"(...) ¿Se puede acusar al gobierno de Pedro Sánchez de improvisar cuando se
está enfrentando a una pandemia de cuyo origen nadie sabía y sobre cuyo
desarrollo nadie sabe a ciencia cierta lo que pueda pasar, y si los
gobiernos anteriores no elaboraron protocolos de actuación para un caso
como este?
Evidentemente, a Pedro Sánchez le correspondería una cuota parte de
responsabilidad por no haberla elaborado en los meses en que ha sido
presidente mas la correspondiente al Partido Popular sería sin duda
mucho mayor. ¿A qué viene entonces criticar a este gobierno por
improvisar?
Y hay que decir, además, que cuando la dialéctica gobierno-oposición
se encanalla, como ocurre en España, ni siquiera la previsión está
exenta de crítica. También se ataca a los ejecutivos cuando son
previsores. Cuando el presidente Rodríguez Zapatero creó la Unidad
Militar de Emergencias (UME) que ahora está resultando de tan gran
utilidad, el entonces líder del PP, Mariano Rajoy, le acusó de crear un
invento innecesario, de dudosa legalidad y de poner en marcha un
«capricho faraónico». Un tipo de actitud destructiva que no sólo se da
en España.
Hace unos días, el expresidente francés François Fillon
escribía un artículo recordando que la oposición masacró a su ministra
de salud, la farmacéutica Roselyne Bachelot, cuando decidió comprar dos
mil millones de mascarillas en previsión de problemas como el que
estamos viviendo. En todos los medios y en el Parlamento se le acusó
entonces de dilapidar recursos públicos y ahora Francia está tratando de
comprarlas deprisa y corriendo (por cierto, con problemas de rapiña y
fraude prácticamente iguales a los que sufre España y que provocan una
crítica feroz de la oposición al gobierno de Sánchez, como si esos
problemas fueran solamente nuestros y culpa de su gestión).
La oposición está en su derecho de criticar al gobierno y, de hecho y
de derecho, es su obligación. Los dirigentes del Partido Popular,
Ciudadanos o Vox tienen afortunadamente libertad para decir lo que
quieran, pero sería mucho más positivo para España y para la salud y el
bienestar de todos los españoles que no recurrieran a la mentira y que
no actuaran como quien ejecuta una representación teatral.
Si lo que está pasando en España sólo ocurriera aquí, lo que dice la
oposición podría ser más creíble, pero acusar al gobierno español de
males que se están produciendo en prácticamente todos los demás países
resulta, especialmente en estos momentos en que la enfermedad y la
muerte acechan a los españoles sin distinción, especialmente patético y
desgraciado.
Cuando las cosas ya han sucedido, todo el mundo sabe lo que se
debería haber hecho pero lo honrado es criticar contando con que las
decisiones se toman con la información que se tiene en cada momento.
Ahora ya sabemos que estábamos en plena difusión de la pandemia
cuando el virus no había hecho acto de presencia pero eso no lo supo el
gobierno, ni quizá nadie, en su momento, y eso ha provocado
efectivamente que se retrasen medidas, sobre todo la de encierro, que
son imprescindibles para frenarla y reducir sus efectos.
Algo que no
sólo ha pasado en España, como se puede comprobar simplemente leyendo la
prensa de otros países. En Francia, con un gobierno conservador y no
«social-comunista» como aquí llaman al de Pedro Sánchez, las decisiones
fueron también tardías y polémicas y allí no sólo se celebraron
manifestaciones, como aquí, sino unas elecciones municipales que
movilizaron a millones de personas. También sus dirigentes, como los de
otros países, dieron muestras de tener un gran desconocimiento de lo que
iba a ocurrir.
En enero de este año, la Ministra de Solidaridad y Salud francesa,
Agnes Buzyn, dijo sobre el Covid-19 que «el riesgo de importarlo de
Wuhan es prácticamente cero» y el «de propagación es muy bajo». El
Ministro de Educación Nacional, Jean – Michel Blanquer, afirmaba el 11
de marzo que «el cierre de las escuelas no es posible» y un día después
el de Trabajo, Muriel Pénicaud, que «no es peligroso ir a trabajar en
empresas de más de 1000 empleados». Y eso, por no hablar de los cambios
de opinión de otros líderes más del gusto de la extrema derecha
española, como Boris Johnson o Donald Trump.
Improvisar frente a un fenómeno que muta casi constantemente y de
cuya evolución y consecuencias desconocemos casi todo no es, por tanto,
lo peor que nos puede pasar sino más bien algo obligado. Aunque esto no
quiere decir que cualquier forma de improvisar, por muy inevitable que
resulte, sea la adecuada. (...)" (Juan Torres López, Ganas de escribir, 05/04/20)
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