Las protestas primaverales coincidían con las cumbres que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial celebran cada año por estas fechas en la capital estadounidense. Los manifestantes, numerosos y venidos de todas partes, protestaban contra el libre mercado, la pobreza o la política exterior norteamericana. (...)
Este año seguramente habrá algunas concentraciones, pero serán menos multitudinarias, tumultuosas y visibles que las de antes. ¿Por qué? ¿Adónde se han ido los manifestantes?
Las respuestas son interesantes, ya que el ocaso de estas protestas es sintomático de importantes cambios en el mundo. (...)
Durante décadas, los países en desarrollo asistían a las reuniones del FMI / Banco Mundial para obtener nuevos préstamos y negociar las transformaciones que emprenderían a cambio de obtener el dinero. En estos encuentros recibían arengas de los países ricos exhortándolos a llevar a cabo reformas políticamente difíciles pero necesarias para fortalecer sus economías.A su vez los banqueros privados esperaban en sus lujosos hoteles a la procesión de ministros de Economía que venían a mendigar créditos o a persuadirlos de lo atractivo que era invertir en sus respectivos países.Ese mundo ya no existe. (...)
Los mercados emergentes como China, India, Brasil o Indonesia han capeado la reciente crisis financiera mucho mejor que las naciones más avanzadas.
No están sumidos en una dura recesión, como España; no han debido socorrer a sus bancos, como Estados Unidos; no necesitan mendigar ayuda internacional, como Irlanda o Portugal, y no requieren de draconianos recortes en su gasto público, como Reino Unido.
Y ahora son los banqueros privados quienes esperan pacientemente una audiencia con los ministros en Pekín, Brasilia y Nueva Delhi." (MOISÉS NAÍM: Cerezos y globalización. El País, 10/04/2011, p. 12)
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