23.5.26

Un juez de Nashville, Tennessee, Waverly Crenshaw, hizo ayer historia al desestimar por vez primera una demanda del Fiscal General del Estado de Trump contra un inmigrante por considerarla “basada exclusivamente en deseos de venganza”... lo que el juez Crenshaw vino a decirle ayer a Todd Blanche, ministro de justicia y Fiscal General del Estado de Trump (aquí en Estados Unidos ambos cargos se unifican) es que no se puede “elegir primero a la persona que quieres meter en la cárcel y colgarle después un delito para conseguirlo”... La actuación despiadada de ICE contra los sin papeles (y, de paso, contra ciudadanos/as como Alex Pretti o Renée Good que tuvieron el valor de recordar a los agentes el derecho a la defensa que tenemos todas las personas, con papeles y sin ellos) solo encuentra su razón de ser en el principio supremacista blanco de negarles el pan y la sal a quienes no tengan la piel clara (Guilermo Fesser)

GUILLERMO FESSER @guillermofesser

Un juez de Nashville, Tennessee, Waverly Crenshaw, hizo ayer historia al desestimar por vez primera una demanda del Fiscal General del Estado de Trump contra un inmigrante por considerarla “basada exclusivamente en deseos de venganza”. 

Desde el arranque de la administración Trump 2.0, la criminalización (acusarles de crímenes no cometidos) y posterior persecución de los inmigrantes sin papeles (especialmente hispanos) en Estados Unidos no ha estado nunca basada en un deseo (comprensible) de regular la política de inmigración, ni tampoco ha tenido por objetivo el combate (necesario) contra la delincuencia. 

La actuación despiadada de ICE contra los sin papeles (y, de paso, contra ciudadanos/as como Alex Pretti o Renée Good que tuvieron el valor de recordar a los agentes el derecho a la defensa que tenemos todas las personas, con papeles y sin ellos) solo encuentra su razón de ser en el principio supremacista blanco de negarles el pan y la sal a quienes no tengan la piel clara. 

No nos engañemos, lo que el juez Crenshaw vino a decirle ayer a Todd Blanche, ministro de justicia y Fiscal General del Estado de Trump (aquí en Estados Unidos ambos cargos se unifican) es que no se puede “elegir primero a la persona que quieres meter en la cárcel y colgarle después un delito para conseguirlo”. 

Ayer quedó en libertad sin cargos Kilmar Armando Abrego García, un inmigrante salvadoreño residente en Maryland, que se encontraba regularizando los papeles de su residencia y tenía una orden judicial que prohibía a los agentes de inmigración deportarle a El Salvador porque su vida allí (amenazada por pandilleros) corría grave peligro. ICE detuvo a Abrego y lo envió sin derecho a la defensa al CECOT, campo de concentración que el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, había creado en la selva de su país para deshacerse de delincuentes y disidentes y en el que se ofreció a internar a los sin papeles enviados por EEUU a cambio de 6 millones de dólares. 

Cuando este hecho fue denunciado ante la justicia y llegó a hacerse muy popular debido a que el senador Demócrata de Maryland Chris Van Hollen viajó a El Salvador a entrevistarse con Abrego para “reclamar el derecho universal de toda persona a la defensa”, la administración Trump redobló su apuesta, presentando a Kilmar como el criminal más peligroso del planeta. 

El vicepresidente JD Vance no dudó en afirmar (falsamente y sin aportar pruebas) que Abrego Garcia era un miembro del gang MS-13 (un grupo pandillero muy violento que opera en El Salvador) que había sido condenado por ello y que no tenía, por tanto, derecho a permanecer en suelo de Estados Unidos. Desde los altavoces de la extrema derecha se le colgaron a Kilmar Abrego García los sanbenitos de “violador”, “maltratador de mujeres” e, incluso, “terrorista” y se acusó a Van Hollen y al partido Demócrata de defender a anti patriotas y de estar a favor de la destrucción de Estados Unidos. 

Por su parte Donald Trump, que empezaba ya a aficionarse a colgar como ciertas en redes imágenes generadas con inteligencia artificial, se basó en el montaje falso de una serie de tatuajes en los dedos de la mano de Abrego para dar por probada de forma incuestionable su pertenencia al MS-13. 

Tras ser rescatado y repatriado (de mala gana) del campo de concentración salvadoreño, el ministerio de justicia ha intentado deportarlo a Uganda y a Liberia sin éxito. Intentos que ayer dio por concluidos el juez Crenshaw al declararle libre de todos los cargos que maliciosamente le endilgó este gobierno para encubrir y promocionar su política racista. 

Hoy Abrego vuelve a la casilla de salida: la de intentar conseguir la residencia (por la vía normal de la administración y los juzgados) en un país cuyo Presidente no quiere ningún nuevo residente que no sea blanco. 

La historia juzgará algún día a todos los congresistas cobardes que, por temor al tirano, no se atreven a coger al toro por los cuernos y actualizar una ley de inmigración que lleva obsoleta 50 años.

Última edición9:11 a. m. · 23 may. 2026 ·7.164 Visualizaciones

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