8.4.21

Macron se descolgó diciendo que la vacuna de Oxford era “casi inefectiva”, así que los antivacunas franceses florecen como en el tercer mundo. Para completar el cuadro, Angela Merkel, en unas semanas ha pasado de prohibir la vacuna de AstraZeneca a los mayores de 65 años, a hacerla obligatoria exclusivamente para ese segmento de población... ante esto, ¿no sería mejor irse de la UE antes de la próxima pandemia?

 "(...) Para cubrirse sus espaldas políticas, tanto la Comisión como varios de los principales gobiernos nacionales han adoptado medidas erráticas, absurdas, contraproducentes, hostiles y frecuentemente anticientíficas. Han erosionado la confianza de la población en unas vacunas que son perfectamente seguras y eficaces. Lo dicen las propias agencias europeas del medicamento y lo demuestran los datos del “mundo real” tras decenas de millones de inyecciones.   (...)

El episodio de la redada de millones de vacunas de AstraZeneca en Italia por orden de la Comisión fue acaso el más ridículo de todos: se sospechaba que esas vacunas iban al Reino Unido cuando en realidad estaban destinadas a la propia UE. Esto demostró dos cosas, a cual más desoladora: que la Comisión no sabe dónde está su suministro, y que además desconoce el hecho de que las vacunas de AstraZeneca de Reino Unido provienen del propio Reino Unido y de la India. 

 Sin embargo, aún más decepcionante ha sido el papelón de varios gobiernos nacionales, con especial mención a las locomotoras francesa y alemana. En Francia, Macron se descolgó con unas declaraciones más propias de Trump o Bolsonaro, diciendo, contra toda la evidencia científica disponible y contra los informes de la propia Agencia Europea del Medicamento, que la vacuna de Oxford era “casi inefectiva”. 

 El presidente francés consiguió así dañar la confianza en un producto clave a la hora de superar la pandemia. El efecto dominó de aquellas palabras está siendo terrible. El movimiento antivacunas en Francia es más propio de países con escaso grado de alfabetización. Se suceden las olas pandémicas, la población desconfía y Francia acaba de decretar su tercer confinamiento duro desde el comienzo de la crisis. 

 Peor todavía ha sido la gestión del gobierno de Angela Merkel en Alemania, y aquí sí que se nos cae un mito. En unas semanas se ha pasado de prohibir la vacuna de AstraZeneca a los mayores de 65 años a hacerla obligatoria exclusivamente para ese segmento de población.

 Los desconcertantes bandazos del gobierno alemán se justifican por los trombos que han sufrido 30 pacientes de entre las varias decenas de millones de personas vacunadas en todo el continente. Los coágulos, y esto ya se sabe desde hace un año, son una de las consecuencias potencialmente letales del Covid-19. Que 30 personas los sufran entre 30 millones es ni más ni menos que lo habitual, con vacuna o sin ella.  (...)

A todo esto, Alemania sigue siendo un país en el que se recetan soluciones homeopáticas para la depresión y para todo tipo de enfermedades, y en el que campan a sus anchas los bulos antivacunas. Si esta es la Europa de las luces, cómo será la oscurantista.  (...)

 Este episodio deja en mal lugar a la clase política de países que muchos teníamos como modelo. Uno puede fácilmente imaginarse qué hubiera sucedido si la Comisión estuviera presidida por un español, portugués, italiano o griego y no por la ex Ministra de Defensa de Alemania (en su día, por cierto, cuestionada por el supuesto plagio de su tesis doctoral: ¿les suena?). Creo que los países del norte hubieran corrido a oprobiosos gorrazos al hipotético comisario sureño.  

 Ursula von der Leyen debería haber dimitido hace ya tiempo. Es responsable de este desastre, o al menos de encargarle una tarea tan importante a una Comisaria sin ninguna experiencia en la materia.  (...)

 La situación mejorará ostensiblemente en los próximos meses, con la llegada de las dosis de varias otras farmacéuticas y con la previsible aceleración del proceso. Sin embargo, no deberíamos olvidar que estos errores han costado vidas, y que también han prolongado el sufrimiento de los que seguimos vivos. (...)"                    

(Carlos Conde Solares. Coordinador del Foro de Profesores y Profesor de Historia de España en la Universidad de Northumbria (Reino Unido). Crónica global, 02/04/21)

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