15.4.20

¿Se puede acusar al gobierno de Pedro Sánchez de improvisar cuando se está enfrentando a una pandemia de cuyo origen nadie sabía y sobre cuyo desarrollo nadie sabe a ciencia cierta lo que pueda pasar, y si los gobiernos anteriores no elaboraron protocolos de actuación para un caso como este?

"(...) ¿Se puede acusar al gobierno de Pedro Sánchez de improvisar cuando se está enfrentando a una pandemia de cuyo origen nadie sabía y sobre cuyo desarrollo nadie sabe a ciencia cierta lo que pueda pasar, y si los gobiernos anteriores no elaboraron protocolos de actuación para un caso como este?

Evidentemente, a Pedro Sánchez le correspondería una cuota parte de responsabilidad por no haberla elaborado en los meses en que ha sido presidente mas la correspondiente al Partido Popular sería sin duda mucho mayor. ¿A qué viene entonces criticar a este gobierno por improvisar?

Y hay que decir, además, que cuando la dialéctica gobierno-oposición se encanalla, como ocurre en España, ni siquiera la previsión está exenta de crítica. También se ataca a los ejecutivos cuando son previsores. Cuando el presidente Rodríguez Zapatero creó la Unidad Militar de Emergencias (UME) que ahora está resultando de tan gran utilidad, el entonces líder del PP, Mariano Rajoy, le acusó de crear un invento innecesario, de dudosa legalidad y de poner en marcha un «capricho faraónico». Un tipo de actitud destructiva que no sólo se da en España.

 Hace unos días, el expresidente francés François Fillon escribía un artículo recordando que la oposición masacró a su ministra de salud, la farmacéutica Roselyne Bachelot, cuando decidió comprar dos mil millones de mascarillas en previsión de problemas como el que estamos viviendo. En todos los medios y en el Parlamento se le acusó entonces de dilapidar recursos públicos y ahora Francia está tratando de comprarlas deprisa y corriendo (por cierto, con problemas de rapiña y fraude prácticamente iguales a los que sufre España y que provocan una crítica feroz de la oposición al gobierno de Sánchez, como si esos problemas fueran solamente nuestros y culpa de su gestión).

La oposición está en su derecho de criticar al gobierno y, de hecho y de derecho, es su obligación. Los dirigentes del Partido Popular, Ciudadanos o Vox tienen afortunadamente libertad para decir lo que quieran, pero sería mucho más positivo para España y para la salud y el bienestar de todos los españoles que no recurrieran a la mentira y que no actuaran como quien ejecuta una representación teatral.

Si lo que está pasando en España sólo ocurriera aquí, lo que dice la oposición podría ser más creíble, pero acusar al gobierno español de males que se están produciendo en prácticamente todos los demás países resulta, especialmente en estos momentos en que la enfermedad y la muerte acechan a los españoles sin distinción, especialmente patético y desgraciado.

Cuando las cosas ya han sucedido, todo el mundo sabe lo que se debería haber hecho pero lo honrado es criticar contando con que las decisiones se toman con la información que se tiene en cada momento.

Ahora ya sabemos que estábamos en plena difusión de la pandemia cuando el virus no había hecho acto de presencia pero eso no lo supo el gobierno, ni quizá nadie, en su momento, y eso ha provocado efectivamente que se retrasen medidas, sobre todo la de encierro, que son imprescindibles para frenarla y reducir sus efectos. 

Algo que no sólo ha pasado en España, como se puede comprobar simplemente leyendo la prensa de otros países. En Francia, con un gobierno conservador y no «social-comunista» como aquí llaman al de Pedro Sánchez, las decisiones fueron también tardías y polémicas y allí no sólo se celebraron manifestaciones, como aquí, sino unas elecciones municipales que movilizaron a millones de personas. También sus dirigentes, como los de otros países, dieron muestras de tener un gran desconocimiento de lo que iba a ocurrir.

En enero de este año, la Ministra de Solidaridad y Salud francesa, Agnes Buzyn, dijo sobre el Covid-19 que «el riesgo de importarlo de Wuhan es prácticamente cero» y el «de propagación es muy bajo». El Ministro de Educación Nacional, Jean – Michel Blanquer, afirmaba el 11 de marzo que «el cierre de las escuelas no es posible» y un día después el de Trabajo, Muriel Pénicaud, que «no es peligroso ir a trabajar en empresas de más de 1000 empleados». Y eso, por no hablar de los cambios de opinión de otros líderes más del gusto de la extrema derecha española, como Boris Johnson o Donald Trump.

Improvisar frente a un fenómeno que muta casi constantemente y de cuya evolución y consecuencias desconocemos casi todo no es, por tanto, lo peor que nos puede pasar sino más bien algo obligado. Aunque esto no quiere decir que cualquier forma de improvisar, por muy inevitable que resulte, sea la adecuada.  (...)"                (Juan Torres López, Ganas de escribir, 05/04/20)

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