"(...) Se habla de una vuelta
escalonada a la actividad cuando la situación se supere. Que no
podemos volver de golpe ¿Qué significa aquí una vuelta escalonada?
¿Por qué sería peligroso una vuelta general? ¿Podemos ver
irrumpir otros coronavirus tan dañinos como éste? (...)
Esta es mi propuesta de no epidemiólogo, intentando que esté bien
argumentada.
En las condiciones actuales, con los medios y capacidades
organizativas del Estado (escasas en algunos aspectos como se está
viendo), la estrategia que yo seguiría sería:
1º. Conocer con más precisión el porcentaje de “seropositivos”
y la distribución regional. Considerando, prudentemente, que los
seropositivos son resistentes.
2º Hacer acopio de pruebas diagnósticas de las tres: la molecular
por PCR, la “rápida” por detección del virus con anticuerpos y
la serológica (en
este vídeo las describo), para diagnosticar (y
aislar) a todos las personas con síntomas que trabajen en sectores
fundamentales.
En ese momento es importante empezar a relajar algunas medidas del
confinamiento: se tiene que permitir salir a los niños y se tiene
que permitir hacer deporte y algunas actividades al aire libre.
Y progresivamente, si los contagios no aumentan, mandar a trabajar a
todo el mundo, como cuando se declaró el estado de alarma.
Estoy convencido de que si nuestros sistemas sanitarios y de cuidados
(residencias, etc.) tuvieran capacidad de diagnóstico, de
aislamiento, de contención y de no contagio, podríamos retomar la
“normalidad” antes. Pero si uno de los focos de contagio, el
personal sanitario contagioso es
obligado a ir a trabajar, esto no terminará
hasta que la mayoría de la población esté inmunizada, con el coste
humano que eso tendría. (...)
La
vacuna se va a desarrollar. Tengo confianza en que las “espinas
proteicas” van a generar una buena respuesta inmune que bajará
considerablemente la letalidad. (...)
Gracias, excelente. En una
entrevista de Amy Goodman a Michele Barry, la directora del Centro de
Innovación en Salud Global de Stanford, esta segunda señalaba que
se necesitaba cooperación mundial para detener el contagio. ¿En qué
puede consistir esta cooperación mundial? ¿Se está dando de hecho?
¿Cooperación? Lo que observamos es un resurgir del imperialismo y
la competencia, incluso entre regiones y países supuestamente
aliados. Se roban los aviones cargados de material sanitario, se
cierran las fronteras para esos materiales… Pero, eso sí, que los
productos agrícolas sigan circulando para el norte. No deja de ser
curioso que la cooperación venga de países “malditos” como
China o Cuba.
Obviamente haría falta intercambio de recursos y conocimiento. Por
ejemplo, la transparencia con los datos epidemiológicos sería
necesaria.
Hoy
mismo ha saltado la noticia de que ha dimitido Mauro Ferrari, el jefe
de agencia científica ERC (Consejo europeo de investigación por sus
siglas en inglés) por desavenencias con altos cargos de la Comisión
europea. Ha dicho en
su carta, literalmente: “He estado muy decepcionado
con la respuesta europea al Covid-19, en lo que respecta a la
completa ausencia de coordinación en las políticas sanitarias entre
los estados miembro, la recurrente oposición a las iniciativas de
apoyo financiero de cohesión, al cierre de fronteras unilateral, y
la escala marginal de las iniciativas de sinergias científicas [7]”
(Entrevista al investigador Alfredo Caro Maldonado sobre el COVID-19, Salvador López Arnal, Rebelión, 09/04/20)
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