiento, llamémoslo
tectónico, que podía llevar a pensar que en Madrid nos estaba ocurriendo
lo mismo que en Italia.
Entonces usted cree que el virus estuvo circulando mucho antes de que se detectase.
Está
claro que el virus estaba circulando. En la Comunidad de Madrid de
alguna manera el tsunami se desata la semana siguiente y ese tsunami no
se desata espontáneamente, sino que ha tenido un caldo de cultivo en las
semanas previas. Y de hecho, hubo compañeros y hubo servicios que
estando en contacto con la gente de Italia, con los profesionales de
Italia, sí que de alguna manera se olieron que esto nos podía pasar a
nosotros e hicieron un acopio de equipos de ventilación no invasiva y de
otro tipo de material que podían suponer que íbamos a necesitar.
Teniendo en cuenta todas las circunstancias que tiene Madrid de ciudad
turística, de capitalidad, de movimiento, ya se podía pensar que
realmente el virus estaba entre nosotros. El problema para mí es por qué
no lo detectamos.
¿Por qué no lo detectamos?
Hay
dos radares, en todas las comunidades y que son de su competencia. El
primer radar son las urgencias; el segundo es la atención primaria. Si
las urgencias ya las tienes colapsadas normalmente, si los hospitales se
te colapsan con la epidemia de la gripe, es muy difícil identificar que
hay un sobrecolapso como estaba ocurriendo.
Si no pones atención en
monitorizar qué es lo que está pasando en las urgencias, es muy difícil
que veas que hay un repunte en las urgencias. Y en la atención primaria
pasa lo mismo. Si uno de los radares lo tienes recortado, es muy difícil
que ese radar te salte. Si a eso le añadimos que los sistemas
informáticos de la Comunidad de Madrid no están integrados entre ellos y
no somos capaces de tener una visión global, pues tenemos la tormenta
perfecta.
Pero la crítica de la oposición es hacia el Gobierno central, por haber actuado tarde.
Se
está haciendo un relato que no es real de lo que realmente supone el
Ministerio de Sanidad. Las competencias están totalmente transferidas y,
de hecho, nos podemos remontar a hace no mucho tiempo cuando era
considerado un Ministerio sin apenas competencias y sin apenas
presupuesto. El Ministerio se nutre de la información que le dan las 17
comunidades, que son las que tienen realmente tanto los funcionarios
como los servicios de salud pública y el resto de servicios sanitarios.
Se
le puede achacar al Gobierno que ha tomado decisiones tarde, pero hay
que ir un poquito también aguas arriba: ¿se toman decisiones tarde
porque los datos le llegan tarde? ¿Las comunidades no fueron capaces de
detectar esos datos porque no estuvieron suficientemente atentas? La
responsabilidad hay que repartirla en función de las competencias que ha
tenido cada uno en cada momento y me parece bastante injusto cargar
solamente sobre la parte del Ministerio, cuando realmente las
competencias en Sanidad son autonómicas. En Madrid hemos pasado de ser
la mejor sanidad del mundo a un "yo no sé nada de lo que usted está
hablando". Ahí hay un cierto juego político bastante desleal e irreal. (...)
¿En qué va a consistir esa desescalada que anuncia el consejero de Sanidad? ¿Tiene algo ya claro de su hospital?
Mucho
nos tememos que va a ser el mismo plan ausente que nos encontramos en
los inicios de la crisis. Una absoluta falta de planificación. Pero como
casi cualquier tratamiento es casi tan importante como los implantas a
como lo quitas. La sensación es que detrás de las palabras de
'vamos a empezar a desescalar' no hay nada más, no hay absolutamente
ningún plan, lo cual nos pone otra vez a los sanitarios la piel de
gallina, pensando que esto lo vamos a seguir haciendo de manera
artesanal, cada hospital y cada servicio, según se presenten las
circunstancias.
¿Cómo ha vivido junto con sus compañeros el colapso de los hospitales?
Es
de las cosas que emocionalmente más nos van a pasar factura. Es una
situación absolutamente insólita que no nos la podíamos imaginar ni en
el peor de los escenarios. Y luego, porque teníamos la sensación real de
que nos estábamos dejando a gente fuera. Eso en nuestro sistema
sanitario no era posible, no lo es éticamente, ni moralmente, ni de
ninguna manera. Hasta ahora no habíamos dejado nunca a nadie fuera
porque tenemos un sistema universal y básicamente estamos acostumbrados a
que nuestros hospitales atienden a todo el mundo.
Y
entonces llega una situación en la cual estamos tan desbordados que
tenemos unos recursos que no llegan a todo el mundo y creo que esto
emocionalmente ha sido duro. El pasar de hacer una medicina de calidad a
tener que rebajar los estándares de calidad porque no llegas a todo el
mundo. Es una sensación que no se la deseo a nadie. Emocionalmente es lo
que más factura nos va a pasar a todos los profesionales, el no haber
podido tener recursos para atender a todo el mundo.
