14.4.20

¿Qué es la Unión Europea? Tiene como objetivo central, desmontar pieza a pieza el Estado social... desvincular la decisión política de la democracia como autogobierno de las poblaciones. En su centro, la hegemonía del Estado alemán. Alemania tiene un poder estructural en la UE, ya que fija sus reglas del juego básicas

"(...) ¿Qué es la Unión Europea? ¿Un OPNI? Es decir, un Objeto Político No Identificado, como decía Delors. ¿Una organización Internacional basada en Tratados? ¿Un proto-Estado? ¿Una forma de cesarismo burocrático? 

A mi juicio, se trata de un sistema de dominación política de nuevo cuño, que organiza, administra y disciplina a las clases económicamente dominantes y asegura la coherencia de sus intereses generales, garantizado por el Estado alemán.

El ordoliberalismo germano es esto, a saber, creación política del mercado capitalista, definición de las condiciones jurídico-institucionales para su correcto funcionamiento. No es un orden espontáneo, necesita del poder político, de un tipo específico de intervención estatal. Su enemigo mortal, el Estado Social. ¿Por qué? Porque genera perspectivas, imaginarios y prácticas que “politizan la economía”, legitiman su control democrático y justifican una creciente intervención sobre las “pseudomercancías”, el dinero, la fuerza de trabajo y la naturaleza. 

La democracia entendida como autogobierno, como poder constituyente, tiende a hacer incompatible capitalismo y sociedad, incentiva el conflicto de clases y cuestiona el capitalismo en cada crisis. Es por esto, como vio acertadamente Michal Kalecki, que el pleno empleo, la “constitución del trabajo” que lo posibilita, acaba por ser incompatible con el funcionamiento de eso que elípticamente se llama economía de mercado, que es el capitalismo de los monopolios bajo la hegemonía de las organizaciones financieras.

La Unión Europea, más allá y más acá de la lacrimógena ideología europeísta, tiene como objetivo central desmontar pieza a pieza el Estado social, liquidar las bases del poder contractual de las clases trabajadores, constitucionalizar el ordoliberalismo y —lo fundamental— desvincular la decisión política del Estado-nación, de la democracia como autogobierno de las poblaciones. En su centro, la hegemonía del Estado alemán.

 Es la gran paradoja: para que esta UE funcione, tiene que anclarse en un Estado nación que vela escrupulosamente por su soberanía. Alemania tiene un poder estructural en la UE, ya que fija sus reglas del juego básicas que los actores tienen que aplicar rigurosamente y que siempre le beneficia. No es contradictorio, dadas estas reglas, que el Estado alemán practique una permanente estrategia neomercantil basada en el dumping laboral y social favoreciendo una separación creciente entre un centro y una periferia, cada vez más dependiente económicamente y subalterna políticamente.

Una condición fundamental para que funcione la UE es que las clases económicamente dominantes, los grandes poderes económicos, trabajen hombro con hombro con las directivas de las instituciones europeas y acepten la dirección de Alemania. 

En cada uno de los Estados se ha ido formando una coalición social, un bloque de poder, que asegura que las políticas que se hacen no se aparten de las lógicas imperantes en la Unión. Actúa como un Estado “profundo”. Pedro Sánchez lo entendió perfectamente y situó como ministra de Economía a Nadia Calviño, persona de confianza de la tecnocracia europea, punto de contacto con los grandes poderes que la controlan.

No es casualidad que la ministra Calviño esté, cada vez más, en el centro de todos los debates. No se sabe muy bien si representa los intereses de España ante la UE o al revés. Los poderes están privilegiando su figura, oponiéndola a Pablo Iglesias y, cada vez más, a Pedro Sánchez. Como siempre, no se equivocan. 

El objetivo no es echar del Gobierno a UP; esto es una maniobra táctica para crear las condiciones e imponer un tipo de gobierno que sintonice con las políticas que vienen de la UE. Nadia Calviño es el instrumento y el medio para conseguir este fin.

Los tan elogiados acuerdos del Eurogrupo no pueden ocultar la verdad. Alemania gana una vez más. Se habla de medio billón de euros como si fuera dinero en mano y que nos tocaría a España una parte sustancial. Se subraya su no condicionalidad y parecería —a eso le llaman solidaridad— que nos los regalan. 

Los 25.000 millones que vendrán del MEDE son finalistas (para las consecuencias sanitarias del coronavirus); hay que devolverlos y son claramente insuficientes para la enorme dimensión de la crisis. En la declaración final se dice con precisión que esto es temporal mientras que dure la pandemia y después, los estrictos criterios del plan de estabilidad.

 A esta cantidad se le añade 24.000 millones del BEI en avales para las empresas, y habrá unos 100.000 millones para toda la Unión cuyo criterio de reparto por país no queda establecido. Un “parto de los montes” que prefigura, no tardando mucho, a los “hombres de negro”. (...)"                (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 13/04/20)

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