28.2.23

Washington Post: cómo puede terminar la guerra de Ucrania... el escenario de la posguerra ucraniana podría ser similar al de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, con el próspero Oeste y un deprimido Este... es obvio que tras las esperadas ofensivas de primavera, sea cual sea la forma que adopten y el modo en que se desarrollen, aumentarán las peticiones de negociaciones diplomáticas y de una fórmula para poner fin a la guerra

 "En el Washington Post, Graham Allison firma un artículo muy interesante sobre el conflicto ucraniano, en el que da cuatro respuestas a otras tantas preguntas incómodas, que sin embargo hay que plantearse para asumir la realidad y superar las cortinas de humo de la propaganda.

En primer lugar, señala que, "al considerar el camino a seguir, no podemos eludir el hecho brutal de que Putin maneja un arsenal de unas 6.000 cabezas nucleares, que podrían matarnos a todos". Un tema, cabría añadir, que la prensa occidental tiende a eludir, porque corre el riesgo de suscitar preguntas incómodas sobre la conveniencia de enviar armas cada vez más potentes y sofisticadas a Kiev.

No humillar al adversario con armas nucleares

Más allá de la premisa, la primera consideración de Allison se refiere a la incapacidad de Estados Unidos para entrar en un conflicto directo con Rusia, ya que no puede permitirse una guerra global. Un punto en el que es necesario insistir, a pesar de su obviedad, porque con demasiada frecuencia se alzan voces que incitan a ello.

"En segundo lugar, ¿tiene razón el director de la CIA, William J. Burns, cuando afirma que Ucrania es una guerra que Putin "cree que no puede permitirse perder?" Sí: si las condiciones en el campo de batalla obligan a Putin a elegir entre una derrota humillante por un lado y una escalada por otro, es probable que elija lo segundo".

Sobre este punto, también recuerda una lúcida reflexión de John F. Kennedy: "Aunque estamos comprometidos con la defensa de nuestros intereses vitales, las potencias nucleares deben evitar aquellos conflictos que obliguen al adversario a elegir entre una retirada humillante o una guerra nuclear".

Sobre el tercer punto, Allison explica que aunque Rusia acabe manteniendo bajo su control una parte del territorio ucraniano, habrá perdido igualmente, ya que la guerra ha supuesto la consolidación del otro bando, que tiene una economía "20 veces" más fuerte que la rusa, además de haber favorecido la ampliación de la OTAN y abierto una nueva Guerra Fría que ve a Moscú aislado.

Por último, Allison concluye afirmando que el escenario de la posguerra ucraniana podría ser similar al de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, con el próspero Oeste dividido por el deprimido Este. Dos realidades que coexistieron durante mucho tiempo hasta que Occidente, gracias a su desarrollo, acabó reabsorbiendo al Este, recomponiendo la grieta.

Por supuesto, en la visión global de Allison hay una fuerte impronta nacionalista y quizá ciertas perspectivas progresistas que vislumbra para Occidente sean demasiado irenistas, pero es una forma tan buena como cualquier otra de instar a Estados Unidos a que entre en razón y ponga fin a la guerra.

Por otra parte, este artículo no hace más que reiterar de otro modo lo que el mes pasado recogía un documento más articulado de la Rand Corporation, centro de análisis vinculado a la CIA, que observaba que a Estados Unidos le convendría poner fin a las hostilidades (nótese cómo el artículo de WP se hace eco de una reflexión del jefe de la agencia de inteligencia estadounidense, quizá no por casualidad).

El hecho de que tales consideraciones se expresaran en un artículo del Washington Post tiene su propio peso. Es una señal de que aún queda un residuo de lucidez en el establishment estadounidense.

 Esto suscita la esperanza de que se pueda poner freno a la deriva demencial de esta guerra por delegación, una deriva explícitamente expresada, por ejemplo, por el senador neoconservador Lindsey Graham: "Me gusta el camino que hemos tomado, con armas y dinero estadounidenses, Ucrania luchará contra Rusia hasta el último ucraniano".

 Sin salida hasta la fecha

Hasta la fecha, no se vislumbra ninguna salida, como también denota la visita del ministro chino de Asuntos Exteriores a Moscú, que no produjo ningún resultado. Por el contrario, Rusia, por boca de la portavoz del Kremlin, Maria Zakharova, explicó que en la reunión entre Wang Yi y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, no se mencionó "ningún plan de paz", como informaron varios organismos occidentales.

Es obvio que fue así, como es obvio que se habló de Ucrania, y de qué manera, hasta el punto de que Zakharova añadió que el diplomático chino había explicado a su interlocutor sus ideas sobre cómo abordar el conflicto para buscar una "solución política".

La cuestión es que China no puede hacer la paz. Estados Unidos nunca aceptaría una victoria diplomática de Pekín, que a sus ojos sería más devastadora que una victoria militar rusa. Es probable, por tanto, que Wang Yi haya informado del resultado de sus numerosas reuniones en la reciente cumbre de Munich, y mucho más, con vistas a una solución que necesariamente tendrá que encontrar padrinos-garantes aceptables para Washington.

Pero no será por lo inmediato, ni a corto plazo. En la nota de ayer mencionábamos cómo podría abrirse una ventana de oportunidad tras la escalada de hostilidades prevista para la primavera, y que ésta podría verse favorecida por el hecho de que la escasez de municiones en los arsenales de la OTAN podría resultar un hándicap difícil de gestionar.

Así resume hoy Sky news una intervención del secretario general de la OTAN: "El suministro occidental de munición 'no es sostenible' al nivel actual porque 'su consumo [en la línea del frente, ed.] es mucho mayor', afirma el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, quien añade que el conflicto se está convirtiendo en una 'batalla logística'".

Así, hace dos días, Alon Pinkas, en Haaretz, en un artículo en el que ensalzaba la victoria de la OTAN sobre Rusia, afirmaba: "La guerra no ha terminado en absoluto y exigirá más derramamiento de sangre y devastación. Está claro que Ucrania no puede confiar de forma realista en el apoyo público occidental o en la cohesión de la OTAN para continuar indefinidamente. También es obvio que tras las esperadas ofensivas de primavera, sea cual sea la forma que adopten y el modo en que se desarrollen, aumentarán las peticiones de negociaciones diplomáticas y de una fórmula para poner fin a la guerra".  
              (PiccoleNote, 23/02/23; traducción DEEPL)

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