" En los últimos años se están produciendo cambios de calado en el sector exterior español que suponen transformaciones de fondo para nuestra economía y su proyección internacional.
El más relevante es que las exportaciones de servicios no turísticos (servicios financieros, consultoría, ingeniería, transporte, etc.) superaron en 2024 los 100.000 millones de euros, con un crecimiento a una tasa media anual del 9,9% desde 2019, cuatro puntos por encima de su ritmo previo a la pandemia. Este dato no es sino el reflejo de una tendencia estructural: el turismo, que en el año 2000 representaba el 60% de los ingresos por servicios, ha cedido protagonismo, hasta el 47% en 2025, no porque haya perdido vigor, ya que sus ingresos también superaron por primera vez los 100.000 millones ese año, sino porque los servicios no turísticos crecen a un ritmo extraordinario.
La pandemia fue, paradójicamente, un acelerador de esta tendencia. Cuando el turismo se desplomó, los servicios no turísticos resistieron mucho mejor, recuperando su valor previo en solo un año. Esa resiliencia demostrada refuerza el argumento central: diversificar las fuentes de ingresos exteriores es una apuesta estratégica.
Si nos centramos en el ranking mundial de exportadores de estos servicios, vemos que España ocupa el puesto 16 y, mientras que desde 2019 la mayor parte de las economías avanzadas, como Alemania, Japón, Estados Unidos o Países Bajos, han retrocedido en cuota, la española se ha mantenido estable en torno al 1,6% de las exportaciones mundiales. Entre los países europeos, solo Irlanda, gracias a su capacidad de atraer grandes multinacionales tecnológicas, ha conseguido ganar posiciones. España aguanta el tipo ante una competencia creciente y ello no es un logro menor. En bienes, por el contrario, España está perdiendo cuota de mercado mundial.
Dentro de los servicios no turísticos, el análisis sectorial revela un desplazamiento muy significativo: los más tradicionales, como el transporte, la construcción o el mantenimiento, pierden peso relativo, mientras los que pueden prestarse digitalmente ganan terreno en todos los frentes. Esta digitalización no solo abre nuevos canales de comercialización, sino que reduce los costes de la prestación del servicio y elimina la exigencia de proximidad física entre proveedor y cliente.
En este contexto, destacan tres partidas. La primera son los servicios a empresas que, con 46.581 millones de euros en 2025, se acercan ya a las exportaciones de automóviles, la gran referencia exportadora española durante medio siglo, y representan el 7,6% de las exportaciones totales de bienes y servicios. Su avance se explica por la liberalización del comercio de servicios, la expansión de las cadenas globales de valor y la creciente demanda de soluciones especializadas que el mercado doméstico de muchos países no puede satisfacer.
La segunda son los servicios TIC, que suponen ya el 3,6% de las exportaciones totales y se sitúan prácticamente a la par de las exportaciones de productos de alta tecnología, con la diferencia notable de que los servicios TIC generan superávit comercial, mientras que las manufacturas de alta tecnología acumulan déficits sistemáticos.
La tercera es el uso de la propiedad intelectual, que ha duplicado su peso en las exportaciones desde 2015. Es, de hecho, la más sorprendente, dada la debilidad tecnológica estructural de nuestra economía. Buena parte de este avance se explica por el extraordinario proceso de internacionalización del sector audiovisual español, consolidado como uno de los principales productores de contenidos de ficción televisiva a nivel mundial. Sin embargo, es importante recordar que el aporte de los ingresos vinculados a la propiedad intelectual sigue teniendo cierta presencia marginal en el patrón exportador español.
En cualquier caso, estos avances responden a ventajas competitivas: costes laborales unitarios contenidos; posición geográfica privilegiada para las redes de conexión; y un nivel de digitalización que sitúa a España por encima de la media europea en fibra óptica, redes de alta capacidad y competencias digitales de la población. Todo ello ha facilitado el posicionamiento de las empresas españolas como proveedoras de servicios avanzados en el espacio europeo.
Margen de mejora
El resultado de todo ello es un saldo exterior en servicios no turísticos que ha pasado de ser deficitario a principios de siglo a tener una tasa de cobertura del 144%. En contraste, las exportaciones de bienes siguen incurriendo en déficits comerciales.
En términos de PIB, los servicios no turísticos suponen el 7,1% del Producto Interior Bruto. Sin embargo, la comparación con Alemania o Francia revela que los servicios no turísticos españoles aún tienen un peso relativo inferior al de estas economías, especialmente en los servicios más intensivos en tecnología, como I+D o patentes, donde persiste una brecha significativa que solo se cerrará con más inversión en innovación y cualificación. A ello se suma el entorno proteccionista exterior y las barreras restrictivas al comercio de servicios que, incluso dentro de la UE, equivalen según el FMI a un arancel del 110%. Avanzar hacia un verdadero mercado único de servicios, como reclama el informe Draghi, es una condición necesaria para que este potencial se desarrolle plenamente.
Los servicios no turísticos son ya la gran realidad emergente de la exportación española. Merecen ocupar el lugar central en el debate sobre la competitividad de nuestra economía, así como en las políticas que la sustentan."
(Antonio Bonet Madurga , Cinco Días, 23/07/26)
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