¿Quién se ha quedado fuera?
Eso
es una de las cosas que habrá que ver, cuánta gente se ha quedado
fuera. No solo la gente de COVID-19, sino la gente a la que
indirectamente no se ha atendido por una sobresaturación y una
limitación de los recursos. Lo que es obvio es que durante 10 días
seguro, y no sé si dos semanas, hemos tenido pacientes en lista de
espera de las UCI. Y eso significa que hay pacientes que se hubieran
beneficiado de tener un tratamiento intensivo y no lo han tenido. Habrá
que valorar cuáles han sido las consecuencias, que no es echarle la
culpa a nadie, pero valorar de dónde veníamos y hasta dónde hemos podido
llegar.
¿De dónde veníamos? Eso habrá influido también.
Es
obvio de dónde veníamos. A nadie le puede extrañar que el Partido
Popular en la Comunidad de Madrid durante los últimos 15 años ha hecho
una política de recortes de los servicios públicos. De la que encima ha
presumido. Tenemos una de las regiones, según Eurostat, con menos camas
por habitante de toda Europa. Es una región que tiene menos
profesionales, la comunidad que tiene la segunda peor inversión por
habitante en sanidad y, por supuesto, la peor en relación con su PIB.
Somos una comunidad rica que se ha dedicado no sólo a invertir poco en
sanidad, sino a desviar una parte del pastel de la sanidad a empresas
privadas y a fondos buitre. Nunca se va a poder cuantificar cuánto de
esto ha derivado en nuestro colapso, pero es un hecho absolutamente
objetivo que ha influido.
Tanto los sindicatos como los propios
sanitarios se han quejado de la falta de transparencia, de información y
de planificación de la Consejería de Sanidad. Afirman que han tenido en
muchas ocasiones que autogestionarse.
Ha
sido totalmente así. No ha habido órdenes escritas. No ha habido
absolutamente ninguna planificación por parte de la Consejería, más allá
de bandazos de 'ahora abrimos Ifema sin UCI o con UCI'; 'van a ir allí
los residentes', pero luego han ido los de atención primaria.... En fin,
no ha habido ningún plan de contingencia de recursos humanos. No ha
habido ninguna directriz que diga este hospital va a ser COVID, este
otro no. En definitiva, lo que se espera de un gobierno: coordinar y
organizar su servicio sanitario.
En contraposición, ha
habido una autoorganización de los profesionales y de los servicios
que, ante la gravedad de la situación, han decidido abrirse chats y
trabajar en común. De alguna manera, romper esas jerarquías que teníamos
en los hospitales de servicios separados. Ha habido autoorganización de
los profesionales, pero para eso no necesitamos una Consejería. (...)
Las residencias han sido uno de los
mayores focos de contagios y muertes, también con competencias
autonómicas. ¿Qué ha pasado con estos centros? ¿Se descartaron pacientes
de residencias como denunciaron trabajadores y familiares?
Tenemos
un problema, porque como todo es oficioso, nada es oficial, no ha
habido ningún dato oficial de la realidad de las residencias de
mayores. Solo la sabe la comunidad. Partimos de un modelo de residencias
impuesto por el PP y por Ciudadanos de la venta al por menor de
servicios esenciales, entre los que estaban las residencias de mayores.
Tener un 90% de las residencias privadas y sólo un 10% que son públicas,
ha hecho que no tuviéramos los radares en ese 90%.
Y esto ha hecho,
entre otras cosas, que haya habido un auténtico trauma en la región. Lo
recordaremos como uno de los puntos neurálgicos donde más se cebó esta
epidemia. La responsabilidad es de la Comunidad de Madrid y merecemos
algo más allá de una simple explicación política de quitamos a un
consejero.
¿Cómo valora la gestión que ha hecho el consejero de Sanidad y la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso?
La
presidenta Isabel Díaz Ayuso no ha hecho una gestión de la epidemia, ha
hecho una gestión de su propia confrontación con el presidente Pedro
Sánchez. No sé si le ha ayudado Miguel Ángel Rodríguez, pero
básicamente es a lo que se ha dedicado.
El consejero de Sanidad creo que
partía de una circunstancia y una situación con muy malos mimbres. Es
un consejero que llega en el último momento, que no es capaz de poner su
propio equipo porque se lo imponen. En el peor de los casos han
decidido recurrir a Antonio Burgueño, que es una de las personas que más
daño le ha hecho a la Sanidad de Madrid.
Sé que el
consejero ha estado preocupado, pero no tenía prácticamente ingredientes
buenos dentro de su propia consejería para poder afrontar esto con una
maquinaria engrasada para realmente atender la salud de los de los
ciudadanos.
Ahora bien, como máximo responsable, sabiendo que tenía
estos mimbres tan malos, tampoco ha hecho ningún acto político que
pusiera de manifiesto que realmente la sanidad y la Consejería no
estaban preparadas. Lo que me parece que es completamente surrealista es
intentar atribuirle la responsabilidad al Gobierno central."

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