"(...) ¿Qué quiere decir renta básica?
Veamos ahora qué entendemos por renta
básica. El concepto de renta básica implica que todo ciudadano o
residente tendrá garantizada por parte del estado la renta necesaria
para vivir una vida digna. No creo que nadie, con sensibilidad
progresista, pueda oponerse a este principio.
El punto clave, sin
embargo, es cómo garantizarlo. Una versión de la renta básica es que
todo ciudadano, como derecho universal, es decir, derecho de ciudadanía o
residencia, reciba un cheque público que sea de una determinada
cantidad que garantice una vida digna. Naturalmente, un punto clave en
este principio es qué quiere decir “vida digna”.
Por regla general, vida
digna se interpreta como vida no pobre, es decir, por encima del umbral
de pobreza (Las cantidades que, por regla general, se utilizan son
bastante bajas). Aún así, multiplicando el número de ciudadanos y
residentes por el cheque de renta mínima básica 8.551 euros al año (60%
de la renta media del país) se obtiene una cifra alrededor del 37% del
PIB. Y ahí es donde la pregunta debe hacerse.
¿Es esta cantidad además
de la necesaria para corregir el enorme déficit de gasto público social
o es en lugar de? Si es además veo muy difícil, casi imposible (en la
situación política del país con gran dominio de las derechas en la vida
política del país), llevar a cabo dos propuestas muy ambiciosas (la
necesidad de corregir el déficit social y el establecimiento de la RB) a
la vez.
Lo cual me lleva al tema de cómo
eliminar la pobreza, que es uno de los objetivos del movimiento a favor
de la renta básica y que yo comparto. Y es aconsejable mirar la
experiencia de los países que han sido exitosos en reducir e incluso
eliminar la pobreza.
Y todos ellos tienen un estado del bienestar muy
desarrollado, como consecuencia de toda una serie de intervenciones que
van desde la provisión de servicios públicos a la provisión de una renta
asegurada para colectivos e individuos que reúnen una serie de
condiciones, que la gran mayoría de la ciudadanía puede cumplir en
situaciones vulnerables, lo cual explica la gran popularidad de estos
programas.
La estrategia antipobreza de la
socialdemocracia y de los partidos comunistas gobernantes (después de la
2ª Guerra Mundial en la Europa Occidental), incorporada también más
tarde por sectores de izquierda de la democracia cristiana como la
alemana, defensora entonces de la economía social, fue desarrollar
políticas de pleno empleo, que estimularon el aumento de la población
adulta que trabajaba (facilitando sobre todo la integración de la mujer
en el mercado de trabajo mediante la universalización de los servicios
de ayuda a las familias y sobre todo a la mujer, además de cambiar la
mentalidad del hombre haciéndole corresponsable de las tareas
familiares), con buenos salarios y con políticas de formación
profesional que aumentaran la productividad y por lo tanto el salario,
todos ellos elementos clave de una estrategia a corto y a largo plazo,
con la provisión de una renta más que básica para aquellas personas que
por causas ajenas a su voluntad no pudieran trabajar. (...)
No niego que, una vez el Estado del
bienestar esté bien desarrollado, el concepto de salario ciudadano pueda
resultar una propuesta atractiva, al distribuir la plusvalía social
según aumente la riqueza del país. Pero establecer un salario ciudadano
cuando nuestro Estado del bienestar está tan poco desarrollado es
comenzar la casa por el tejado.
Hay que garantizar que todo ciudadano y
residente pueda tener los recursos necesarios para vivir una vida digna y
ello implica que el estado debe garantizar que los ciudadanos y
residentes puedan alcanzar tal nivel de renta, bien a través del
trabajo, bien a través de otras fuentes, incluidas las transferencias
públicas, a la cual tenga derecho por sus circunstancias.
Y esta renta
debería ser superior a la que se cita frecuentemente como renta básica,
que es más parecida en España a una prestación asistencial antipobreza
que no como derecho universal.
Quisiera terminar estas notas indicando
que, en España, en el País Vasco y en Madrid, entre otras partes del
país, se han desarrollado programas bajo este nombre, de renta básica,
que en realidad no corresponden a lo que se ha llamado tradicionalmente
programas de renta básica.
Son, en realidad, propuestas que ofrecen un
mínimo de renta que permita prevenir la pobreza absoluta, programas que
me parecen necesarios y que apoyo. Pero, por favor, que no se confundan
los términos.
En realidad, estos programas, a fin de tener la aprobación
popular, parten de un umbral de pobreza tan bajo que solo consiguen
prevenir la pobreza absoluta, lo cual ya en sí es un paso adelante, pero
dramáticamente insuficiente para resolver el problema de la pobreza.(...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 20 de agosto de 2013, en vnavarro.org, 20/08/2013)
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